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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Bibiana Aido, la Reina del Sur




      
     Le debe Pérez Reverte, el Galdós de nuestros días, una novela de las suyas a Bibiana Aído. Sí, porque lo de Bibiana, su fulgurante ascenso, el misterio que envuelve su súbita y tiernísima escalada al estrellato del Poder, la yerma simpleza de su desenvolverse en el mismo, el chafarrinón de sus ocurrencias ministeriales, el enigma de su posterior “recolocación” en un muy señero puesto de Naciones Unidas -recompensa esta “comprada” con suculentas donaciones gubernamentales previas-, en suma, todo lo que en ella reluce  como clamorosa negación de la meritocracia constituye sin duda todo un Episodio Nacional en sí mismo, un hermético arcano además que convendría, para la paz anímica de España, que alguien con dotes narrativas fuera capaz de desentrañar.
     Y si intrigante y temeraria resulta la peripecia vital de Teresa Mendoza, la heroína que con singular destreza pinta y cuenta Pérez Reverte en su novela, no menos cautivadora, a poco que se indague en ella, habrá de ser la de Bibiana Aído, con la ventaja que proporciona a efectos de la emoción lectora, quiérase o no,  el ser esta una heroína de carne y hueso, de todos nosotros bien conocida, aspirándose todavía por aquí la fragancia única de la flor de su secreto, ese puño cerrado en alto que lo guardara en los tórridos veranos de Rodiezmo.     
     A falta de dotes narrativas, contentémonos con señalar los bastos trazos  de la parábola bibiana: hija del alcalde de Alcalá de los Gazules (Cádiz), licenciada en Dirección de Empresas, tres meses en Unicaja, diez meses en Iturri S.A., tres meses en Caja San Fernando, nueve meses en el Observatorio de Emprendedores de la Universidad de Cádiz, delegada de Cultura de la Junta en Cádiz, dieciocho meses como Directora de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco. Y stop aquí, que necesariamente debió ser aquí donde se le contagiaran a Bibiana el embrujo y el “ángel”, el arte necesario -por más que sea el mismo todo un secreto inédito al gran público- para catapultarse hasta lo más alto del firmamento del Poder.
     El 12 de abril de 2008 fue nombrada Ministra de Igualdad por el Presidente Zapatero, que hablaba en la intimidad entonces de andar buscando ministras con glamour. Algún talento, difícil de explicar a simple vista aunque enormemente valioso, atisbaría en ella el Presidente desde luego,  que decidió meteóricamente propulsarla al Consejo de Ministros, sin mayores títulos habilitantes para ello, en menosprecio de otras mujeres con más trabajadas trayectorias, es decir, en caprichosa desigualdad, fruto del discrecional poder del Presidente a ese efecto.
     Convirtió así Zapatero a Bibiana en detentadora de una histórica plusmarca: la de ser la ministra más joven, a sus 31 abriles, de la y de los ministros que se tenga memoria en los Anales del Poder en los tres mil años de existencia de España. Estuvo su desempeño marcado por una mezcla de radicalismo ideológico y de “ostentóreas” sandeces en la que mucho brillaron joyas suyas como miembras-niñas que quieren ponerse tetas-fetos no humanos-teléfonos para maltratadores, entre otras insignes aportaciones bibianas.
       Que con todo el raudal de sus deméritos a cuestas, se empeñara personalmente el Presidente en encontrarle a Bibiana –se registraron donaciones gubernamentales por valor de 100 millones de euros allí destinadas- un privilegiado cargo como asesora especial de Bachelet, Directora ejecutiva de ONU Mujeres, acrecienta hasta el cenit el misterio    que tras sí esconde Aído, la rara esencia de ese Bibiana´s secret, la envergadura de su interrogante, sólo al alcance, ya digo, de un narrador de raza, lector, ay, que no es el muá.