Hoy soñé... que daba yo un aldabonazo de rosas y de labios contra las puertas mismas de tu pecho. Y que tu corazón ante mí entonces se abría, claro.
política, literatura, cine, sociedad
Hoy soñé... que daba yo un aldabonazo de rosas y de labios contra las puertas mismas de tu pecho. Y que tu corazón ante mí entonces se abría, claro.
(Eso me preguntaron en la Radio)
Es dolorosamente cierto que muchos seguidores, al hablarles de mi libro, te sueltan… y para qué querría yo un libro que recree la belleza y la vileza de lo que nos rodea. Es cierto también que otros cuantos me faltaron a su palabra. Bueno, eso duele. Pero también es la verdad que he encontrado aquí, sí, y me siento honrado con y por ello, un racimo de personas generosas y sensibles a mi escritura y a mi trabajo. Con sólo unas CUÁNTAS más, mis mejores y más humildes ilusiones se verán colmadas y podré terminar mi libro de poemas. Va. Gracias de las de verdad a cada una de ellas.
Nada más parecido a un bonito sueño que un buen libro.
Y esto tan precioso escribió Lenika, estupenda escritora y gran cinéfila, a propósito de mis HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS:
Miré los muros de las rosas mías… y esto más reciente hallé. Gracias, amig@s. (Y perdón, perdón y perdón, si algo bonito de alguien más bonito se me pasó, me lo dice, porfa, y enseguida aquí lo pongo, no hay mala intención, de verdad, es que soy un poco desastre para compilar elogios)
Es verdad, las personas que hoy en día piden, compran y leen buenos libros de escritores sin Nombre atesoran sobre sí un mérito extraordinario: se precisa mucho criterio y mucho coraje para, en medio de la Telebasura y la chabacanería viral audiovisual reinante, pararse y aislarse un rato de todo para impulsar y disfrutar las genuinas creaciones de esas almas en precario que son los escritores sin Nombre. Mis lectores son RESISTENTES, resistentes a estos tiempos bárbaros, les llevo conmigo en lo más hondo del corazón, y me recuerdan a los emocionantes héroes de Fahrenheit 451 que, prohibidos los libros, se refugiaban en los bosques y se aprendían de memoria los mejores para que no se perdieran. Para que no nos perdiéramos. Thanks.