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martes, 18 de noviembre de 2014

El Día en el que Gloria Agenjo pareció Charles Laughton, el día en que encarnó la Dignidad

     



   Si viviera Galdós sin duda compondría con su gesto durante el nefasto 9-N, el de una mujer sola y anónima frente a la acorazada separatista en el Poder, uno de sus mejores Episodios Nacionales. En sólo unos días, con el tráfago histérico de la actualidad inclemente, su nombre, Dolores Agenjo, no nos dirá ya nada, a pesar de todo el coraje ciudadano que en el mismo se condensa. Aquí quedará. A verla:
      
   Arreciaba la coacción gubernamental nacionalista sobre toda la sociedad catalana cara a la fraudulenta Consulta que buscaba desgarrar a Cataluña de España.  Comercio a comercio, puerta a puerta, teléfono a teléfono peinaban los prebostes separatistas el país, más los medios de comunicación oficiales por tierra, mar y aire… colegio a colegio también. El 16 de octubre la Generalitat convocó a los directores para pedirles (¡) que captaran voluntarios. A escasos días de la consulta las presiones de la Consejería de enseñanza catalana se incrementaron. Les exigían la entrega de las llaves para que en esos centros públicos tuviese lugar la Consulta separatista.
   
   Que se sepa todos obedecieron la orden, algunos con gusto, otros para evitarse problemas. En Cataluña se temen mucho más las disposiciones efectivas de los organismos nacionalistas que todo lo que pueda decir el gobierno español. Incumplir la normativa española en Cataluña no acarrea nada. Se les obligó a todos a entregar las llaves con una orden verbal a través del teléfono oficial. Sólo una mujer, que en ello se quedó sola, se plantó: Dolores Agenjo, directora del Instituto público Pedraforca en Hospitalet. Su superior jerárquica, la Directora de Servicios Territoriales de la Consejería de Educación, le pidió verbalmente que le entregase las llaves. Dolores Agenjo le respondió, como en las películas, sí, que le diera la orden por escrito y por el conducto reglamentario. Pero la orden escrita hubiera delatado la participación oficial del Govern en la intentona separatista, así es que la superiora se lo negó. Le ofreció, como al resto de directores, que así cedieron, un recibo particular acusando la entrega de las llaves.
   
   Eran las llaves de un instituto, sí, pero eran también las llaves que abrían las puertas a la ilegalidad y a la separación sediciosa de Cataluña contra España. Así que Dolores Agenjo a su superiora le dijo no. Al día siguiente la volvieron a llamar, por ver si se había Dolores ablandado. Pero Dolores de nuevo les dijo NO.  En su Instituto, en el ámbito que de su responsabilidad dependía, no se pisotearían las leyes españolas, las que a todos nos hacen libres e iguales.
        
   Dolores Agenjo pasaba el 9-N en su casa, cuando se sobresaltó al observar que los medios daban la noticia de su negativa, la única. Quiso así el Departament de Ensenyament, en vez de limitarse a informar sobre el instituto más cercano,  filtrar, señalar, un poco ensañarse con Dolores, que bien se conociera su disidencia. Así, a la mañana siguiente el correo electrónico de Dolores rebosaba de anónimos y muy cobardes mensajes amenazantes y faltones: tarada mental, no deberías existir, falta de valores. Pero también días después, recibió mensajes de apoyo y de aplauso. Los más conmovedores sin duda, los que le hicieron llegar ex – alumnos suyos, el mayor galardón que pueda un enseñante nunca recibir.
     
   Y después, difundida por toda España la valentía de su gesto, la osadía de su libertad, el pulso íntegro de su arrojo, un poco como Charles Laughton en Esta tierra es mía de Jean Renoir, recogido en entrevistas por los periódicos el alegato final de Dolores Agenjo contra el vendaval separatista:
     
   “En Cataluña hay miedo a entrar en listas negras y a que te señalen, a que te etiqueten como un fascista. Sólo quiero pedir que los españoles no nos abandonen, porque desde hace muchos años los catalanes que nos sentimos y queremos ser españoles estamos en la más absoluta orfandad. No nos representa ni nos ampara nadie. Estamos huérfanos pero Cataluña no está perdida. Sólo se perderá si los catalanes que queremos seguir siendo españoles somos definitiva e irremediablemente abandonados y borrados del mapa sociológico catalán, tal y como han hecho con la idea de España llevando a muchos catalanes a identificar españolidad con fascismo, lo que es una absoluta atrocidad. Nos hace falta un liderazgo que no tenemos y que sólo puede surgir de un gran movimiento civil asociacionista que defienda en todos los foros la unión con España. Yo no he hecho más que cumplir con mi deber”.
    
   Más, mucho más que en los Diputados y Senadores de las Cortes o en los miembros del Gobierno españoles, brilló ese día la DIGNIDAD y se encarnó en el cuerpo menudo pero corajudo de esta mujer, directora de Instituto, que a solas resistió tanta coacción, Dolores Agenjo, que parece también que incluso los nombres los cargara de alto simbolismo la ocasión, pues nombre de personaje galdosiano en efecto es, como si lo de defender la Patria española fuera cosa, ay, de amargos, aromáticos y medicinales dolores, sí.
  
  
   (¿Te gusta el blog? ¿Lo valoras? Necesito vender algunos ejemplares más de mi libro, que es además muy bueno -creo-, para seguir escribiendo. ¿Me lo pedirás? Precio por correo normal: 10 euros) 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡ Qué valor el de esta mujer, qué dignidad ! Gracias Gloria ! Gracias Jose Antonio por el post... había oído campanas pero no tenía centrada la noticia.

Por cierto en Alemania llevan algunos años encarcelando a padres que se niegan a que sus hijos sean adoctrinados por asignaturas que los corrompen: http://www.profesionalesetica.org/2011/03/hoy-ingresan-en-prision-otros-dos-padres-alemanes-por-negarse-a-llevar-a-sus-hijos-a-clase-de-educacion-sexual-estatal-2/
misael

Beau Geste dijo...

No se me ocurre nada más que celebrar el valor y la dignidad de esta gran mujer. Si hubiera lo que hay que tener, habría que levantarle un monumento a ella y a todos aquéllos que día a día mantienen viva la españolidad de Cataluña (o del País Vasco o de Galicia) a pesar del desamparo de un gobierno que, en teoría, debería protegerla a ella y a quienes aún piensan como ella.
Chapeau Gloria!