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lunes, 27 de diciembre de 2010

No, ese no era Camilo Sesto

    
     Te confesaré lector, aunque creo que resulta algo ocioso ya, pues de largo eres tú  más perspicaz que yo y por tanto hace tiempo que lo tendrás asumido, que en cuanto a gustos musicales, es uno lo que se dice todo un hortera de bolera. No entiendo mucho de música y no considero de gran valor mis criterios sobre el asunto. Y a la vez adoro la música que me gusta, creo que me entiendes. Bueno, me gusta Camilo Sesto, al menos muchas de sus canciones me molan mazo, ¿pasa algo?
     Así es que en la noche de la Noche Buena, después de cenar, a la vez que atendía a una interminable partida de parchís a seis –y, a pesar de ello, de bien prolongado divertimento, misterios acaso de los efluvios de un vino del color de las rosas rosas que mi padre en la mesa dispuso-, que la misma vie en rose, también algo hortera, parecía la familiar postcena, no dejaba de observar yo, digo, por el rabillo del ojo cuanto acontecía en la pantalla a esas horas, pues habían anunciado un especial del Sesto.
    
     Se pensaron mis allegados, y despiadada chanza de ello hicieron, pues el vino afilaba encima su ingenio viperino, que la líquida acuosidad que en un momento dado hizo brillar las cuencas de mis ojos, debíase a que una vez más se habían zampado las azules, es decir, las mías fichas, y que esa pena, a la que el vino rosa presta también sus alas, era la causa de mi emoción a punto de desbordarse, y como digo, con mucha guasa además me lo restregaban, así es que quise, para salir del apuro, reírme, venga, venga, que os coméis una y contáis veinte, fue todo lo que se me ocurrió decir, como si más que con mis padres y hermanos, con una colla de rufianes horteras hablando de tías me hallara, aunque pareció por momentos que así fuera, pues todos estallaron en carcajadas a mi ocurrencia, con lo que más me reí yo todavía, sólo que al incrementarse mi agitación, en un instante se confundieron en mi rostro sonrisas y lágrimas, como en un involuntario homenaje a Julie Andrews, que en otra parte del mundo debía andar la pobre en bien triste luto por Blake Edwards.
      ¿Cómo iba a reconocerles a mis padres y hermanos que lloraba por Camilo Sesto? A los pocos amigos de carne y hueso con los que uno cuenta, tampoco: a ellos hay que decirles siempre que Cohen, que Bjork, que Battiato, que Nyman (que también le gustan a uno). No, verdades como esa sólo se confiesan en este diminuto bloggimery  a mis amigos… invisibles, y a la vez tan presentes y reales como los otros, que creo que sólo tú, lector, otra vez me entiendes.
     Fue sólo un instante y luego la partida continuó, como una hoguera alta de risas y colores, hasta que, también como en la vida, como incluso le sobreviene a los mejores fuegos, la misma decayó. Alguien por fin ganó, alguien por fin perdió, si bien ese tiempo juntos y embromados no dejó a todos de aprovecharnos, fuéramos consientes del todo de ello o no. Yo perdí, claro, y no me importó mucho hacerlo, pues todo el costal de mi pesadumbre se lo había llevado antes lo que tras la pantalla con el Sesto habían hecho.
    
     ¿Quién de esa horrible manera había querido crucificarlo? ¿Qué incomprensibles razones íntimas le habrían llevado a aceptar aquel desastre sin atenuante alguno al que agarrarse? No tanto por los penosos remiendos que a su verdadera edad ha querido él ponerle, que hubiera pretendido parecernos él el  inmortal y melenudo Dorian Gray (chalequito de tahúr imberbe, ajustado pantalón de cuero negro, blanca camisola desabrochada, en fin, desatada melena) y que –como al final de la novela de Wilde, sólo que aquí en el momento mismo de pretender colárnosla- sólo a un penoso e irreconocible mutante nos recordaba, tales eran las estrambóticas abolladuras, trasquilones epiteliales y lineas de recoseduras de diferentes epidermis, extraños bulbos y glomérulos faciales, descolgaduras empalidecidas de la piel, tumefacciones plásticas, infladas protuberancias en párpados y labios, mejillas y narices, hasta configurar un rostro simbiótico y pespunteado de muy tenebrosos y delicuescentes ecos, como presto en cualquier momento a arder en su propio horror, que en vano trataba él de apagar con una sonrisa que era una sombra idiota. Barnizábasele de sudor la repulsiva máscara aquella con tanto ajetreo desgañitado a Camilo y, ya digo, parecía que la horripilante cera de su cara fuera a derretirse a ojos vista de todos en cualquier momento.  ¿Cómo además la cámara le encimaba y se recreaba en ese espantoso cúmulo de desiguales zurcidos? Sólo con Mike Jagger, y por miedo de él creo yo, cumple Belcebú su siniestro convenio.
     Y era sobre todo el estado calamitoso de su voz –que a uno le pareció siempre divina- lo que encogía el alma en plena Nochebuena, que le llevaba a soltar unos gritos desaforados y a tapar también esa calamidad con  arreglos musicales tan estrambóticos que hacían irreconocibles y grotescas sus para mí legendarias canciones. Si los jefazos de la TVE 1 habían querido con la parábola de Camilo Sesto mostrarnos en su crudeza toda los Desastres –a lo Goya, sí- a que el narcisismo extremo puede llevar a una sociedad hiperhedonista es difícil que hubieran encontrado mejor argumento. Congratulations a ellos. Ahora, como fraterno mensaje de alegría y de buena nueva a la Humanidad, desde luego que televisar ese desgraciado aquelarre con quien había sido el mejor Jesucristo Superstar no se compadece con ninguna caridad cristiana, la verdad.
   
     Era muy doloroso el ver todo aquello, que no hubiera sobre todo comprendido Camilo Sesto, la persona que vive y sueña aún detrás de ese nombre, que la mejor despedida para todos los que le admiraron y le admiran está ya, a salvo de verdad del Tiempo, en los sagrados e ilusionados confines de la memoria, que hasta embellecen con su dulce engrudo las imperfecciones que hubiera, muchísimo más que las altísimas definiciones de hoy que sólo a brillantosos píxeles, efímeros oropeles, lo reducen todo. Está también en sus obras. Está para los que sepan degustarla con calma en el Internete, que va a acabar por hacerse uno, contra todo pronóstico, amigo y todo de la Cosa. ¿Cómo no iban, lector, a perder esa noche las azules?

  
       


11 comentarios:

sol pau dijo...

Leo encantada tú Fulgor y muerte de Camilo Sexto, con la sonrisa puesta. Escribes maravillosamente, enhorabuena. Te leeré más.
Te deseo lo mejor para este año, y para siempre.

Josito dijo...

Estoy de acuerdo.
Ese del otro día no era Camilo Sesto, era... un remiendo.
De pena.
Saludos

40añera dijo...

Si ya lo digo yo, estoy secuestrada e incomunicada y así me perdí lo del Camilo, como tanta letras de los amigos
Besos y felicidades aunque lleguen atarazadas

José Antonio del Pozo dijo...

-sol pau: muchas gracias, eres... un sol. Deseo que nunca te apagues
-josito:estamos de acuerdo, amigo. Gracias por venir a decírmelo
-40añera: gracias por aún así dejar sus lineas, felicidad también para ti

hiberespinoza dijo...

Mucha verborrea "adorna" tu texto para hablar así de Camilo Sesto, los tiempos pasan y cambian a las personas, todos vamos por el mismo camino, no es extraño ver como escribes, si aún juegas al parchís....saludos

PD: Mira el arte de Camilo, no mires a Camilo

José Antonio del Pozo dijo...

-hiberespinoza: gracias por dejar tu opinión, y sé bienvenido o bienvenida. Bueno, me parece que al poner como verborrea lo mío va a ser que no te ha gustado mucho mi escritura, y lo siento. Me gustaría saber en qué no estás de acuerdo, para poder conversar acerca de ellos. Lo que no veo es la relación entre mi verborrea y el parchís, pero quizás puedas explicármelo. Saludos

Wilma dijo...

Siento pena real de descubrir como hay gente que no entiende el éxito de Camilo Sesto, que no es de España, Camilo es todo un grande de la música en Hispanoamérica y aunque las comparaciones son odiosas mucho mejor que Raphael o Julio Iglesias por muchos motivos, por su calidad como autor, compositor e intérprete, sin contar su faceta de productor y sus dotes demostrados en cine con su película Los Chicos del Preu o su magistral representación en teatro de Jesucristo Superstar. Creo que España debería estar más agradecida porque el éxito de Camilo Sesto en América, marcó un antes y un después, abrió mercado a muchos cantantes, pero ninguno posterior ha llegado al nivel alcanzado por él. En América lo aplaudimos porque su música se quedó grabada en nuestros corazones, es un poeta de la canción y difícilmente España volverá a contar con alguien tan completo como él, no entiendo bien si te interesa más su físico o su arte, pero personalmente te cuento que sólo por verlo tuve que soportar toda una noche buena con Raphael que cada año se repite en TVE y hasta el concierto navideño del Palacio Real estuve hasta la madrugada esperando ver a Camilo, pero lastimosamente su concierto no se pasó para América, tengo el DVD Todo de mi su más reciente trabajo y me encanta escuchar esa voz que marcó mis horas de adolescente y sigue llenado mi vida ahora, porque no hay ni habrá alguien que sepa expresar tan bien los sentimientos como lo hace él, ojalá pudiéramos recuperar su mensaje en el corazón de la gente más joven, porque con seguridad no estaríamos como estamos ahora en un mundo lleno de odios, envidias y deseos de destruir a la gente.

Wilma

José Antonio del Pozo dijo...

-Wilma: gracias por dejar aquí tu opinión, tan sentida y educada a la vez, esta puerta siempre estará para tí abierta.Me parece razonable todo lo que dices, aunque no estoy de acuerdo contigo en esos dos últimos recitales de Camilo: mi opinión es que sus extraordinarias facultades andan ahora algo quebradas, y duele, al menos a mí, escucharlo así. Y en cuanto a lo de su físico, no sé, tantos retocados no me gustan, que haga lo que quiera, claro, pero si sale a actuar se expone a la crítica. Un saludo.

Sofía dijo...

Gracias por tu opinión. Sentí y creí lo mismo.

sagitario dijo...

Estoy de acuerdo con Hiber espinoza, hay que mirar el arte de Camilo y no a Camilo. Yo tampoco soy la que fui, mejor dicho ni la sombra. He engordado, ya mi cara perdió forma y ademas arrugas. Como otros que pierden el pelo. Y si, ya no somos los de antes!!. Lo que si se,lo que significó camilo sesto para la musica y "lo demas carece de importancia"

José Antonio del Pozo dijo...

Hola, sagitario:muy hábil tu crítica. Fíjate que has dicho, "lo que significó", y en eso estoy de acuerdo. No sé si esa aparición del especial añadirá o le restará. Por supuesto puede él hacer lo que quiera, porque está él a un millon de años luz respecto a mí. Un saludo.