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miércoles, 8 de diciembre de 2010

En el Sálvame no hablaban de tí

      
      De acuerdo, lector, los del Sálvame no le hicieron ni caso a mi carta de antesdeayer. Me asomé un rato a media tarde a ver si se obraba el milagro y ensalzaban la desprendida acción de ese anónimo salvador de vidas. Si acaso indagaban al menos en los problemas que debía conocer la existencia de quien, intoxicado de fracaso, se dejó caer entre las vías. En vano. Hablaban –es un decir- de un mafiosote prófugo de la Justicia, con aspecto de ciclán prostibulario, al que previamente habían dado estelar cancha a todo lo ancho de la brillante pantalla. Hablaban Uno y Otros –otra vez es un decir, gruñían acaso fuera más ajustado denominar a lo que ellos a través de la garganta repercutían- en formas y maneras tales que causarían espanto y merecerían escarnio por lo deshonrosas e irreproducibles de las mismas, si no nos tuvieran ya a todos envenenados y contagiados de su propia podredumbre.
    
     Me perdonarás, lector, pero deseé entonces que fueran los controladores de las conciencias en putrefacción que dirigen esos tinglados televisivos  quienes debieran verse a punto de ser arrollados de verdad por el tren. A ver si entonces aparecía el honorable Montilla, en trazas de Superhombre, tal como de él decían los carteles que el mes pasado le publicaban y que aquí vimos, y rescatábales a esos vivos entre los hierros a punto de ser seccionados en canal, en canal plus, of course.
    
     Observaba al público presente en el estudio, humildes ancianas en su mayoría, madrugadas muy temprano ese mismo día desde remotos parajes del país para acudir a la Televisión, y como si vinieran a adorar a alguien, dejábanles allí encima, -curiosa redistribución inversa- entre risotadas desencajadas los mejores productos de su terruño. Celebraban también con aparatosas muecas de regocijo, desinhibidas, sí, como escritoras del Cervantes también ellas, la baja estofa de aquel cúmulo de chocarrerías impublicables. Blasonaban además las figuras del abyecto astracán aquel de la muy millonaria audiencia que cada tarde les seguía. Daban ganas de dejarse mecer un poco en ese muladar apestoso que irradiaba la pantalla reluciente. Ah, qué gracia tiene la Princesa del Pueblo, qué envidiable sentido del humor tenían todos. Qué majetes.
    
     Tiene uno que entonces esforzarse en meditar: No. Todas esas personas no hace tanto tiempo eran capaces de interesarse por asuntos mejores y más elevados, existía en ellos un sano instinto de respeto y reverencia hacia contenidos superiores. Por más que del todo no los entendieran les revelaban esas obras superiores sus lagunas –las que todos tenemos- y les exigían un esfuerzo intelectual para aprender y en ese conato mejorarse. No para reducirles  a rústicos y rijosos zoquetes, orgullosos encima de serlo.
    
      Traté de imaginarme entonces –te lo confieso, lector mío, así de osada es mi vanidad inconmensurable- lo que cualquiera de los próceres de la cadena diría si por extraño prodigio cayera en sus ojos y en diagonal leyera la carta mía que aquí dejé antesdeayer a la atención del premiado señor de los Ondas: “bah, otro gilipollas”. No más palabras gastaría.   
  
    

6 comentarios:

aspirante dijo...

Acertada y acerada crítica, mas no pierda su valioso tiempo en esas gentes.
Es echar margaritas a los cerdos.

Candela dijo...

¿Cuanto ganará la Esteban? Me estoy imaginando què ocurriría si la militarizaran a ella, no se atreven porque una gran caterva de abuelitas airadas masacraría a los que se atrevieran.

País...

Ángeles Hernández dijo...

Hace varios años que no veo la TV por motivos que no vienen al caso. Ahora ni siquiera podría, mi grueso televisor no tiene no sé qué ( TDT?) y las pelis las disfruto en el cine o en la pantalla del ordenador que no está mal.

A pesar de todo, porque visito a la familia o de vez en cuando entro en una cafetería con una gran pantalla, hace poco me enteré que la mujer que tuvo un hijo con Jesulín ( que conocía de las revistas de cuando yo iba a la peluqería) es la misma que Belén Esteban y que no sé que número han organizado para operarla, darle un programa y llamarle la princesa del pueblo. A ver el programa ya no llego pero :

1.-Si pusieran tu video, avisa que haré todo lo posible por buscar donde.
2.- Si pusieran tu video y otros similares, la educación de gran parte de la ciudadanía tendría algún matiz diferente que quizás les haría vivir su propia vida y no el morbo de la ajena.
3.-¿Ser princesa implica algún ejmplo a seguir o algo parecido?. Porque del pueblo o de la nobleza tampoco me parece a mí que el título tenga demasiada importancia si no lleva acarreados privilegios "REALES".

En fin, que el día solo tiene 24 horas y si los dedicamos a escribir y leer, no queda mucho tiempo para ver tonterías y viceversa.

ASÍ NOS VA.

Un abrazo Jose Antonio y no escribas tanto, que no damos a basto a hacer los deberes, Á.

José Antonio del Pozo dijo...

-aspirante: yo creo que quien pueda debería dar la batalla ideológica contra los directivos de las televisiones de la telebasura, es el principal medio de socialización de los jóvenes. Gracias por su apoyo.
-Candela: ¿militarizar a la Esteban? ¿le parece poco lo sargento que la señora está hecha? Gracias, Candela
-Ángeles:desde luego, para ver la mayoría de la tele que ponen, estoy contigo, mejor no verla. El problema es que es el canal a través del que la mayoría se forma e informa. ¿No debo escribir tanto? Bueno, ahora tengo tiempo, cuando tenga menos pues menos, o cuando no tenga qué decir, o cuando me canse, o cuando a nadie interese lo mío. Un abrazo Ángeles

Inés Serrano Castro dijo...

He elegido este post al azar, porque hoy decidí visitarte.
Esas gentes de Sálvame, el público que viene en autobús desde bien lejos. Aquellos que madrugan como nunca, los que desayunan con nervios en una estación de repostar un café descafeinado y bollería de anteayer. Sueñan en sentarse en la silla de otros espectadores por dar un toque distinto a su vida gris y conocer a Mila, a Lidia, Belén o al mismo Jorge Javier.
Esos mismos son los que desempolvan su trajes de la boda de otro tiempo con esmero, esos que dicen a todos los vecinos grábame que salgo, son pueblo y quieren eso.
Belén vende y es espejo de lo que muchas querrían contestar al plasta de su marido o al vecino del cuarto.
Lidia es perfecta, ni gorda, ni vieja, es "alguien", es elegante, baila bien, llora y encima cobra.
Mila, de apellido Ximénez, con respuestas para todo, echada p´alante,no se calla, se entera de todo y no teme a casi nadie.
Jorge Javier, el gay.presentador de moda, ingenioso, inteligente, en la cumbre del éxito, se ríe del mundo y sabe que comen en su mano, aún en con su prepotencia manifiesta. Los gays son un poco asi, parece ser y si son periodistas ni te cuento.
Karmele,chapa y pintura por doquier, modelos imposibles, maestra de la ironía y del despiste premeditado y aquí me quedo.
Al pueblo llano de sofá y tapetito de ganchillo, le gusta el chisme, de reyes, princesas, modelos, toreros y líos de los ricos con las ricas siempre.
Yo lo veo, lo confieso, pero no me gusta comer margaritas.
Me gusta leerte, un placer.
Saludos cordiales.

Patri Miguel dijo...

Hola alguna red social o algo para seguirte??? Me encanta este tío!!! 😉