Son maravillosos, de verdad. Le gustaría a uno de mayor ser como ellos,
ya lo dejé aquí dicho http://elblogdejoseantoniodelpozo.blogspot.com.es/2013/10/mi-ideal-de-vida.html . A los líderes forretis de
la Progresía encima las masas
obreras les veneran. Valen para un roto, para un descosido, para un remiendo,
para un zurcido, media vuelta y al revés, y yes, very well. Siempre en el campo
de los Buenos, de los Justos, de los Mansos de Corazón. Paladeemos la penúltima
hazaña de prestiditigitación de estos sumos artistas. Con nosotros… el gran Antonio Banderas.
Le acaban de conceder la Medalla de Oro del Instituto Reina
Sofía de Nueva York. Mira que andará en boca del noble pueblo progresista
español el asco que le merecen las muy corrutas
prácticas de la Familia Real, el airado ansia que en el mismo palpita por la
liquidación de la obsoleta monarquía… pues allá que acudió Banderas, a la metrópoli misma del Imperio Capitalista que
esclaviza a la famélica legión, solícito como el mejor de los cortesanos,
presto a prosternarse y hacerle la sagrada reverencia a la Reina borbónica.
Y qué panegírico de la Reina allí hizo: “Estoy recibiendo este honor que acepto porque soy parte de una
generación de españoles que con la llegada de la democracia tuvimos una
plataforma y un espacio en los que era posible crear libertades. La reina Sofía
fue una fuerte y entusiasta defensora de esa libertad universal y artística”.
Ahí queda eso.
Y puestos ya también de lo español, que si tal dijera Arturo Fernández, de españolazo
faccioso media España le tildara: “Cuando
siento el corazón, el viento suave o la sangre picante de mi país sé que soy…
inevitablemente español, irremediablemente español, que cada parte de mi mente
y de mi cuerpo son románticamente españoles”. Olé, Banderas. Bellísimo.
Ahora vas a Cataluña y al País Vasco y lo cascas.
También, cómo no, al cabo afincado y blindado en el oro de Hollywood, el ditirambo del país
anfitrión, de la pérfida USA: “He
aprendido a través de los ojos de mi mujer también a amar América”. Grandes
aplausos de la flor y nata del patriciado yanqui ahí mismo recogió. En el
Waldorf Astoria estaban la Clinton,
Oscar de la Renta, Carolina Herrera, Valentino, Diane Von Furstenberg. Cuentan
las crónicas que la esplendorosa gala contó como secundarios de lujo,
encargados de entregar las distinciones, el actor Michael Douglas y… nada menos que Henry Kissinger, el cúmulo de maldad y rabia que ese nombre en el
imaginario progresista hispánico automáticamente dispara.
Pero es que, lector, apenas dos semanas antes había comparecido
arrollador Banderas ante Ana Pastor, musa y un poco también reina del izquierdismo, en
la CNÑ latina, sentando plaza y cátedra de, agárrate, de furibundo prochavista
antisistema: “Hay organismos superiores
–mercados, lobbys, grandes corporaciones- que son los que realmente mandan y se
benefician… ¿Cómo salir de esta situación? Como hizo Chávez en su momento,
rompiendo con ese sistema... No hay otra salida”.
Bravo, Banderas, bravo, qué
grande, el mejor Zorro de lejos. Este tuyo de aquí es en esencia el secreto de
la Casta Lista. No sé si el chándal
bolivariano que Maduro guarda para
ti te quedará del todo bien. Total, para un rato.
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