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miércoles, 29 de marzo de 2017

Pedroche y Buenafuente, cómo ser multimillonario de izquierdas y vivir tan contento




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      O Pedroche y Buenafuente, que tanto montan, que montan tanto. Como aves precursoras de la primavera del género humano han coincidido ambos dos en señeras publicaciones cantándole al mundo la tierna bondad inherente al ser de izquierdas. Así Pedroche (La Vanguardia 25-3-2017), mira, “ser de izquierdas es querer el bien para todo el mundo”. Bueno, tiemblan Marx, Engels y la Pasionaria ante tan navideña taxidermia, eso son transparencias… intelectuales y lo demás tontunas. Veinticinco siglos de reflexión política para llegar al villancico más sectario que imaginarse pueda, pues se colige que, en buena lógica, ser de derechas y desear el mal del mundo entero uno y todo ha de ser. Espera, espera, que viene Buenafuente, ese gran Comunicador, a remachar el christma (El País 26-3-2017).
        Se arranca Buenafuente por sociologías: “Hay más gente llana y currante que poderosos”. La gente, la gente, la gente llana y currante frente a los poderosos, adelantando ya la de buenos y malos. ¿En qué clase se autocolocará él? Qué preguntas. ¿Acaso no nos ciega el resplandor de su humildísima bondad? Va, tío, come on, danos ya en El País -¿poderosos, dices?- la verdad nuestra de cada día: “Si el mundo fuera normal, la mayoría sería de izquierdas, sin acritud. Buscarían la justicia social, oportunidades para todos, salud, educación. Pero el mundo nunca fue normal”. Vaya por Marx, que se nos ha puesto el christmas tristón. Acabáramos: el entero mundo es anormal y, por eso ha de ser, no acaba la mayoría en su normal ser de izquierdas. ¡Oh! Y qué es entonces ya lo normal, qué lío, tío. Unos anormales la mayoría, desde que el mundo es mundo, que no quieren ni justicia social, ni salud, ni oportunidades, ni educación para todos. Educación, sobre todo eso, Buenafuente, educación.  Lo real es anormal, viene a apuntar Buenafuente, más listo que Hegel. Tiemblan aquí Bakunin, Lenin y Kropotkin, que no alcanzaron ellos tan penetrantes discernimientos.
      La eterna melopea de autoestima en que a menudo levita el bondadosísimo de por sí ser de izquierdas, en Pedroches y Buenafuente, tan pedrestres y ramplones en su expresar, además de reflejo de estos tiempos cenutrios,  es burda contorsión también del elitista grupo que sociológicamente ellos simbolizan para, siendo multimillonarios tan pronto, poder seguir disfrazándose de pobres, a su lado siempre, famélica legión ellos dos también. Pero, qué buena gente ellos dos son, leche. Ha llegado la primavera al Corte Roures.
  
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martes, 29 de marzo de 2016

Pedroche y la Izquierda, o sea, el Bien





    De su boquita perecedera ha soltado la Maja de la Sexta en una interviú una de esas frases que piden la eternidad del mármol:
   “Ser de izquierdas significa querer el bien para todo el mundo”.
     Apoteosis de la gansada naif, por supuesto, pues ni siquiera se okupa en señalar, en estos tiempos de la deliberada Política del Odio ultraizquierdista, a los cuatro Malos Malísimos culpables de todo, y máxima mínima que quizás debería la cadena en que labora esta Maja pensante acoger como sobreimpresión continua en la pantalla, para que el PP vaya y les felicite.
     En su burda simplicidad, la genialidad de la Maja quintaesencia a la perfección –meollo del cogollo del repollo- el obsesivo similiquitruqui en que basa la troupe izquierdista su ascendencia sobre el inconsciente colectivo de la mayoría, es decir, sobre el modo con el que aparentemente de forma natural la gente piensa luego la Política, especialmente entre los apolíticos, entre quien la sigue de lejos, en fin, entre la gente de la cultura.
   Quieren el Bien… porque son el Bien, claro, se deduce automáticamente de ese dechado lógico-filosófico, pues qué mala persona, a ver, querría el mal para todos. La significativa definición, latente siempre en el discurso izquierdista, a modo de mágico talismán te coloca automáticamente en el bando de los justos y de los mansos de corazón, es decir, te concede, con independencia de tus actos y de tu real status, bula de automática bonhomía, viático ideal de la vida y de la muerte –pues se aseguran así una posteridad bárbara en el alma del Pueblo por siempre jamás-, sobre todo para progres acomodados, fetiche éste que les permite el gozoso solipsismo de la verdadera élite en que consisten.

   Así es que… ¿reproches a la Pedroche? , ¿qué decirle a la Maja pensante de la Sexta? Pues que olé, venga, di tú que sí, maja, con un par, que no decaiga la eterna melopea de la más guay autoconciencia en que sobrenadáis, amnióticos embriones del Bien, encantados de haberos conocido en medio de este mundo tan cruel que sin vosotros es que sería inhumano, indigno e innoble.  


 RESUMEN DE “LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS”

   Me preguntaban ayer, “bueno, vale, ¿pero tu libro de qué va?”. Me hubiera gustado contestar lo de Woody Allen a propósito de “Guerra y Paz”: “Va de Rusia”. Decirle yo: “Va de las ilusiones”. Pero al escritor sin Nombre ni Contactos, esos lujos le están vedados. Tuve entonces que pensarlo.  
   Mi libro cuenta la historia de un cuarentón al que su mujer, que ha encontrado otro más alto, más fuerte y más guapo que él, le señala la puerta de salida de casa. Descubre entonces de golpe su minusvalía emocional: un paria en la tierra de los afectos. De cuanto le ocurre después, cuando ha de salir al mundo, que le es ancho y ajeno, para superar su zozobra, para engañar a su desconcierto. De lo duro que se le hace ese aprendizaje elemental de la supervivencia afectiva. De cómo hallará en la propia escritura, y en los humorísticos y sentimentales encuentros y desencuentros de la realidad, a trancas y barrancas, la brújula que le permita hallar al cabo su lugar al sol,  una imagen aceptable de sí mismo, y levantar así el muro de la obturación interna que le impide ver la belleza y el propio absurdo del mundo y de la vida, que es lo único que tenemos. De eso, de esas ínfulas buenas trata mi libro.

Pídemelas en josemp1961@yahoo.es    .  Precio: 10 euros por correo ordinario. Por correo certificado, 15 euros. No hace falta que me des tus datos. También lo envío a cualquier lugar público –no sé, una cafetería, tu banco, un local amigo-.