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sábado, 27 de mayo de 2017

Manchester frente al mar yihadista, la CLAVE


 


 (2º DÍA DE LA FERIA DEL LIBRO EN MADRID: BALANCE 
  En el día de ayer por esta caseta azul desde la que a diario escribo, que me saludaran y tal, es decir, confesadas, hubieron 48 visitas, y 6 de ellas quedaron además, según propia confesión, encantadas. Bien: de esas 48 personas, 16 tenían ya de antes mis VEINTE RELATOS DE AMOR Y UNA POESÍA INESPERADA. Una ilusión y un placer saber de nuevo de vosotros, amigas/os míos. Las 32 restantes... se lo están pensando. Yo supongo.)


     El tal Salman Abedi, terrorista psicópata hasta el colmo de hacerse él mismo explotar el cuerpo con tal de asesinar despiadadamente al mayor número posible de jóvenes indefensos, conciudadanos suyos, asistentes a un concierto -22 asesinados y más de 50 malheridos logró- contaba sólo 22 años y había nacido en el mismo Manchester. Era pues, diríase, un manchesteriano más. Sus padres, libios, llegaron al Reino Unido huyendo del régimen criminal de Gadaffi. Esos son los datos esenciales sobre el bárbaro ejecutor de la masacre.

      Lo que sobre todo evidencia la feroz matanza –sólo una más de muchas similares- es que, desde hace mucho tiempo, las sociedades occidentales no socializan, no disciplinan, no educan e instruyen a sus ciudadanos en los valores y en los méritos que en su seno le son propios, fruto de su progreso histórico: la tolerancia, la convivencia, la autocontención, la repulsa frontal a la violencia como medio para resolver los problemas sociales y políticos, la central reivindicación de las sociedades democráticas como las menos malas de todas las conocidas. Ésa es la urgentísima tarea a acometer de manera eficaz y sostenida en todos y cada uno de los medios en los que los miembros de las sociedades occidentales se impregnan hoy de valores sociales.
     Obsérvese, para mayor muestra del fiasco socializador, que precisamente los padres del tal Salman habían escapado de una férrea dictadura y habían encontrado y conseguido una oportunidad inmensa para desarrollar una vida próspera, pacífica y en libertad aquí, por lo que, si los mecanismos legitimadores de la sociedad de acogida funcionaran bien, por elemental lógica antropológica hubieran debido transmitir a sus hijos la gratitud hacia el Reino Unido y la visceral repulsa a toda forma violenta de vida. Ese escandaloso vacío socializador –que va mucho más allá de un cursillo sobre educación para la ciudadanía, a menudo además trufado de aciagos buenismos y relativismos culturales- es el que aprovechan los cerebritos de la Yihad para moldear con su mandanga psicopática el social sentido de pertenencia que los individuos para su existencia necesitan.   

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

escandaloso vacío socializador"


No lo creo yo así. La sociedad está transmitiendo valores, happy flower, pero valores: que si la cultureta LGTTBI, que si el clima, que si el disfrute, que si el relativismo moral, que si el consumismo y el Madrid, que juega esta noche.

Hay transmisión de valores, infravalores, pero hay transmisión. Siempre es así, aunque sólo sea transmisión por proximidad.

Anónimo admirador.

José Antonio del Pozo dijo...

Es verdad, aunque me refería sobre todo a que las sociedades democráticas, desde hace mucho, acogen y difunden más el discurso de quien las aborrece que el propio suyo que las legitima. Saludos. Gracias.