Escuchen flamencos y valones
óiganme vikingos y teutones
la nueva que les vengo a relatar,
de cuánto en la tórrida España
con picaresca y buena maña
a la vida se le puede entrometer…
y también entresacar.
No lo canta por cantar este juglar
lo replican las pantallas sin cesar
lo asevera el yutub una vez más,
que presentóse Placer a la alcaldesa
con súbita calentura de sorpresa
por la propia puerta de atrás.
Que por mayo era por mayo
cuando pica la calor,
cuando le apretó a la regidora
desbordado un íntimo ardor,
que no le dolieran prendas
en exigir allí pronta satisfacción.
Estaba toda Navarra en calma
mas bramaba la dueña en pleamar
tanto que ordenóle a su ayudante
allí tan gentil, presto y piafante
que raudo le presentara
sus armas de ensartar pero ya.
Bajáronse de corrido las sayas
amagaron rito de acoplamiento
y pronto entre alcaldesas nalgas
acaso para su contento
puso el chambelán la pica en Flandes
en procaz y público ayuntamiento.
Y contra aquellas doradas almenas
caldeadas por un sol monumental
sin moros en la costa que ellos vieran
veloz el garañón y servicial
por las ancas de lo lindo
empezó la alcaldía a barrenar.
Adorna a la doña alcaldesa
dura fama de muy estricta,
de toda la oposición invicta
con quien suele habérselas tiesas,
mas en tiempo de pura holganza…
a su intendente cátale tras de sí
oh, divino frenesí,
la dureza de su lanza.
Con qué ahínco y arrojo
el semental entre la grupa se ahincaba
parecía un negro torito loco
que contra el muro la empitonaba,
muro de lamentaciones y de gozo
pues la doña en ayes se derramaba.
Recordaba el brioso adjunto
la figura del mítico Almanzor
su genio y su bárbaro impulso
su abrupto celo invasor,
dando por retambufa a una cristiana
cual hacía con sus barraganas
haciéndole probar íntegro
el vivo hierro de su pundonor.
Fingían la alcaldesa y su esbirro
los accesos a Olite vigilar
camuflando el trasero fornicio
que entre ellos acababan de trabar,
cara al sol ese estallido de lujuria
que a los dos apareaba sin piedad.
Pero al cabo derrumbóse el disimulo
incapaz ya de al deseo sujetar,
rompióse en gemidos la alcaldesa,
hasta se le desmayó la cabeza
rindiéndose de puro salaz
al más que dulce tormento
que la abrasaba por detrás.
Mas no pasará esta fugaz coyunda
a ningún libro del Buen Amor
pues ni un asomo de ternura
regalan los figurantes a la ilusión
ni siquiera acariciarse el pelo
ni un tan solo beso al por menor.
Pues en todos los antiguos romances
y lo mismo en el Decameron,
junto a la jodienda placentera
brotaba un requiebro de amor;
parecen estos chuscos bruscos
concursantes de televisión.
Lo peor del todo fuera
si la nuestra más Alba Duquesa
embelesada en la trama aviesa,
ahora con su ansia casadera
se contagiara de tal furor
que no veo yo a nuestro consorte
por mucho que haga deporte
al hombre por la labor,
pues es lo suyo sin muesca
incontaminado y platónico Amor.
Y a los acémilas de Olite
qué les dice este juglar,
que vaya con la alcaldesa
a qué prendas al sol le gusta jugar
que prueben con loctite
y no se podrán ya despegar,
así darán rienda suelta
a su pública manía de copular.
Y vierto ahí ya el romance
de la alcaldesa en morboso lance,
contra el muro de tortura del feisbuk,
que les están ahora dando a ellos
después de bien comello y bebello
por todo el santo yutub,
y por groseros y por zafios
bien merecen epitafio,
el que uno con tino puso
a los cándidos amantes de Teruel,
tonta ella y apencando un palmo atrás
…también muy tonto él.
(Post/Post: con lo que bien se demuestra, amado lector, que al igual que en el rascar, todo es ponerse y empezar. Hablamos de poessía, naturalmente)


