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viernes, 8 de octubre de 2010

Sebastian y Montoro se lucen de nuevo

    
      Los políticos –algunos más que otros, cierto- se chotean del personal sin cortarse un pelo. Ahora Sebastián nos vuelve a subir el recibo de la luz y Montoro, su partenaire en el PP, es que ni pía. Pero… ¿y el superferolítico acuerdo anunciado por ambos a la ciudadanía ¡a finales de julio! y ante cientos de  cámaras por el que se congelaba la subida? Se le avisó a Montoro de la estupidez intrínseca en esperar cierto respeto a lo acordado con según quién. La clientela progre no sanciona la mentira, lo sabemos de sobra, pero que no pretendan también hacernos comulgar con ruedas de iberdrolas a quienes no pastamos por esas dehesas. No espabilan nada los dirigentes pepeicos. O espabilan demasiado, según como se vea. Seguro que de haber sido a la inversa, el Señor de las Dos Bombillas, cual sumisa geisha zetapeica, hubiérase callado, seguro. ¿Cómo se puede despreciar tanto al respetable? Es difícil encontrar una prueba de mayor descaro gubernamental, refrendado como en este caso, por la propia y estólida oposición.
      
     Lo más grave es la falta de pudor, el mínimo sentido del ridículo y de la decencia propia ante la reiterada escenificación de los más aparatosos embustes. Eso es lo que en ellos vale la palabra dada. No se respetan a sí mismos, cómo habrán de respetar a nadie. Venderían a su abuelita moribunda con tal de seguir en el candelabro. Deberían pagar políticamente el par de figurantes que hoy nos ocupa por ello, que hasta casi da vergüenza ya el decirlo. Merecerían que una plataforma ciudadana les vituperara en público, que unos piquetes “convencitivos” de ciudadanos libres les soltaran cuatro frescas a la cara. Es inenarrable y bochornoso el espectáculo ofrecido a los paganos ciudadanos, más cruel todavía el timo en el contexto de la miseria creciente en familias y pequeñas empresas. Es escupirnos en la cara a todos sin excusarse siquiera.
    
      No me gustaba mucho el señor Labordeta –algún programa de la mochila, sí-, ni sus formas insultonas –es bien sabido, las palabrotas faltonas, en un progre, son siempre “entrañables”, en alguien de derechas son indudablemente “fascistas”, que es que les encanta el vocablo, lo cortan/pegan para todo-,  pero lo que a uno le pide el blog, ante Sebastián y Montoro, Montoro y Sebastián, que mandan y mienten tanto uno y otro, como los Reyes aquellos, ante su odiosa estafa, es mandarles a… adónde amargan los pepinillos, vamos.
     Nos atropellan, nos engañan, nos humillan.