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martes, 8 de octubre de 2013

Mi Ideal de vida



    Me gustaría de mayor ser George Clooney, el Gotha progresista que él representa. Sostenía Woody Allen, graciosillo, que desearía él reencarnarse en las manos de Warren Beatty, el mítico seductor de miles y miles de mujeres, ante sus encantos rendidas y licuadas. En realidad esa preferencia de Allen sólo revela su mezquino trasfondo hedonista e individualista. Lo de Clooney, dónde va a parar, es, en todos los órdenes que sopesan la valía de lo humano, infinitamente superior.
      
   A una mucho más numerosa cohorte de mujeres a sus pies encantadas –lógica cosecha de la mundialización de la economía cinematográfica- añade Clooney una incomparable superioridad de orden moral, es decir espiritual, pues, sobre el temporal abrazo de tanta carnes, abraza Él además, siendo inmensamente rico, la Causa de los débiles, de los humillados, de los infraproletarios del mundo en estos tiempos perrunos. La cuadratura del círculo, pues: aborrecer el genocida sistema capitalista y a la vez vivir en Beverly Hills le parece a uno toda una anagnórisis brutal: la Consumación de los Tiempos, vamos.  
       
   Dijo Maribel Verdú, representando quizás a los clooneys de aquí, cuando los Goya, después de acordarse de las pobres gentes que por causa de la crisis ha perdido sus vidas, que es este en que vivimos un Sistema podrido que permite a los Ricos robar a los pobres. Podría pensarse entonces que se reduce todo –como siempre, digas tú lo que digas- a un mundo dividido entre bienaventurados pobres y odiosos ricos, estos que, como sabemos, la misma posibilidad que un camello de pasar por el ojo de una aguja tienen ellos de entrar en el reino de los Cielos. Pero no. Hay una clase de Ricos divinos que reinan además en los corazones de las muchedumbres: los Ricos solidarios.
     
   Los Ricos progresistas son los auténticos Héroes morales de nuestro tiempo: sus inmensas riquezas en nada difuminan el aura de su sobrenatural bondad. ¿Acaso no firman mil y un manifiestos en pro de los desheredados de la Tierra y de la Dignidad del ser humano? ¿Acaso no exigen a los gobiernos, insobornables y vibrantes las poses, unas políticas más socialistas? ¿Acaso no actúan gratis et amore para mil y dos oenegés? ¿Acaso no pagan ellos sus impuestos? Son solidarios, so berzas.
     
   Cómo comparar esa descomunal estatura moral, esa generosidad y esa entrega sin fronteras al Mundo, con la avarienta y rácana mentalidad pequeñoburguesa del explotador tendero de la esquina.  Los Ricos progresistas acumulan así sobre su humanista figura todas las cimas del prestigio, material y espiritual a la vez: gozando de las ventajas terrenas de una existencia opípara y elitista –los Impuestos, aun siendo casi confiscatorios, en fenomenal misterio en poco menoscaban al cabo su real status de vida - son venerados además desde el fondo del corazón por las más pauperizadas muchedumbres.
    
   Y si además son guapísimos, si a su paso se les derriten a diestra y a siniestra, patricios y plebeyos, intelectuales e ignaros, ni te cuento. Por si lo anterior fuera escaso dividendo, se aseguran encima la Buenaventuranza futura: la Historia sin duda les registrará para siempre  entre el puñado de almas más nobles y altruistas, visionarias y comprometidas siempre con los anhelos de un mundo mejor y más justo, toda esa música celestial para el arrullo de las generaciones venideras.

     De ahí, ya te digo, lector, toda la nostalgia agazapada en el espíritu de uno por, caso de tener una segunda oportunidad sobre la Tierra, ser  todo un  Clooney.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

martes, 19 de febrero de 2013

Repompa y circunstancia de los Goya


   
   Se ajustó al milímetro la faraónica Noche de los Goya al sobadote guión de los tristes tópicos del Trópico Progre, ese temending topic. Si en el previo de los Premios Forqué se chotearon ya a coro del Ministro Wert, diéronle antesdeayer, a él y a su gobierno, hasta en el velo del paladar. ¿Tiene bastante, señor Ministro, o aún va a seguir mendigándoles su aceptación? ¿Le ha quedado clarito que NUNCA, por más que haga, por mejores que del cine hispano sean este año los datos, será uno de los nuestros?
    El Discurso de la Noche corrió esta vez a cargo de Maribel Verdú, en estas honduras debutante. Había ella triunfado como la madrastra de Blancanieves, mas en fenomenal desdoblamiento quiso ahora encarnar a Juana de Arco… del Arco del Triunfo rutilante de la Humanité. Así, tras la pequeñoburguesa  emocionitis  por su particular éxito echó a los cuatro vientos del prime time su filípica que por todo lo alto acababa:
     “… un Sistema, quebrado, injusto y obsoleto, que permite robar a los pobres para dárselo a los Ricos”.
   
   Vínose el auditorio abajo, claro. Volvíamos, con lo de los ricos y los pobres, a los términos tan caros a cierta izquierda redentorista, recuérdese el celebérrimo Discurso del Viento zetapeico. Que digan así los miserables de carne y hueso tiene pase, que enarbolen fatwas de ese jaez aquestos Miserables de Cinco Estrellas manda gabilondos, sí.
   
  Y es que resulta que el sarao-mitin anti-Sistema de los Goya precisamente patrocinábalo esta vez el más indiscutible y universal símbolo del Sistema del Mal… la Coca Cola, chico, como tú lo oyes. Y más aún diabólico resulta que el flamígero discurso anti-Sistema justamente nazca de boca de la Musa recién contratada por el Corte Inglés -¿existe en España símbolo mayor del Sistema?- para publicitar la dudosa mercancía de sus rebajas. Pero peor aún, más luciferino resultaba todavía el aquelarre aquel de Ricos y pobres teniendo allí a la vera al multimillonario Bardem, directamente de Hollywood venido, creo, cuyo penúltimo caché, por protagonizar la enésima secuela del alienante entretenimiento promovido por el Sistema –el 007- alcanza los 10 millones de euros por bodrio.
   Entonces, Maribel Verdú, ¿de qué pobres, de qué Ricos me hablas tú?   





LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS (Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

sábado, 7 de enero de 2012

El festín de los cincuentones (UNO)


     Y bien, arriba, sobre el distrito de Argüelles, la Mañana no era la prometedora chavala que in the Metro se prometía. El sol flojeaba ya algo, como una gaseosa rumbosa que pierde el gas por momentos. Estábamos en noviembre, claro. Algunas nubes pardas oscurecían con sus harapos ese encanto radiante. Pasé frente a un par de librerías huérfanas de público. Se levantó además un aire antipático que obligaba a tensar el gesto. Se ve que el viento sí que iba a juego con la Crisis general. Sólo faltaban los remolinos de polvareda y hierbajos de las pelis de la gran Depresión. Eran casi ya las dos y los comercios estaban vacíos, con pinta de no haber recibido además un solo cliente en toda la mañana. Bueno, yo iba a una alegre comida de cuchipanda con antiguos camaradas facultativos y cincuentones, qué podía en el fondo importar todo eso.
     De camino hacia el restaurante recordé –puede que al paso de las mismas nubes pasajeras- los lejanos días universitarios, cuando, con motivo de algún horario de clases atravesado o de una despedida de trimestre, nos quedábamos a zampotear en el bar de Aeronáuticos. Éramos siete u ocho y el menú del día no debía costarnos más de ¿veinte calas? Pasábamos con la bandejita por la barra y aquellas lentejas, más dos salchichas con huevo y patatas, el pan, la manzana y un vaso de agua nos sabían a la gloria bendita misma. Además, que, Juan Luis, con su desparpajo natural, se tenía camelada a la chica que nos atendía siempre y nos llenaba ella un poco más el plato que a los demás. O de eso al menos Juan Luis nos convencía.
     Aquella chica morena, con ojos grandes y cara a lo Maribel Verdú, era muy seria y diligente en su trabajo, pero a Juan Luis, un remolino de simpatía, es que le reía todas las coñas. Los demás, claro, le envidiábamos mucho eso a Juan Luis y por eso mismo le proclamábamos a la vez el informal líder de nuestro grupo. Luego, tras jugar un rato a los chinos entre el cachondeo general, nos largábamos con viento fresco. “Adios, guapa”, restallaba la voz jovial y la sonrisa arrolladora de Juan Luis, hacia aquella Maribel Verdú de nuestras aeronáuticas memorias dirigida. ¿Hace falta añadir que, por atareada que se encontrara, hacía siempre ella un alto en su quehacer para devolverle el saludo y la sonrisa? Qué cabrón, qué tiempos… ¡Basta!
      Por suerte, el estruendo del cierre de un comercio me apartó justo entonces del veneno de la nostalgia, y de los pegadizos caramelos que en el paladar de la memoria la misma instala. ¿Cómo pueden en ese momento saber los universitarios, si por ley de vida ignoran todo, que son esos los mejores días de su existencia? ¡Basta he dicho! Muchas gracias, señor antipático comerciante, por tener un cierre en su tienda tan horrísono que revuelve las meninges y le salva a uno así de la trampa morfinómana y letal de la melancolía. ¡A comer, ostias, se acabó!   …   CONTINUARÁ