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domingo, 30 de noviembre de 2014

Añoranza de Enrique Urquijo

   


 (Termina noviembre, ¿lector? ¿Agradeces el blog? ¿Lo valoras? Necesito vender algún ejemplar más de mi libro, que es además muy bueno -creo-, para seguir escribiendo. Precio por correo normal: 10 euros)

   
   Somos muchos los que mucho echamos de menos a Enrique Urquijo y sus secretos, muchos los que mucho lo recordamos. Yo llevo siempre en mi coche a Enrique Urquijo, por si una amargura espesa, como una niebla súbita en mitad del viaje, de pronto me asalta. Pongo entonces la música y la voz suyas, tan únicas, cuajadas de tristeza, y de forma misteriosa, en mágica homeopatía, la mía en esa tristeza superior –esa voz densa que se diría arrastra consigo el barro y los cantos del penar de un niño rico enfurruñado al que acabaran de castigar duro tras una trastada, que tan bien se adecua a unas letras de desamor y derrota- poco a poco se disuelve, y sumida en esa rara belleza que allí se destapa se eleva al cabo hacia un consuelo que es ya casi alegría. Sí, una tristeza inspirada nos acuna, nos arropa y abraza, nos contagia al fin un extraño contento de ojos humedecidos. 
    
   Quiero ahora revivir contigo, lector, una de sus últimas y más hermosas canciones, “No digas que no”, en las que casi desnuda brilla en aquilatada pureza el don artístico de Enrique Urquijo. Al final del post está. Ya el punteado inicial, pausado, humilde, melódico, nos desliza hacia un espacio doliente y muy íntimo, como en el preámbulo de una apenada confidencia.

Por todo el camino/ de mi barrio a tu barrio/ cómo convencerte/ venía pensando. Nunca se recibe/ sin dar nada a cambio/yo daría mi vida/ por dormir en tus brazos.
   
   Sí, el amante –esa voz tomada, engastada a medias de travesura y pesadumbre- le confiesa desde el mismo principio a la chica amada el pobre truco que para conseguirla ha tramado (cómo convencerte) durante el itinerario, que puede entenderse también como el entero trayecto vital. Se rinde y se desarma del todo enseguida ante ella. Y la confesión se torna autocrítica y sabia reflexión, casi el destilado básico que de la atribulada existencia el propio protagonista hubiera recogido (nunca se recibe sin dar nada a cambio) –es decir, es imposible el amor sin recíprocamente el uno al otro darse, el engaño y las trampas le son incompatibles- …   para tornarse amorosa súplica (yo daría mi vida por dormir en tus brazos). Es muy poética esa elipsis y ese desplazamiento simbólico que Urquijo, a diferencia de letristas más concupiscientes,  del amor hace, al cifrar el éxtasis del mismo en algo no etéreo y platónico, bien real, sí, pero posterior al puro desencadenarse físico del goce, ese precioso dormir en tus brazos, como si en su visión le importaran mucho más el lírico y arrobado recogimiento entre los amantes, las ternuras y el cúmulo de delicadezas y de doradas sensaciones en rescoldo y en dichosa paz posteriores al coito en sí, que el simple despendole épico y gimnástico de los cuerpos. Ese dormir en tus brazos revela asimismo una inversión de los habituales roles sexuales, una suavidad en el afecto próxima a lo infantil, coherente con el fraseo de esa voz lastimada, que ve también en la amada alguien fuerte entre la que guarecerse, y que hace de ese desvalimiento quizás su mejor arma de encantamiento.

No digas que no/ no soy un extraño/ no puedo volver/ y estoy tan cansado/ No soy el mejor/eso está muy claro/no digas que no/ estoy en tus manos.

   O cómo a través de los noes intentar obtener el sí de ella, y así volver de nuevo a estar juntos, pues ambos bien se conocen, también la melancolía del acordeón así lo sugiere, no estamos ante una conquista ocasional, se diría de vuelta él de otras experiencias insatisfactorias con un precio pagado y la lección al fin aprendida, eres quien quiero, y entregado ante la amada, expuesta con lúcida ironía la propia vulnerabilidad (no soy el mejor) y el propio dolor (ese no digas que no que Enrique derrama como aullido de miedo)  implorarle su amor, que es una rendición, ese tan sencillo como intenso estoy en tus manos que él le deja al final de la canción caer, manos que nos remiten a los brazos anteriores, pues en ningún momento el amor ha menoscabado su esencial carnalidad.
   Y así, como nunca se recibe sin dar nada a cambio, si compartimos tristezas y secretos en el universo creativo de Enrique Urquijo, salimos del mismo reconfortados, elevados en  una tristeza dichosa, por así decir.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)
           

1 comentario:

MAMUMA dijo...

Totalemnte de acuerdo.