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jueves, 30 de abril de 2020

AYER ME ACORDÉ DE JOSE ANTONIO ORTEGA LARA (CONFINADOS, DÍA 47)



   
   Ayer, cuando nos anunciaba el Presidente la farragosa desescalada, me acordé de Jose Antonio Ortega Lara. Llevamos 47 días en nuestros pisos a la fuerza recluidos. Nos sentimos mal, encarcelados, como atrapados en un Día de la Marmota Idiota que aciagamente se nos repitiera cada mañana, entre angustiados y hastiados, pasando por mil estados de ánimo, con las cabezas más para allá que para acá, en una suerte de neurosis colectiva obligada, extrañamente agitados, insomnes, deprimidos, desorientados del tiempo y de los días, temerosos o bobamente risueños, ciclotímicos, hartos de todo y de nada por no poder salir a la calle en paz y ver y abrazar a nuestros amigos, y eso que estamos informados y que nos dejan ir a por el pan. Pues Jose Antonio Ortega Lara, hace ahora 23 años –madre mía-, permaneció confinado y secuestrado por los psicópatas compinches de la banda de Otegui durante 532 días, año y medio sepultado en un mínimo agujero bajo tierra y sobre una grúa hidráulica, imaginemos si podemos el calvario que allí debió él atravesar, que pasó enfermedades varias, que intentó ahorcarse con los calcetines, que en una piltrafa como las de Auschwitz los etarrones lo convirtieron, que cuando la Guardia Civil lo liberó, en los primeros momentos, conejillo de etarras aterrado, no quería ni salir del zulo, tan grande era el terror que le habían inoculado… Que por puro azar, hace medio año, de camino a una tertulia con amigos a la que asisto –imposible ahora-, este que aquí lees se lo encontró en compañía de los suyos tomando el sol en una terraza madrileña y de lejos junté las manos mirándole y enviándole así mi reconocimiento y mis ánimos, y que, siendo yo nadie y sin conocerme de nada, me vio también él y me devolvió el gesto cómplice, y que parecía milagrosamente recuperado, aunque vete a saber qué procesión terrible y llena de ruidos y de miedos no arrastrará por dentro… y eso, que hoy que nos anunciaban la desescalada, me acordé yo de Jose Antonio Ortega Lara. 

miércoles, 29 de abril de 2020

ESTO LE HUBIERA PREGUNTADO AYER YO AL PRESIDENTE (CONFINADOS, DÍA 46)




   Buenas tardes, Presidente, mi nombre es José Antonio Del Pozo y le pregunto para “escritores sin Nombre”… España ocupa una posición de la mitad hacia atrás en el ránking de la OCDE, organización formada por 37 países, en cuanto a números de Test PCR, que son los que mejor permiten conocer si está uno infectado por el virus -y en consecuencia ser tratado y aislado, o no- realizados en su territorio.  Teniendo en cuenta que al Director de la OMS en dramática reconvención todo se le volvió resumir en  ¡Test, Test, Test!, y que  somos el segundo país en número total de infectados, y que sobre todo somos el primero en muertos por porcentaje de población y en número de sanitarios infectados, el hecho de que no se estén llevando a cabo estos test de forma mucho más masiva… ¿es porque no se puede (no llegan, no se producen los suficientes) o es porque no se considera indicado hacerlo, como le hemos oído en rueda de prensa al máximo responsable y autor de augurios erróneos, Doctor Simón? Dígale la verdad a los españoles, Presidente. Trátenos como adultos. Muchas gracias.  

martes, 28 de abril de 2020

AMANECER (CONFINADOS, DÍA 45)




(Ahí te mando unos ripios míos, por si te gustaran o gustasen)

Quiero madrugar mañana
y salir descalzo al balcón
de la rosada aurora en pos,
para poder mirarle a los ojos
que sólo entonces se deja el sol,
cuando el azul vivo va abriéndose paso
la luna dormidita en su albornoz
el primer vuelo de la alondra
el baldío empapado de frescor
la amapola que inicia su danza
ese pálpito de la esperanza
más allá del virus traidor
abrir ahí bien los pulmones
respirar en paz ese prodigio
inminencias, luz y resplandor
sorprender yo, que soy tan viejo,
al sol como un infante radiante,
balbuceo, ilusión y rubor.

lunes, 27 de abril de 2020

TE MANDAN A LA P CALLE (CONFINADOS, DÍA 44)




   “Te contratan para enfrentarte con el bicho sin casi material de protección, ahí que te lanzas, te contagias casi seguro, claro, y en cuanto baja un poco la marea, zasca, no te renuevan el contrato, van y te mandan a la p casa”.  No decía la palabrota, no, sólo la insinuaba muy bien en la boca, con elegancia admirable, muy superior a la de cualquier grosera Celebritie del momento –más celebrities cuántas más vulgaridades escupen-, y ello a pesar de estar ella misma afectada por el despido, imbuida de esta manera su persona de una dignidad envidiable y emocionante.  Así más o menos, acaso mejor que lo que yo transcribo, lo contaba una enfermera, o ayudante, no sé, en el telediario de ayer o antes de ayer, con indignación justa y mirada abatida, y dolía el escucharla y ver cómo toda su razón valía para nada. ¿Cómo no se le remueven las entrañas a los Políticos –a unos y otros- ante estas cosas? ¿Es que no tienen corazón? ¿Qué ejemplo de renuncia verdadera han dado ellos? ¿A cuántos paniaguados asesores han mandado a trabajar en algo productivo? ¿Cuántos Altos Cargos se han rebajado el sueldo? ¿Cuántos liberados sindicales se han presentado al trabajo y han dejado de lado la sopa boba, no, la Mariscada gansa? Daba mucha rabia escuchar a esa mujer, la verdad. Chupones.

domingo, 26 de abril de 2020

CON EL SUEÑO CAMBIADO (CONFINADOS, DÍA 43)




   Ceno en la cocina, con chándal chavista ataviado, un trozo de queso, pan y un par de peras. Tal que un marqués, yes. Muy ricas las peritas, oui. Me voy luego a repachingarme sobre el chapucero balancín que te conté. Dan en la tele una comedieta española de la década pasada, creo, sobre tres o cuatro parejas de mediana edad contemporáneas, complacientemente retratados. Casi todos y casi todas se son infieles en secreto; alguna, casada, se lo hace de vez en cuando con mujeres también, discuten un poco todos entre sí, se ríen, celebran los cumples, qué entrañables quiere decirnos el director. Qué existencias más estúpidas, digo yo. Hacia el final me quedo traspuesto. Hmmm, pero qué sueñito más dulce. Cuando abro los ojos están poniendo otra, a medias ya, ésta de un detective, que se vuelve paranoico siguiendo por encargo a una señora supuestamente misteriosa que también engaña a su marido, vaya por Dios. La historia desbarra por unos vericuetos inverosímiles y violentos, pero como no tengo sueño y el resto de canales están aún peor, aguanto el chaparrón. Las dos y pico. Me largo por fin al sobre. Los ojos like platos, claro. Vueltas pacá, vueltas pallá. Voy a acabar como el detective. Sin querer me vienen al coco episodios de mi vida de los que casi ni me acordaba. Ahí tuve que hacer eso, joder.  Bah. Más vueltas. Calor. Dos patadas al edredón. Tic, tac. Yo, en pijama azul, encogido sobre el colchón en la penumbra de la habitación. Me estoy viendo, como si pudiera salirme del cuerpo y contemplarme así desde la ventana. En vertiginoso zoom ascendente, veo luego mi bloque entero a oscuras, lleno de ventanitas abiertas como la mía, con sus inquilinos acostados, soñando qué,  mi barrio, igual, miles de ventanas, la noche, su misterio, esa rapsodia, mi ciudad, mi región, mi nación, mi continente, la Tierra Madre, el Universo entero desde los confines refulgentes de la Vía Láctea… y des-pa-si-to  el viaje de vuelta ahora… hasta el cielo estrellado de mi barrio de nuevo, sí, ese puntito sobre el camastro soy yo, con mi pijama blue, con el blues del que no puede dormir. ¿Me acordaré mañana de escribir esto? Tic, tac… Me despierta el despertador, que para eso está. Cansado. ¿De qué? Tanto viaje, claro. La radio, el café, el móvil y su guasa, hay sol, el asomarme un rato al balcón. Estoy después más de una hora con un libro sobre los escritores españoles antes de la Guerra Civil que me regaló M. Muy interesante, aunque no puedo evitar un par de cabezadas intermedias contra el sol del cristal. El parte del dudoso Doctor Simón, después. Comer cualquier cosa. Fregar los dos cacharros. El telediario. A la mitad me quedo sopas durante un buen rato. Me estiro y hago ahora mis abluciones, fíjate. Iba a hacer siete flexiones… y hago tres. Leo una poesía de Trapiello. Me levanto. Miro la carretera tras la cortina. Camiones roncantes. El vacío de la tarde luminosa que se extiende majestuosa e inclemente. Suspiro. Pienso y no pienso. Siento y no siento. Existo y no existo. Yo, hasta que no deje de morir gente, ya te lo dije, paso de aplausos.  Abro el ordenata, como un pianista lo suyo, como un sicario su estuche, como tus ojos tú,  y me pongo. Si encuentro inspiración, guau, me alegro de conocerme. Si no, me deprimo un poco… y me pongo a mirar el techo, que ya tiene rajas. Aplasto dos, tres mosquitos. Tacones almodovarianos en el piso de arriba. Voy a acabar como el detective, si el confinamiento no acaba pronto. Lo pienso sólo por darme importancia, no creas. El queso, las peras.  

sábado, 25 de abril de 2020

PENÚLTIMAS TRUMPADAS (CONFINADOS, DÍA 42)




   Lo de Trump en rueda de prensa ayer, sugiriendo inyectar de forma directa desinfectante a los enfermos, abucharando y abochornando encima allí mismo con esa gruesa parida a la experta de su gobierno –que se le vio tragar saliva a la pobre-, por más que en agua de borrajas quedara, fue una muy repulsiva escena, propia de un botarate e indigna de un Presidente de los USA. Trump (no es ni mucho menos el único gobernante fulero, ni el más peligroso, pero resulta atroz verlo desempeñando esa Magistratura), lo hemos escrito aquí ya en otras ocasiones, nos parece la cristalización suma del homo gañanis, el prototipo específico y morrudo de esta malhadada época, el producto de la fusión de la Telebasura –discurso dominante hasta el punto de conformar Sociedades de la Telebasura y de las Celebrities- con la remoción de las más rastreras pasiones que el anonimato y el vértigo tribal –populismo- de las redes asociales procuran. Ojalá hubiera quedado Trump  a cal y canto  confinado en uno de esos infectos reallities que tanta fama le dieron.

viernes, 24 de abril de 2020

SABRINA OTRA VEZ (CONFINADOS, DÍA 41)




  La tenía ahí, en un rincón, medio olvidada, bah, como cosa ya vista y amortizada. Confinada ella también sobre un dvd polvoriento. Como ahora, por mor de la reclusión obligada por la pandemia, sobra y falta el tiempo, se estira y se encoge, se estanca y se apalanca, me puse de nuevo a ver “Sabrina”, el clásico de Billy Wilder. Y qué gozada. De nuevo el prodigioso manejo de Wilder con la comedia, ese género maestro para expresar el haz y el envés, la máscara y la verdad envueltas y revueltas de que la vida en sociedad está hecha. Ya tú sabes: Hepburn en plan Cenicienta entre dos hermanos riquísimos, a cual más manipulador –un calavera seductor, el uno, el otro, un maquiavélico industrial-  a los que enamora y de los que se enamora, y el choque de los estatus sociales, del qué dirán, y el ingenio de las situaciones, divertidísimas, y el cuestionamiento de los valores, y el cambio de las personas, el instinto de libertad y el peso de los sentimientos… Todo un festín para el espíritu. Y Audrey, que resplandece en cada plano, tanto, que los mismísimos Bogart y Holden, mayorcísimos a su lado, ni patrás cuelan en esos papeles. Claro, que a Hepburn le pones, qué sé yo, a Brad Pitt y a Di Caprio ahí, y da lo mismo. A su lado, al menos pur muá, todos palidecen.  Hepburn vive, la distinción sigue.

jueves, 23 de abril de 2020

DÍA DEL LIBRO: LAS ROSAS, EL BOBO, CONFINADOS (CONFINADOS, DÍA 40)





  Amor, humor, ilusiones, vulnerabilidad, ternura, tantas historias bonitas... las Rosas, el Bobo, no quieren ser dos libros más, son cosa viva, y palpitante, y quieren quedarse a vivir entre el corazón de sus amigos, ahí confinados, sí.  (Y que no son caros, 18 E los dos juntos, envío incluido, y que te los pongo, personalmente dedicados, en casa, en cuanto nos levanten la clausura, va, no te olvides)

miércoles, 22 de abril de 2020

IDEAS, QUE PARECEN BUENAS, PERO QUE SON MALAS (CONFINADOS, DÍA 39)




   Corolario obligado del decíamos ayer: Hay también que leer -y pensarlas- de tanto en tanto ideas malas, que al menos así las juzgas tú. Ejercitas la razón, tus pensares, rompes tu narcisista unanimidad, contrastas y oxigenas tus ideas, aunque sea para reafirmarlas, vaya. Lo de Cervantes de nuevo aquí, please. Lo que añadíamos también allí. Muy especial importancia tiene, a mi juicio, en el capítulo de las ideas – esas que aspiran a materializarse en la vida de todos-, el aprender a distinguir ideas-que-parecen-buenas… pero que son pésimas. Decía André Gide que sólo con buenas intenciones salen novelas malas. Diría el muá que sólo con buenas intenciones (en apariencia tan humanistas y filantrópicas, tan seductoras y utópicas, que nadie bueno podría en principio oponerse a ellas) salen realidades políticas horribles. Al Mal encantadoramente disfrazado de Bien es mucho más difícil oponerse, hay que pensarlo mucho más, claro.   

martes, 21 de abril de 2020

LA IMPORTANCIA DE VER PELÍCULAS MALAS (CONFINADOS, DÍA 38)




   Quién, y más con la reclusión forzosa del ahora, brujuleando con el mando, harto de todo y de nada, no se topa con una película basta hasta decir basta. No se trata de que haya que verlas a propósito, no, pero cuando a una peli malorra asistamos, no debemos encabronarnos mucho. Primero, que a menudo te ríes y de ellas te burlas –si sólo disfrutas con ellas, si no te irritan un poco, malo- de lo pésimas que son. (Decía Cervantes que hasta del peor de los libros algo bueno se saca). Afinas el criterio, más allá de lo de los gustos y los colores, si tratas además de fundamentarte su engendro. Y segundo y definitivo, sólo el ver malas pelis, por contraste, nos permite calibrar el mérito y el valor de las buenas, su enjundia y arte. Es más “natural”, como todo en la vida, hacer malas que buenas películas, que son más difíciles, claro.  Y ya, si aprendemos a distinguir películas-que-parecen-buenas pero que son malas, ni te cuento.