Se entiende el drama de un desahucio. Se comprende de sobra la tragedia
que comporta un suicidio. Qué extraño es todo. El clima de histeria que existe, y que a toda
costa se busca crear ahora, y que se propaga como un reguero inflamable entre
una sociedad de pendulazos, cuando antesdeayer, con muy similar énfasis lírico, se defendía el
irrenunciable derecho a la eutanasia, y hasta al suicidio, que deberían los
poderes públicos reconocer y casi amparar ¡YA! ante situaciones en las que es
el sufrimiento de difícil remedio.
¿Resulta entonces una provocación intolerable el sostener que hay muchas
desgracias peores que la de perder una casa? Y claro que a todos se nos encoge
el cuerpo ante las desesperadas situaciones a las que aboca esta espantosa
crisis a la que no vemos fondo, frente a la que una sociedad hiperconsumista
–muchos de cuyos miembros han desalojado de sus memorias el recuerdo de épocas
de carencias, o directamente no las han conocido- carece de resortes psicológicos con que
encajarla.
Pero es que además el caso de Baracaldo,
las circunstancias que lo envuelven, para nada entran en el desarrollo del
pretendido guión miserabilista. ¿Cuáles son los verdaderos motivos que deciden
un suicidio? Se puede comprender la conmoción de los vecinos ante la tragedia.
Se puede explicar, en el clima de Indignación
ambiente, el que grupos políticos interesados quieran explotar pro
domo sua ese espanto, o que Superprogresistas
Cinco Estrellas ofrezcan el espectáculo de su graciosa solidaridad. Lo que es ya difícilmente explicable es que el Juez encargado de acudir a levantar el cadáver, es decir, a
realizar su trabajo, reclame la presencia de los media y con voz quebrada
por el llanto lleve a cabo una estrepitosa reivindicación política y
corporativa a un tiempo.
Mira que desde hace treinta años habremos presenciado crímenes
espantosos, asesinatos con ensañamiento indecible sobre menores y a traición
después de haberles sometido a horribles sevicias, o los perpetrados por
bárbaros salvajes sobre mujeres indefensas, por no hablar de las más cobardes
mutilaciones y asesinatos por cuenta del tiro en la nuca y las bombas de los
terroristas del nacionalismo extremo. Muchos de ellos recientísimos, de
extraordinaria crueldad y en la memoria de todos. En ningún caso, que uno sepa, viérase al Juez de turno derramándose en lágrimas y juramentándose en nombre
de su profesión a acabar a través de iniciativas corporativistas con aquellos desmanes.
Nunca vióse Señoría tan contrita. Son profesionales, claro, venía a entenderse.
Jamás se vió un numerito parangonable al desarrollado por el Señor Juez ante el suicidio de la ex
-concejal de Baracaldo desahuciada. En
el mejor de los casos parece una palmaria demostración más de la horrible
confusión de roles en el desquiciamiento general al que asistimos.
Post/post: gracias a Winnie0, a Carlos, a Aspirante, a CLAVE, a Juante, a Napo, a Titania, a Victoria Luque, -qué alegría saber y recoger las palabras de mis más antiguos coleguis blogueros- a todos por dejarme la compañía valiosa de sus palabras, por bloggear en domingo conmigo, GRACIAS.

