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sábado, 15 de noviembre de 2014

Que no, Papa, que no

   


   El mismo 9-N, tras el rezo del Ángelus, el Papa Francisco dixit: “Hace 25 años caía el Muro de Berlín, que por tanto tiempo ha dividido la ciudad en dos y ha sido un símbolo de la división ideológica de Europa y del mundo entero. La caída ocurrió de repente, pero fue posible por el largo y fatigoso esfuerzo de tantas personas que han luchado, rezado y sufrido, algunos hasta el sacrificio de la vida”.
      
   ¡Y no! Si de algo fue símbolo cerrado y perfecto el Muro de Berlín fue de la amoral naturaleza intrínseca del comunismo, de su carácter esencial de cárcel colectiva para cuantos caen bajo su férula, con excepción de la Nomenklatura –Casta Ladrona propia-, que son los sádicos carceleros. Asaltan el Cielo del Poder e invariablemente construyen infiernos, sí. ¡Si escapan les matan, Santidad!
       
   ¿Por qué entonces, Santo Padre, difuminar el entramado brutal y totalitario del comunismo tras el biombo equidistante de la división ideológica del mundo, equiparando y homogeneizando ambas realidades? ¿Acaso los campos de exterminio nazi fueron el símbolo de la división ideológica del mundo? ¿A qué viene esa suerte de dulcificación de un Régimen para el que la religión es el opio del pueblo, y a la que con saña siempre persigue desde el Poder, salvo que como elemento ornamental se supedite a su diktat? Además, el Muro de Berlín NO cayó de repente: fue demolido por la gente en aquellas históricas jornadas, cuando ya el último gobierno comunista no contaba con apoyo alguno.
       
   Y yaque,  para más aún diluir la realidad siniestra del Muro de Berlín, y envolverlo en un totum revolutum bienpensante al gusto de las gentes del Progreso, como en este mísero blog previmos (10-11-14)

http://elblogdejoseantoniodelpozo.blogspot.com.es/2014/11/es-mentira-el-muro-de-berlin-no-ha-caido.html


abogó el Papa Francisco por “una cultura del encuentro, capaz de hacer caer todos los muros que todavía dividen el mundo… Dónde hay un muro hay cerrazón del corazón. ¡Sirven puentes, no muros!”. Que no, Papa, que no, que el Muro de Berlín no fue así, que son esos malos puentes sobre aguas turbulentas.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Es mentira, el Muro de Berlín no ha caído

 
 

   Asaltan el cielo… e invariablemente construyen infiernos, sí. Resulta que, cuando conocen esos Oasis de veras, hombres y mujeres a mansalva arriesgan la vida por como sea dejar atrás esos prometidos paraísos. ¡Ni escapar les dejan! La prohibición de salir de las URSS fue desde el origen un dogma de la política soviética (Francois Furet). Cientos de personas fueron acribilladas por tratar de salvar el siniestro Muro de Berlín, ese emblema de la Alemania democrática y comunista”, sí, de cuya demolición por la "gente" sobre el pudridero de la Historia cúmplense ahora 25 años.
       
   Casi puedo ver el morro torcido de muchos de nuestros hodiernos progresistas mascullándome, vale, pero otro Muro peor tiene que caer hoy, el del Capital. Confunden, adrede o por ignorancia, la dimensión y cualidad de las cosas, la esencial distancia moral que media entre un régimen totalitario, adoctrinador y opresor desde la cuna hasta la tumba, y la sociedad abierta, basada en la libertad de poder darse una existencia mejor, por graves que puedan ser las fallas que ésta padezca, siempre susceptibles de reforma. ¡Los llamados Estados Ultraliberales poseen no menos del 45% de su actividad económica en manos de lo público!, cuántas veces habrá que repetirlo.
         
   En realidad el Muro de Berlín no ha caído. Puede que lo haya hecho físicamente, de ninguna manera en el mundo de las ideas. A los comunistas -y compañeros de viraje- siempre les absuelven e inmunizan sus teóricas buenas intenciones. En ese perpetuo enarbolar de las más nobles causas, que oculta su omnívora voluntad de poder, radica la clave de su secular y guadianesco atractivo.
   
   Paradójicamente la desaparición del Muro de Berlín real, el que no se pueda señalar su cristalina realidad de tiranía y nomenklatura –la Casta ladrona connatural al comunismo- ha “reconstruido” de naif idealismo la eternas cantinelas comunistas: un mundo en el que florezca una verdadera comunidad humana en la que reine la felicidad colectiva y en la que el hombre se reconcilie con el hombre y sea hermano para el hombre y blablablá, blablablá, blablablá. Así es que, lector, más que la Puerta de Alcalá, el Muro de Berlín ahí está, viendo pasar el tiempo… hasta que llegue su momento.