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jueves, 23 de diciembre de 2010

A propósito de la Lotería

     
      Es de sobra sabido que a la postre resulta la Lotería de Navidad –emblema sumo de todas las loterías- un notable instrumento anti-igualitario, pues viene a consistir el misterio y la ilusión desmedidos que la misma cada año concita en quitar un poco de dinero a todos para acumular un mucho del vil metal sobre la cabeza de sólo  unos pocos, sin que éstos, por otra parte, hayan hecho mayor cosa para merecerlo. Vendría la lotería a funcionar entonces como curioso mecanismo redistributivo de rentas, salvo que de carácter regresivo, claro, por el que al final del sorteo son los pobres (en su mayoría) un poco más pobres y los ricos (de origen o sobrevenidos de golpe por el soplo de la diosa Fortuna) un mucho más ricos. Los modernos Estados del Bienestar, que con tanto afán pregonan buscar la más equitativa y progresiva redistribución de ingresos para los ciudadanos –recordemos una vez más el famoso Discurso del Viento zetapeico, montado todo él sobre la aversión a los ricos y la pasión por los pobres- deberían si fueran coherentes no sólo proscribir las loterías, sino perseguirlas, por ser más nocivas a los fines que dicen buscar que el mismo tabaco que ahora en locales público se nos prohíbe fumar.
    
     El fortísimo arraigo emocional que la lotería, al socaire de tanta plática gubernamental socialdemócrata, consigo mantiene entre la gente radica a mi juicio en el sencillo paralelismo que guarda con la Vida misma, tan azarosa y contingente, tan expuesta a mil y una circunstancias o avatares, a veces también súbitos y fuera de todo cálculo racional, que complican o facilitan de forma extraordinaria, -y en la lotería el meollo intrínseco es que el mazazo ese puede ser sólo superbenéfico, en principio- la existencia de los hombres. Parecería así que los hombres hubiesen acordado establecer un artificio para imitar con el azar de un sorteo lo que los escritores de los folletones decimonónicos llamarían los vuelcos maravillosos de la existencia para unos pocos.
    
      Se me dirá: al fin y al cabo quien era pobre antes, no mucho más pobre seguirá después, si no atrajo hacia sí el Maná. Sólo que no sabemos exactamente a qué gastos más esenciales desplaza la cuantía destinada a tentar la suerte. Traigamos el asunto a terrenos propios de letraheridos: cuántas veces no decimos cómo tal libro nos cambió la vida (o tal cursillo, o tal pequeña inversión), justo el que ahora no compramos por adquirir el billete de marras… que sólo más billetes nos puede traer, a despecho además de cuanto decimos en principio aborrecer al poderoso caballero. Bien se ve, no obstante, que la promesa que en sí encierra la lotería no es tanto la puramente material como la ilusión condensada al máximo de transformar radicalmente (con una suerte de varita mágica) y de un plumazo el orden pautado de nuestros días (una Revolución estrictamente individualista y hacia arriba) y lanzarnos a una vida que imaginamos más plena… que es justo la que nos proporcionan bien baratitos los mejores…. (iba a poner blogs, fíjate lector)… los mejores libros, quiero decir.  
    
     Como toda pulsión extraordinariamente egoísta, (la de ser Uno y nada más que Uno inmensamente Ricos, como los odiosos controladores esos, para darse más tarde el festín inconcebible de ser también inmensamente generoso…con los nuestros, claro, que es impensable el reparto total) una vez formulada y puesta en sociedad necesita, para hacerse tolerable, el ser en alguna medida maquillada. Así con voz piadosa y acento algo fariseo lanzamos al vuelo esas dulces psicofonías de que “ojalá caiga entre los más necesitados, entre quienes menos tienen, y yo me alegro por ellos y tal y tal”.
    
     En este colmo, contra su más elemental y feroz lógica, -hacer ricos a unos pocos con el poco dinero que pierden los más- quiere así terminar por hacerse de la lotería el divino mecanismo de la justicia social. ¡Una leche! , que llega casi uno entonces a blasfemar: si de justicia social y de repartir se trata, dejémonos de monsergas, suprimamos la lotería, requisemos a los Ricos –sean éstos premios Planeta o presidentes del Congreso- por decreto cuanto tengan y entreguémoslo a los gitanos que Sarkozy, con el impresionante refrendo de Zp, expulsó.
    
     Pero el magnetismo atávico que la Lotería año tras año atesora estriba sobre todo en recrear en nuestro interior la simple suposición, el paladear la dulcísima textura de esa sencilla promesa, de que por qué no habríamos de ser nosotros esta vez –a pesar de las probabilidades infinitesimales de que ello acontezca- los elegidos de los dioses. Es en el fondo un sueño, que está de una forma o de otra, inscrito en la propia naturaleza imaginativa de los hombres que les faculta para ir más allá de su ordinaria vivencia. Es como cuando en la oscuridad de la sala del cine –fábrica de los sueños, se la ha llamado- juraríamos que sólo y nada más que a nosotros la Actriz o el Actor de divina hermosura es a quien está mirando, y que si por casualidad a fondo nos conociera, irremisiblemente de nosotros  acabaría enamorado.
    
     Y sólo ahora caigo yo, impagable lector, de que más incluso que una extraordinaria lotería, sólo una sobrehumana resistencia al sopor y una excepcional disposición a la caridad explicaría que aún siguieras por aquí, conmigo leyéndome, después que tantísimo me enrrollé, que sólo lo hice por  si contigo tenía yo Suerte hoy, y no te ibas a otra cosa tan pronto.


9 comentarios:

kufisto dijo...

Hola Jose Antonio,

personalmente juego a todo lo que se menea estatalmente, por el momento no me fío de la ludopatía internetoide, si hay que echar una timba mejor entre amigos, humo y alcohol.

Por cierto, el 2 de enero es el fin del mundo: bares sin humo, ¿alguien se lo puede imaginar?

Estos hijoputas es que ya no saben como joder al personal; espero no estar entre los negocios que vayan de cabeza a la ruina.

Saludos y Feliz Navidad.

Cesar dijo...

No juego(mucho), no fumo, pero fumo. Me obligan a fumar, señor mío. Sin ir más lejos, el otro día he tenido que consultar una pequeña duda con un abogado. El tío, pidiendo permiso eso sí, no se privó de sus diez cigarrillos en media hora. Cinco para él, cinco para mí. Yo no fumo. Al salir su secretaria me presentó la minuta: trescientos cincuenta euros por media hora. Somos amiguetes. Me fui "padentro" y le dije, tío, te dejo 200 euros, me quedo 150 para la tintorería. Coño, era un abrigo de Adolfo Dominguez!
No te jode.
Sr Del Pozo, mi abuelo decía que la mitad del mundo está por joder a la otra mitad, perdóneme el vocabulario navideño.
Mire usted, soy de la opinión de que nada se debería prohibir; deberíamos ser tan cívicos que en presencia de alguien que no fuma no deberíamos fumar. Y en cuanto a jugar, allá cada cual con sus dineros, eso a mi no me provoca cáncer.
Pero esa es otra historia. Felices Fiestas.

Javir dijo...

Solo juego -y lo inevitable- en Navidad. Servidumbre de las fechas.
Lo que nunca he entendido de la lotería de Navidad es la alegría que produce que el premio esté "muy repartido". A mi eso me resulta indiferente; lo que realmente me alegraría es que estuviese muy concentrado...en mi bolsillo. Vale, tengo deficit de "espíritu navideño".

Un abrazo. Feliz Navidad

aspirante dijo...

Con los impuestos que pagamos los fumadores deberíamos tener derecho a coche oficial y tratamiento VIP en los hospitales.
Respecto al juego, el Sr. Javir lo ha dicho todo.

Terly dijo...

FELIZ NAVIDAD
.
Nos llega del Cielo,
¡gotita de miel!...
un Niño ha nacido,
se llama Enmanuel.
.
María le canta,
le canta José
y los pastorcillos
le cantan también.
.
Gitanos y payos
se unen en fe
y tocan las palmas
y dicen ¡olé!...
.
Terly
.

Un fuerte abrazo.
Juan José

Mercedes Pinto dijo...

¡Feliz Navidad!, amigo José Antonio.
Hasta pronto.

CARLOSCC dijo...

Feliz Navidad, prospero año 2.011 y venideros, para ti y para todos tus seres queridos, seguidores y amigos.
Un abrazo.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Pasé por aquí a echar un ratito con tus cosas. Quiero aprovecharte, una feliz navidad. Te deseo lo mejor, para ti y para los tuyos.

Un abrazo enorme.

José Antonio del Pozo dijo...

-Kufisto: hola, colegui.Les encanta prohibir. Tienes razón: bares sin humo, lugares imposibles, asépticos, impensables. Feliz Navidad.Abrazo
-Cesar: ¡el abogado se fumó diez en media hora! una de dos o es muy bueno en lo suyo, o lo que le van son las cortinas de humo. Mejor educación y menos leyes prohibicionistas que sirven de poco, es lo que creo. A su abuelo habría que decirle que sí, que es verdad, y en el doble sentido. Un fuerte abrazo, amigo. Le deseo lo mejor. Y seguir leyéndole
-Javir: es verdad, la coña esa de muy repartido, no te jode, que hagan el sorteo por decreto ley, que militaricen también los premios hacia los más pobres, of course. Recibe un fortísimo abrazo, Javir.
-Aspirante: ya, sólo que coches oficiales no quedan, ni los Audis Touriño siquiera. Saludos.
-Terly: gracias, amigo, por su canción preciosa, como la miel.Es usted artista!Abrazos
-Mercedes: detallazo el tuyo.Muy feliz Navidad también para tí y los tuyos, amiga.
-Carlos CC: pues muchísimas gracias por su amabilidad, y deseo yo lo mismo para usted y los suyos. Abrazo fuerte.
-La sonrisa de Hiperión: pues te quedo pero que muy agradecido por tu gentileza, es bonito eso de echar un ratito con tus cosas, es que eso es, nada más pero nada menos, felices fiestas también para usted y para quienes le rodean