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sábado, 18 de diciembre de 2010

Blake Edwards, el Hombre y el Artista, este si que sí

    
    
     Muere ahora Blake Edwards, a sólo unas semanas de morir Berlanga, y aunque suene a tópico requetesobado, la Comedia pierde de una tacada dos artistas geniales, que con sus obras nos hicieron reir y llorar, meditar y vibrar, disfrutar y engrandecernos por dentro  siempre con sus nobles artes. Claro, mira uno las Perfomances de la Tate y del MOMA que el blog ayer nos dejó, las pones al lado de las creaciones de Edwards (Días de Vino y Rosas, Víctor o Victoria, El guateque, Desayuno con Diamantes, La mujer perfecta, Así es la Vida, La Pantera Rosa, La carrera del siglo, Cita a ciegas por sólo decir unas cuantas) y en fin, que le entran a uno unas muy tarantinianas (otro que tal) ansias de mandar a algunas Panteras Rojísimas que yo me sé como poco a freir espárragos a la Sierra Lacandona, que están muy ricos los de aquellos pagos.
    
     Nos entristece la muerte de Edwards, claro, nos recuerda una vez más lo transitorios que todos somos, pero es el maravilloso misterio del Arte mismo el que nos impulsa, como si fuera el Autor un íntimo nuestro, a expresar en alto la pena y a mostrar también la gratitud infinita que sentimos hacia un señor de Oklahoma al que de nada conocemos, y con el que, sin embargo, nos sentimos en deuda por tanto que a  sus admiradores nos ha regalado. Pues juraríamos además al ver esas películas que sólo para cada uno de nosotros las hubiera hecho, tal es la rendida complicidad y comunión vitales que el cineasta, impresionando sólo celuloides, consigue uno a uno con nosotros. 
     
     El dominio consumado de los registros de la comicidad, a partir casi siempre de mostrar las más cotidianas situaciones sociales, disparatadas de repente por algo, para poner así de relieve la fragilidad de los roles sobre los que construimos nuestra identidad –lo poco que somos, lector- y de abundar en cómo la contemplación de la represión de los instintos asociales que la vida en sociedad nos impone nos produce regocijo como espectadores identificados y distanciados a una misma vez del protagonista en apuros. Me asombraban en Edwards esas recurrentes escenas en las  que un personaje en íntimo apuro veíase de súbito inmerso en un masivo fiestorro que le obligaba con la fuerza aplastante de lo masivo a disimular su engorro, siempre en vilo de descubrirse su inaplazable prurito. El ritmo endemoniado que sabía darle a las tramas, como si nos llevara sobre un jubiloso coche de feria, la destilada elegancia de sus recursos expresivos, no exentos de críticas y malévolas insinuaciones, la gracia que se daba para remover los equívocos en que el hombre común se ve envuelto, la brillante exposición de las grandezas y sobre todo de las miserias que a todos nos constituyen son otros tantos motivos para perderse con gusto en sus películas y salir de ellas como recién duchado a la vez de la tristeza y de la alegría mismas del vivir.
    
     Mira que existen en sus obras escenas memorables para empezar y no parar de celebrar, mira que se enamoró uno sin contemplaciones del rostro limpísimo de Julie Andrews que fotografió él con primor en Víctor o Victoria, o de la Bassinger de Cita a ciegas, o de Lee Remick en los días de vino y rosas, -y cada vez que las ve ahí-  pero en un día como el de hoy, en el adiós a Blake Edwards, quiero amable lector, compartir y tararear contigo aquí –en esta diminuta covacha que apenas alumbra a nadie, aunque a ti y a mi por momentos nos cobija-  la magia y la melancolía indefinibles de Audrey y el Moonriver, con su guitarra y sobre su ventana, mientras el Escritor, que primero la oyó, ahora en silencio la contempla – que podría ser yo mismo viendo como tú cantas, lector- en el inolvidable Desayuno con Diamantes. Le voilá. What are you doing?, le dice al fin ella. What are you doing now, Blake?

8 comentarios:

Paula dijo...

Hoy se ha superado señor escritor.Maravilloso.Él se va, pero nos queda su arte para disfrutarlo y saborearlo. Espero que al igual que al escritor de Moonriver, mientrás usted esté en plena creación literaria, suene de fondo una dulce voz que le haga trasladarse a la increíble y mágica Siera Lacandona en Chiapas. Gracias por sus texto.

Natalia Pastor dijo...

Nos deja obras maestra maavillosas como "Desayuno con diamantes" y una inolvidable Audrey Hepburn, la genial "El guateque" con un Sellers sublime y calamitoso que es un remedo de Zapatero en versión hindú y la desgarradora "Días de vino y rosas" que te deja la mejor interpretación de Lee Remick en toda su carrera.
Un maestro.

Elvira Daudet dijo...

Amigo José Antonio:

Me alegro que tu entrada en mi blog me haya permitido leer tu hermoso y merecido homenaje a Blake Edwards, al que debemos tantos momentos mágicos, inolvidables.
Estoy conmocionada, los últimos días la celebración de la poesía me ha mantenido muy lejos de las noticias y no me había enterado de la pérdida de un creador tan importante para el mundo. Me sumo a tu bello homenaje.
Saludos. Elvira

Ángeles Hernández dijo...

Como todos los grandes creadores, aunque Blake Edwards no esté ya en este mundo en el que nos ha dejado un poco huérfanos, sus obras seguiran porduciendo carcajadas y sonrisas, buenhumor y alegría, a los que sigamos contemplándolas una y mil veces.

A ver si a fuerza de mirarlas y remirarlas, a algun cineasta de la generación actual, se le pega algo de su genio para que la rueda siga girando. La rueda del humor, que hoy más que nunca necesitamos.

Hoy no hay abrazo, tendrás que conformarte con un sencillo beso de Á.

José Antonio del Pozo dijo...

-Paula: gracias a usted por escribirme cosas tan bonitas. ¿Conoce la sierra Lacandona?
-Natalia: un maestro, sí, and you too.
-Elvira:gracias por sumarte a mi blog también, pues considero tu poesía muy bella. Es un honor leerte aquí, y espero que no sea la última. Saludos
-Ángeles: coincido contigo en el aprecio de Blake Edwards. Otro sencillo también para tí, Ángeles. Y gracias

MTeresa dijo...

Un merecido homenaje
a esta figura del cinema,
películas inolvidable que
recordarán siempre su magisterio

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Suscribo tus comentarios-homenaje a esta figura imprescindible en la historia del cine... Inolvidable Breakfast at Tiffany´s, desternillantes trabajos con Peter Sellers. Es una figura imprescindible.

Un abrazo, José Antonio.

José Antonio del Pozo dijo...

-MTeresa:pues sí, estoy contigo
-J.Rogelio: imprescindible, sí señor.
Gracias, amigos, por darme vuestra compañía escrita.