Ayer, cuando nos anunciaba el Presidente la farragosa desescalada, me
acordé de Jose Antonio Ortega Lara.
Llevamos 47 días en nuestros pisos a
la fuerza recluidos. Nos sentimos mal, encarcelados, como atrapados en un Día
de la Marmota Idiota que aciagamente se nos repitiera cada mañana, entre
angustiados y hastiados, pasando por mil estados de ánimo, con las cabezas más
para allá que para acá, en una suerte de neurosis colectiva obligada,
extrañamente agitados, insomnes, deprimidos, desorientados del tiempo y de los
días, temerosos o bobamente risueños, ciclotímicos, hartos de todo y de nada
por no poder salir a la calle en paz y ver y abrazar a nuestros amigos, y eso
que estamos informados y que nos dejan ir a por el pan. Pues Jose Antonio Ortega Lara, hace ahora 23
años –madre mía-, permaneció confinado y secuestrado por los psicópatas
compinches de la banda de Otegui durante 532
días, año y medio sepultado en un mínimo agujero bajo tierra y sobre una
grúa hidráulica, imaginemos si podemos el calvario que allí debió él atravesar,
que pasó enfermedades varias, que intentó ahorcarse con los calcetines, que en
una piltrafa como las de Auschwitz los etarrones lo convirtieron, que cuando la
Guardia Civil lo liberó, en los primeros momentos, conejillo de etarras
aterrado, no quería ni salir del zulo, tan grande era el terror que le habían
inoculado… Que por puro azar, hace medio año, de camino a una tertulia con
amigos a la que asisto –imposible ahora-, este que aquí lees se lo encontró en
compañía de los suyos tomando el sol en una terraza madrileña y de lejos junté
las manos mirándole y enviándole así mi reconocimiento y mis ánimos, y que,
siendo yo nadie y sin conocerme de nada, me vio también él y me devolvió el
gesto cómplice, y que parecía milagrosamente recuperado, aunque vete a saber
qué procesión terrible y llena de ruidos y de miedos no arrastrará por dentro…
y eso, que hoy que nos anunciaban la desescalada, me acordé yo de Jose Antonio Ortega Lara.
jueves, 30 de abril de 2020
AYER ME ACORDÉ DE JOSE ANTONIO ORTEGA LARA (CONFINADOS, DÍA 47)
miércoles, 29 de abril de 2020
ESTO LE HUBIERA PREGUNTADO AYER YO AL PRESIDENTE (CONFINADOS, DÍA 46)
Buenas tardes, Presidente, mi nombre
es José Antonio Del Pozo y le pregunto para “escritores sin Nombre”… España
ocupa una posición de la mitad hacia atrás en el ránking de la OCDE,
organización formada por 37 países, en cuanto a números de Test PCR, que son
los que mejor permiten conocer si está uno infectado por el virus -y en consecuencia
ser tratado y aislado, o no- realizados en su territorio. Teniendo en cuenta que al Director de la OMS
en dramática reconvención todo se le volvió resumir en ¡Test, Test, Test!, y que somos el segundo país en número total de
infectados, y que sobre todo somos el primero
en muertos por porcentaje de población y en número de sanitarios infectados, el
hecho de que no se estén llevando a cabo estos test de forma mucho más masiva…
¿es porque no se puede (no llegan, no se producen los suficientes) o es porque
no se considera indicado hacerlo, como le hemos oído en rueda de prensa al
máximo responsable y autor de augurios erróneos, Doctor Simón? Dígale la verdad
a los españoles, Presidente. Trátenos como adultos. Muchas gracias.
martes, 28 de abril de 2020
AMANECER (CONFINADOS, DÍA 45)
(Ahí te mando unos ripios míos, por
si te gustaran o gustasen)
Quiero madrugar mañana
y salir descalzo al balcón
de la rosada aurora en pos,
para poder mirarle a los ojos
que sólo entonces se deja el sol,
cuando el azul vivo va abriéndose
paso
la luna dormidita en su albornoz
el primer vuelo de la alondra
el baldío empapado de frescor
la amapola que inicia su danza
ese pálpito de la esperanza
más allá del virus traidor
abrir ahí bien los pulmones
respirar en paz ese prodigio
inminencias, luz y resplandor
sorprender yo, que soy tan viejo,
al sol como un infante radiante,
balbuceo, ilusión y rubor.
lunes, 27 de abril de 2020
TE MANDAN A LA P CALLE (CONFINADOS, DÍA 44)
“Te contratan para enfrentarte con el
bicho sin casi material de protección, ahí que te lanzas, te contagias casi
seguro, claro, y en cuanto baja un poco la marea, zasca, no te renuevan el
contrato, van y te mandan a la p casa”.
No decía la palabrota, no, sólo la insinuaba muy bien en la boca, con
elegancia admirable, muy superior a la de cualquier grosera Celebritie del
momento –más celebrities cuántas más vulgaridades escupen-, y ello a pesar de
estar ella misma afectada por el despido, imbuida de esta manera su persona de
una dignidad envidiable y emocionante. Así
más o menos, acaso mejor que lo que yo transcribo, lo contaba una enfermera, o
ayudante, no sé, en el telediario de ayer o antes de ayer, con indignación justa
y mirada abatida, y dolía el escucharla y ver cómo toda su razón valía para
nada. ¿Cómo no se le remueven las entrañas a los Políticos –a unos y otros-
ante estas cosas? ¿Es que no tienen corazón? ¿Qué ejemplo de renuncia verdadera
han dado ellos? ¿A cuántos paniaguados asesores han mandado a trabajar en algo
productivo? ¿Cuántos Altos Cargos se han rebajado el sueldo? ¿Cuántos liberados
sindicales se han presentado al trabajo y han dejado de lado la sopa boba, no,
la Mariscada gansa? Daba mucha rabia escuchar a esa mujer, la verdad. Chupones.
domingo, 26 de abril de 2020
CON EL SUEÑO CAMBIADO (CONFINADOS, DÍA 43)
Ceno en la cocina, con chándal
chavista ataviado, un trozo de queso, pan y un par de peras. Tal que un
marqués, yes. Muy ricas las peritas, oui. Me voy luego a repachingarme sobre el
chapucero balancín que te conté. Dan en la tele una comedieta española de la
década pasada, creo, sobre tres o cuatro parejas de mediana edad
contemporáneas, complacientemente retratados. Casi todos y casi todas se son
infieles en secreto; alguna, casada, se lo hace de vez en cuando con mujeres
también, discuten un poco todos entre sí, se ríen, celebran los cumples, qué
entrañables quiere decirnos el director. Qué existencias más estúpidas, digo yo.
Hacia el final me quedo traspuesto. Hmmm, pero qué sueñito más dulce. Cuando
abro los ojos están poniendo otra, a medias ya, ésta de un detective, que se
vuelve paranoico siguiendo por encargo a una señora supuestamente misteriosa
que también engaña a su marido, vaya por Dios. La historia desbarra por unos
vericuetos inverosímiles y violentos, pero como no tengo sueño y el resto de
canales están aún peor, aguanto el chaparrón. Las dos y pico. Me largo por fin
al sobre. Los ojos like platos, claro. Vueltas pacá, vueltas pallá. Voy
a acabar como el detective. Sin querer me vienen al coco episodios de mi vida
de los que casi ni me acordaba. Ahí tuve
que hacer eso, joder. Bah. Más
vueltas. Calor. Dos patadas al edredón. Tic, tac. Yo, en pijama azul, encogido
sobre el colchón en la penumbra de la habitación. Me estoy viendo, como si
pudiera salirme del cuerpo y contemplarme así desde la ventana. En vertiginoso
zoom ascendente, veo luego mi bloque entero a oscuras, lleno de ventanitas
abiertas como la mía, con sus inquilinos acostados, soñando qué, mi barrio, igual, miles de ventanas, la noche,
su misterio, esa rapsodia, mi ciudad, mi región, mi nación, mi continente, la
Tierra Madre, el Universo entero desde los confines refulgentes de la Vía
Láctea… y des-pa-si-to el viaje de vuelta ahora… hasta el cielo estrellado
de mi barrio de nuevo, sí, ese puntito sobre el camastro soy yo, con mi pijama
blue, con el blues del que no puede dormir. ¿Me acordaré mañana de escribir
esto? Tic, tac… Me despierta el despertador, que para eso está. Cansado. ¿De
qué? Tanto viaje, claro. La radio, el café, el móvil y su guasa, hay sol, el asomarme un rato al
balcón. Estoy después más de una hora con un libro sobre los escritores
españoles antes de la Guerra Civil que me regaló M. Muy interesante, aunque no
puedo evitar un par de cabezadas intermedias contra el sol del cristal. El
parte del dudoso Doctor Simón, después. Comer cualquier cosa. Fregar los dos
cacharros. El telediario. A la mitad me quedo sopas durante un buen rato. Me
estiro y hago ahora mis abluciones, fíjate. Iba a hacer siete flexiones… y hago
tres. Leo una poesía de Trapiello. Me levanto. Miro la carretera tras la
cortina. Camiones roncantes. El vacío de la tarde luminosa que se extiende
majestuosa e inclemente. Suspiro. Pienso y no pienso. Siento y no siento.
Existo y no existo. Yo, hasta que no deje de morir gente, ya te lo dije, paso
de aplausos. Abro el ordenata, como un
pianista lo suyo, como un sicario su estuche, como tus ojos tú, y me pongo. Si encuentro inspiración, guau, me
alegro de conocerme. Si no, me deprimo un poco… y me pongo a mirar el techo,
que ya tiene rajas. Aplasto dos, tres mosquitos. Tacones almodovarianos en el
piso de arriba. Voy a acabar como el detective, si el confinamiento no acaba
pronto. Lo pienso sólo por darme importancia, no creas. El queso, las peras.
sábado, 25 de abril de 2020
PENÚLTIMAS TRUMPADAS (CONFINADOS, DÍA 42)
Lo de Trump en rueda de prensa ayer,
sugiriendo inyectar de forma directa desinfectante a los enfermos, abucharando
y abochornando encima allí mismo con esa gruesa parida a la experta de su
gobierno –que se le vio tragar saliva a la pobre-, por más que en agua de
borrajas quedara, fue una muy repulsiva escena, propia de un botarate e indigna
de un Presidente de los USA. Trump (no es ni mucho menos el único gobernante
fulero, ni el más peligroso, pero resulta atroz verlo desempeñando esa
Magistratura), lo hemos escrito aquí ya en otras ocasiones, nos parece la
cristalización suma del homo gañanis, el prototipo
específico y morrudo de esta malhadada época, el producto de la fusión de la
Telebasura –discurso dominante hasta el punto de conformar Sociedades de la
Telebasura y de las Celebrities- con la remoción de las más rastreras pasiones
que el anonimato y el vértigo tribal –populismo- de las redes asociales procuran.
Ojalá hubiera quedado Trump a cal y
canto confinado en uno de esos infectos
reallities que tanta fama le dieron.
viernes, 24 de abril de 2020
SABRINA OTRA VEZ (CONFINADOS, DÍA 41)
La tenía ahí, en un rincón, medio
olvidada, bah, como cosa ya vista y amortizada. Confinada ella también sobre un
dvd polvoriento. Como ahora, por mor de la reclusión obligada por la pandemia,
sobra y falta el tiempo, se estira y se encoge, se estanca y se apalanca, me
puse de nuevo a ver “Sabrina”, el clásico de Billy Wilder. Y qué gozada. De
nuevo el prodigioso manejo de Wilder con la comedia, ese género maestro para
expresar el haz y el envés, la máscara y la verdad envueltas y revueltas de que
la vida en sociedad está hecha. Ya tú sabes: Hepburn en plan Cenicienta entre
dos hermanos riquísimos, a cual más manipulador –un calavera seductor, el uno,
el otro, un maquiavélico industrial- a
los que enamora y de los que se enamora, y el choque de los estatus sociales,
del qué dirán, y el ingenio de las situaciones, divertidísimas, y el
cuestionamiento de los valores, y el cambio de las personas, el instinto de
libertad y el peso de los sentimientos… Todo un festín para el espíritu. Y
Audrey, que resplandece en cada plano, tanto, que los mismísimos Bogart y Holden,
mayorcísimos a su lado, ni patrás
cuelan en esos papeles. Claro, que a Hepburn le pones, qué sé yo, a Brad Pitt y
a Di Caprio ahí, y da lo mismo. A su lado, al menos pur muá, todos palidecen. Hepburn
vive, la distinción sigue.
jueves, 23 de abril de 2020
DÍA DEL LIBRO: LAS ROSAS, EL BOBO, CONFINADOS (CONFINADOS, DÍA 40)
Amor, humor, ilusiones,
vulnerabilidad, ternura, tantas historias bonitas... las Rosas, el Bobo, no
quieren ser dos libros más, son cosa viva, y palpitante, y quieren quedarse a
vivir entre el corazón de sus amigos, ahí confinados, sí. (Y que no son caros, 18 E los dos juntos,
envío incluido, y que te los pongo, personalmente dedicados, en casa, en cuanto
nos levanten la clausura, va, no te olvides)
miércoles, 22 de abril de 2020
IDEAS, QUE PARECEN BUENAS, PERO QUE SON MALAS (CONFINADOS, DÍA 39)
Corolario obligado del decíamos ayer: Hay también que leer -y
pensarlas- de tanto en tanto ideas malas, que al menos así las juzgas tú.
Ejercitas la razón, tus pensares, rompes tu narcisista unanimidad, contrastas y
oxigenas tus ideas, aunque sea para reafirmarlas, vaya. Lo de Cervantes de
nuevo aquí, please. Lo que añadíamos también allí. Muy especial importancia
tiene, a mi juicio, en el capítulo de las ideas – esas que aspiran a
materializarse en la vida de todos-, el aprender a distinguir
ideas-que-parecen-buenas… pero que son pésimas. Decía André Gide que sólo con
buenas intenciones salen novelas malas. Diría el muá que sólo con buenas
intenciones (en apariencia tan humanistas y filantrópicas, tan seductoras y
utópicas, que nadie bueno podría en principio oponerse a ellas) salen
realidades políticas horribles. Al Mal encantadoramente disfrazado de Bien es
mucho más difícil oponerse, hay que pensarlo mucho más, claro.
martes, 21 de abril de 2020
LA IMPORTANCIA DE VER PELÍCULAS MALAS (CONFINADOS, DÍA 38)
Quién, y más con la reclusión forzosa
del ahora, brujuleando con el mando, harto de todo y de nada, no se topa con
una película basta hasta decir basta. No se trata de que haya que verlas a
propósito, no, pero cuando a una peli malorra asistamos, no debemos
encabronarnos mucho. Primero, que a menudo te ríes y de ellas te burlas –si
sólo disfrutas con ellas, si no te irritan un poco, malo- de lo pésimas que
son. (Decía Cervantes que hasta del peor de los libros algo bueno se saca).
Afinas el criterio, más allá de lo de los gustos y los colores, si tratas
además de fundamentarte su engendro. Y segundo y definitivo, sólo el ver malas
pelis, por contraste, nos permite calibrar el mérito y el valor de las buenas,
su enjundia y arte. Es más “natural”, como todo en la vida, hacer malas que
buenas películas, que son más difíciles, claro.
Y ya, si aprendemos a distinguir películas-que-parecen-buenas pero que
son malas, ni te cuento.
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