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jueves, 17 de enero de 2013

Redes sociales y hooliganización


    
     Claro, la eclosión de las “redes sociales”, su instantaneidad, su vértigo, su apelación al instinto y a la ocurrencia inmediata, la “hooliganización” ideológica de la sociedad que las mismas procuran ha puesto en Crisis la tradicional forma del control y la conformación social de las mentalidades. Nunca los ensayos –los“tochos”-, los libros en general, los discursos trabados, extensos y argumentados, han sido más inútiles y más despreciados que ahora mismo. 59 segundos, 140 caracteres, eso es todo, que te pires, chaval. Es una regresión cultural en toda línea, claro, pero… es lo que hay. Y toda esa legión de “ingenieros de almas”, de tendidos corazones al sol, como ellos mismos poéticamente se autobatizaban, han perfectamente intuido la necesidad de reciclarse, de reorientarse, a la busca de mantener la ascendencia sobre las mentes, hacia lo que ahora es efectivo y se lleva… el Exabrupto, sí. Igual que antes decimos ahora, esta teoría podría meridianamente ser sostenida y demostrada con el análisis de cientos de hechos y artículos probatorios diarios en las páginas de un libro, salvo que a casi nadie interesaría un libro así, escrito por un pelanas sobre todo.





LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

miércoles, 16 de enero de 2013

El toma y daca de la Casta Lista




     Puede por otra parte, y no sin lógica, pensarse: Si la mayoría de los “creadores” se definen políticamente como izquierdistas, y copan la élite de la producción cultural se debe en parte también a que el público que les es afín valora y “consume” incansablemente sus productos, hace con esos autores “masa”, forja lazos de afecto y crea una “comunidad simbólica” compartida con ellos y entre ellos, ese toma y daca que a ambos gratifica con la permanente circulación de esos tópicos y que a la autores alimenta –a algunos de lo lindo-, en clamorosa contraposición a la mayoría de la clientela NO izquierdista a la que caracterizaría históricamente un mayor individualismo y una instantánea desconfianza y recelo hacia la Cultura y lo libresco, hacia sus propios autores, a los que nada va a regalar, a los que no apoya, con quienes y entre quienes no va a “fundirse”. 
     
    Cuántos, consecuencia de lo anterior, creadores No izquierdistas han de mendigar –a cambio de su “neutralización” política- a los mandarines zurdos, controladores de los engranajes y resortes de la Industria cultural, un lugar al sol. Cuántos lectores No izquierdistas huyen, a diferencia del otro mundillo, espantados de lo político, que dicen detestar -y por tanto alejándose de los autores que se significan como No izquierdistas-  sin menoscabo de la rendida y eterna admiración a los entronizados Figurones del Progreso que en ellos permanece intacta. Perfectamente podría esto investigarse, ampliarse y ejemplificarse en un libro, pero a quién le iba a interesar, quién iba a comprarle ese libro (todo ese trabajo) a un bloguero anónimo.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

martes, 15 de enero de 2013

Intelectual o facha, tú eliges





    Hace poco esa fina eminencia gris que por nombre lleva Alberto San Juan, cuya Obra de Pensamiento asombrará al mundo entero el día que la inicie,  condensó en términos insuperables el Orgullo de Casta Lista con que se autopiensa la Intelligentsia progresista. Una de dos, dijo ese cráneo único, “O eres intelectual o eres de derechas”.  
     
     Pues es que, como en un pleonasmo de la melopeica autoconciencia en que se cuecen, han delirado siempre ellos bajo aquella especie de diktat que una vez Blas de Otero en una poema escribiera, y que el mítico Paco Ibáñez canturreó derramándolo con pena, con mucha pena y voz aguardentosa, sobre los melones de la Casta Lista ya para siempre: Nos queda la Palabra. Y qué son ellos sino los casi monopolizadores de la administración de la Palabra, es decir, de la definición de la Realidad, de la confiscación que de la misma hacen con sus símbolos y sus jueguecitos de vocablos que todos hemos de seguir y deglutir, rindiendo pleitesía de paso así a la autolegitimación elitista de la Casta Lista
        
     En ese “Nos queda la Palabra”, entendida esta como el refinado excipiente de la creación intelectual y simbólica que vehicula el afán creativo por superar la simple interjección troglodítica, reside nada menos que el meollo de la hegemonía ideológica, el trasfondo valorativo sobre el que inconscientemente los ciudadanos enjaretan lo Político, y más allá de lo Político la vida misma, es decir, la papilla de tópicos que asegura, más allá de esta o aquella coyuntural votación, el dominio de las conciencias. 
   
     La obsesiva patrimonialización de esa estratégica función ha sido permanente en el mundo de la Izquierda y al mantenimiento de ese control han dedicado y dedican el dominio de los resortes decisivos en la Industria cultural: novelas, ensayo, películas, teatro, canciones, cómics, artes. La Derecha política, que se complace en ignorar el valor de las ideas, suele con gusto reírle las gracietas –y hasta rendirse- a esos insignes farautes. ¿No hemos visto al ministro de Cultura Wert limosnear el plácet ante el plenario de la Ceja en los Goya con su célebre “Soy uno de los vuestros”? Por eso mismo la estupefaciente melonada de Alberto San Juan –elige, intelectual o de derechas, ese trato/truco- suena tan “natural”.   






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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)



lunes, 14 de enero de 2013

Y Sean Penn cogió su... su chándal


        
    Si en Brokeback Mountain era una camisa el objeto evocador que hacía estallar consigo la catarata de reminiscencias afectivas y sexuales latentes entre aquellos dos vaquerotes de pelo en pecho que una vez la corrieron entre las montañas, como en farsa es aquí y ahora el paradisíaco y patriótico y muy estupefaciente chándal que una vez Chávez le regalara tras un encuentro de beisbol al que juntos asistieron, el fetiche que al grandioso astro Sean Penn –con mansión en Malibú- ha servido para guardarle la vigilia a su amado caudillo bolivariano.
       Como en una implícita aceptación de su degradación incluso vestimental, hemos visto cómo en los últimos años los más fieros espadones revolucionarios han tirado de fondo de armario ante la Aldea Global para abandonar el verde oliva guerrillero y sustituirlo por el  chándal de jubilata. Este en concreto muy patriótico será, pero de hortera que es tira ya de espaldas la bolera entera. ¡Tiempo le ha faltado al supermillonario Penn para, embargado por la pena, en fantástico guiño al Coronel languideciente, como Clinton con aquella corbata que le regalara Mónica Lewinski, embutírselo ante el mundo entero. Pocas imágenes más preclaras de la boba abyección sumisa con que la Progresía multiforrada se postra de hinojos ante los caudillismos.
     
     A pesar de declararse agnóstico y marxista de la corriente Mao –que hay que echarle fanatismo al tema- no le importó a Penn ante las cámaras, contrito en grado sumo, mover los labios como si del Padrenuestro colectivo por la salud del eximio Timonel caribeño participara.
     Si será mentecato el multimillonario Penn que hasta el mismo Chávez, en sabrosísima anécdota para la Historia que la Prensa cuenta, no dudó en ridiculizar su grotesca, por lo lacayuna, sumisión: Prometió solemnemente Penn ante su anfitrión que educaría a sus hijos Hopper y Dylan “como socialistas y revolucionarios”. “Más bien los educas para que sean médicos”, le respondió en público burlándose Chávez en Maracaibo, quizás molesto ya de tan pegajosa servidumbre.  
    Pues nada, ahí le tenemos, posando para la posteridad y próximo a la licuefacción, chándal en ristre, como los vaquerotes aquellos, ora que te ora pro Chávez: San Sean Penn de Malibú.

domingo, 13 de enero de 2013

Me despisté un instante y...


         
   Ayer mañana, camino del trabajo, me despisté un instante con el coche –yo creo que va a ser esto de llevar el Mundo sobre las espaldas- y sin querer le di al de adelante en el parachoques, cosa de ná. Paramos. Se bajó rápido un señor de unos 60. Pensé enseguida, joooder, ahora verás el cascarrabias este... Aquel señor, sin mirar siquiera el parachoques, me encaró y entonces –a la altura ya de los doce de enero- simplemente me dijo… ¡FELIZ AÑO! , y se metió de nuevo en su coche. Qué ganas sentí en ese mismo momento de abrazarme a aquel hombre… de dejar ahí los coches medio tirados y en ámbar intermitente, de largarnos él y yo a tomar café y churros por ahí, de invitarle, claro, de charlotear y saber su nombre y su vida, si acaso también él una vez había escrito un libro fracasati, qué alegría, hostias…. Sólo que ya nos pitaban los cláxones con furia, así que… nada, sólo pude responderle por lo bajini, decirle claro que sí, señor, muy feliz año, alzar la palma de la mano como un pacífico sioux en la gélida mañana post-navideña y salir también pitando.









Me preguntaban ayer, “bueno, vale, ¿pero tu libro de qué va?”. Me hubiera gustado contestar lo de Woody Allen a propósito de “Guerra y Paz”: “Va de Rusia”. Decirle yo: “Va de las ilusiones”. Pero esos lujos le están vedados al bloguero anónimo que va por los ríos desbordados del Twitter mendigando aquí y allá su desconocida mercancía.
      Tuve entonces que pensarlo. Mi libro cuenta la historia de un cuarentón al que su mujer le señala la puerta de salida de la casa. Descubre entonces su minusvalía emocional. De cuanto le ocurre después, cuando ha de salir al mundo, ajeno y anchísimo, para superar su zozobra, para engañar a su desconcierto. De lo duro que se le hace ese aprendizaje elemental de la supervivencia afectiva. De cómo hallará en la propia escritura, a trancas y barrancas, la brújula que le permita hallar al cabo una imagen aceptable de sí mismo, y levantar así el muro de la obturación interna que le impide ver la belleza y el propio absurdo del mundo y de la vida, que es lo único que tenemos. De eso, de esas ínfulas.
  
      Encontrarás en mi libro, lector, humor y amor, alegrías y tristezas, encuentros y desencuentros, presente y pasado, trozos de vida al acecho, un cuarentón abandonado, discotecas dudosas, fatales mujeres, rollizas peluqueras, un sofá misterioso y abrazador, un cartel de Comisiones, un buzón en el que ya no figura tu nombre, la dentadura perfecta de Burt Lancaster, el fiasco de una noche de verano, una chinita que hace como que toca el violonchelo en el metro, una niña que juega en el patio a la rayuela mientras otro niño la observa tras las cortinas y un tercero  enchufa triples como un descosido, lo que entre ellos tres sucede, una tía y su sobrino en la sagrada edad de la iniciación erótica de éste, Nocheviejas agridulces, risas y humo, ginebra y música, un amigo fiel, una mujer solitaria, otra mujer bella y propagandista, los malentendidos en que consiste a veces la existencia, alguien del pasado que reaparece para bien y para mal, un héroe local, el lío de un sms enviado por error, unas navidades tristes, una Venecia imaginaria, un vikingo fenomenal, la fuerza del sol, la memoria de la emigración, un juego de dardos al límite, un padre y un hijo paseantes y ofuscados, un ascensor y una comunidad de vecinos estrafalarios, una patata frita elevada hacia el Cielo como una hostia, un cumpleaños insólito cantando a lo Sabina entre polacos, todo eso, como un baúl de la Piquer muy revuelto, como un arca de Noé para  el diluvio sentimental del protagonista, de este Armando que  está, en efecto desármandose y rearmándose al paso duro de los días, tras la estela todo de su particular sensibilidad… todo eso y más, lector, y cuantas cosas compartiremos como un secreto, entregándonos a través del libro lo que tenemos, tanto amor y desamor que tenía yo guardado para ti; todo eso en mi libro hallarás, lector. 
       
    Porque a mí parecer un libro íntimo, no tanto porque nos revele interioridades escabrosas, sino porque sobre todo consiga con desnudez hablarnos como al oído de los paisajes esenciales del alma de quien lo escribió, es también uno de los más acabados símbolos por los que alguien ofrece al Otro –a quien físicamente no tiene delante, al que de otra forma difícilmente podría hacerlo- la propia mano. Esto soy. En estas historias –no en forma de un discurso, sino con destreza encarnadas en personajes vivos a los que les ocurren cosas, a quienes sorprenden los avatares amargos o alegres de la vida- late la urdimbre sentimental que hasta aquí me trajo.  Quiero ponerlas en común contigo. Quiero revivirlas a tu lado. Puede que te reconozcas también en ellas. Aquí tienes mi mano, tómala. Estréchala. Entrelaza la tuya con la mía.   


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

sábado, 12 de enero de 2013

Una poesía prosaica (Poessía treinta y ocho)



Ya sólo escribo poesía roma
amada mía
que una vez la compuse alada
inspirada
y el Mundo entero,
tú,
mirasteis para otro lado
entonces tan campantes.

Contarte por eso sólo
que esta mañana gris
al fin barrí mi casa,
que el mazacote de pelusas
al cabo resultante
-polvo, cabellos, arena,
fideos, cocos, arácnidos difuntos,
las raspas ralladas del tiempo,
su  rala cosecha amalgamada-
parecían un engendro ceniciento
que amenazara en su crecida
con devorarme la cintura.

Miré aquella infecta criatura
de frente a sus ojos negros

Nada puedo hacer por ti;
un Poeta sí sabría
a partir de tu maraña fea
de tu fosca maleza
de tu marenga realeza
con su mirada sola
con el ímpetu de su música
con la luz de su compás
trocarte en jersey de mil colores
en bufanda del arcoiris
en cometa trepadora de los cielos

Yo no soy ya ese
Una vez, sí, lo fui
y el Mundo, su dueña,
ignoraron mi proeza
se obstinaron en su rudeza.

Suspiró entonces
aquella barreduría viviente
como un perro hecho de lanas
bajando ante mí sus humos
vagamente desilusionado.
Y sólo eso quería hoy contarte,
       guapita.





   Me preguntaban ayer, “bueno, vale, ¿pero tu libro de qué va?”. Me hubiera gustado contestar lo de Woody Allen a propósito de “Guerra y Paz”: “Va de Rusia”. Decirle yo: “Va de las ilusiones”. Pero esos lujos le están vedados al bloguero anónimo que va por los ríos desbordados del Twitter mendigando aquí y allá su desconocida mercancía.
      Tuve entonces que pensarlo. Mi libro cuenta la historia de un cuarentón al que su mujer le señala la puerta de salida de la casa. Descubre entonces su minusvalía emocional. De cuanto le ocurre después, cuando ha de salir al mundo, ajeno y anchísimo, para superar su zozobra, para engañar a su desconcierto. De lo duro que se le hace ese aprendizaje elemental de la supervivencia afectiva. De cómo hallará en la propia escritura, a trancas y barrancas, la brújula que le permita hallar al cabo una imagen aceptable de sí mismo, y levantar así el muro de la obturación interna que le impide ver la belleza y el propio absurdo del mundo y de la vida, que es lo único que tenemos. De eso, de esas ínfulas.
  
      Encontrarás en mi libro, lector, humor y amor, alegrías y tristezas, encuentros y desencuentros, presente y pasado, trozos de vida al acecho, un cuarentón abandonado, discotecas dudosas, fatales mujeres, rollizas peluqueras, un sofá misterioso y abrazador, un cartel de Comisiones, un buzón en el que ya no figura tu nombre, la dentadura perfecta de Burt Lancaster, el fiasco de una noche de verano, una chinita que hace como que toca el violonchelo en el metro, una niña que juega en el patio a la rayuela mientras otro niño la observa tras las cortinas y un tercero  enchufa triples como un descosido, lo que entre ellos tres sucede, una tía y su sobrino en la sagrada edad de la iniciación erótica de éste, Nocheviejas agridulces, risas y humo, ginebra y música, un amigo fiel, una mujer solitaria, otra mujer bella y propagandista, los malentendidos en que consiste a veces la existencia, alguien del pasado que reaparece para bien y para mal, un héroe local, el lío de un sms enviado por error, unas navidades tristes, una Venecia imaginaria, un vikingo fenomenal, la fuerza del sol, la memoria de la emigración, un juego de dardos al límite, un padre y un hijo paseantes y ofuscados, un ascensor y una comunidad de vecinos estrafalarios, una patata frita elevada hacia el Cielo como una hostia, un cumpleaños insólito cantando a lo Sabina entre polacos, todo eso, como un baúl de la Piquer muy revuelto, como un arca de Noé para  el diluvio sentimental del protagonista, de este Armando que  está, en efecto desármandose y rearmándose al paso duro de los días, tras la estela todo de su particular sensibilidad… todo eso y más, lector, y cuantas cosas compartiremos como un secreto, entregándonos a través del libro lo que tenemos, tanto amor y desamor que tenía yo guardado para ti; todo eso en mi libro hallarás, lector. 
       
    Porque a mí parecer un libro íntimo, no tanto porque nos revele interioridades escabrosas, sino porque sobre todo consiga con desnudez hablarnos como al oído de los paisajes esenciales del alma de quien lo escribió, es también uno de los más acabados símbolos por los que alguien ofrece al Otro –a quien físicamente no tiene delante, al que de otra forma difícilmente podría hacerlo- la propia mano. Esto soy. En estas historias –no en forma de un discurso, sino con destreza encarnadas en personajes vivos a los que les ocurren cosas, a quienes sorprenden los avatares amargos o alegres de la vida- late la urdimbre sentimental que hasta aquí me trajo.  Quiero ponerlas en común contigo. Quiero revivirlas a tu lado. Puede que te reconozcas también en ellas. Aquí tienes mi mano, tómala. Estréchala. Entrelaza la tuya con la mía.   


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viernes, 11 de enero de 2013

Durán, que se va por los cerros de Lérida


     
      Al factótum de Unió, ese señor con trazas de clérigo cerbatana, hasta ahora es que le brillaba mucho la Bola. Como si cada mañana temprano la untara con una especial  brillantina, desde siempre relumbraba en España la trola cotidiana de Durán, que consistía sobre todo en vender independentismo, pero sólo la puntita. Le daban bola, le daban bula, tenía suerte aquí… y en Cuba: otro superviviente a todas las glaciaciones y corruptelas políticas habidas y por haber. De creernos las historias del CIS era Durán siempre ¡el político más valorado entre la ciudadanía española!
     
    Llega ahora la tenebrosa noticia, tras catorce años de judicial congelación del asunto, que reconoce la ilegal financiación de su partido. Había comprometido Durán su dimisión caso de resultar alcanzado por esa mancha. En el momento que escribo, -“Pues claro que NO pienso dimitir”-, de lo antes dicho rien du rien, res de res, nasti de plasti, que el pentecostés de la chulería corrupta todas las inmersiones permite.
  
     A la postre, no nos engañemos tampoco, la palabra de Durán vale lo que valen hoy las palabras: cero zapatero. Eso sí, a la Bola de Durán, bruñida cual reluciente marfil, a esa cegadora esfera de billar le ha salido una mancha, un antojo. Y de los que no se quitan.




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jueves, 10 de enero de 2013

El Abismo Equinoccial de Rodrigo Rato


     
   Peor aún que lo de Hermida y lo de Tarantino juntos se entiende la imparable Caída, talegazo tras talegazo, de Rodrigo Rato, en cuanto a la consideración y a la estima públicas se refiere. No se recuerda por estos pagos un caso de la manera.  
   Después del consolidado respeto y la merecida alabanza general a los que como Vicepresidente económico del gobierno español se había hecho acreedor en la etapa del gobierno Aznar –comandando con rectitud y acierto la economía, a la que supo embridar y espolear tras el aciago marasmo tardofelipista-, por más que no resultara el elegido por aquel como su sucesor, se reconocía por casi todos en Rato una extendida valoración de su mérito y la indudable seriedad de su gestión. Alcanzó don Rodrigo ese cénit y desde ahí, como en un vertiginoso drama cuesta abajo, lo que ha sorprendido es el insólito dilapidar de todo ese caudal de reconocimiento.
    
     Recogiendo las mieles de su prestigio –que era internacionalmente valorado- fue nombrado luego director general del FMI, cargo de relevancia donde los haya. Bueno, pues hacia la mitad de aquel mandato, y sin causa conocida, como azacaneado por un adolescente arrebato, abandonó toda aquella responsabilidad… ¡para venirse a dirigir la Caja de Madrid! Cómo habiendo sido lo más se avenía ahora a refregarse en semejante garigolo de barrio, averiado encima, es misterio que jamás se entenderá, sobre todo porque Rato, como la mayoría de nuestros prohombres públicos, no tiene por norma explicar ante la Opinión Pública –a la que los responsables públicos en parte de deben- razón alguna de su proceder. Deben pensar que la boba adoración es eterna en el populacho, y así, aunque les vaya bien, de pura pena les va.
     
    Vino luego Bankia, su milmillonario Desastre y el cacao maravillao que todos conocemos ya, de resultas del cual la otrora élisea figura de Rato por los lodos de los tribunales vióse incluso ya arrastrada. Qué poco quedaba ya a esas alturas de la antigua reputación, tan en buena lid antes ganada como en tan mala manera luego por la borda arrojada.  Empeñará al menos ahora su tiempo ante quienes le admiraban en defender y en justificar su visión y su acción en el estrepitoso fregao, podría pensarse.
      Y en estas, sin mediar por ninguna parte explicación alguna, llega rauda la Telefónica, el Titanic de la Casta, y por los aires de nuevo nos lo catapulta. Y tanto catapulta al cuestionado ex-vice Todo que a la Alta Dirección de la Compañía lo encarama, cabe suponer que a una generosa soldada asociado. ¿Y qué quiere, señor Rato, que a la vista de estos pícaros enjuagues se piense la gente del común? Pues que no puede el aprecio de su virtud, al menos entre ellos, haber caído en descrédito más hondo.  Ese verdadero capital es el que puede usted haber perdido.



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miércoles, 9 de enero de 2013

El Abismo Profesional de Jesús Hermida



   Resultan para las mortales hormiguitas a menudo insondables los móviles que en última instancia se hallan tras el súbito agitarse de los dioses, también, ay, mortales. ¿Qué habrá llevado al extrordinario comunicador que ha sido Jesús Hermida a protagonizar esa bochornosa “entrevista” al Rey de España? Tanta rococó servidumbre, de una cortesanía tan boba y esperpéntica que a veces superaba los peores sketches de los antimonárquicos, era desde luego en Hermida inimaginable.
     Más aun teniendo en cuenta que llevaba él una larguísima temporada voluntariamente apartado de los focos, puede que a medias retirándose y a medias manifestando así su rechazo a la televisión que ahora se hace. ¿Y volver entonces directamente a la Cima para hacer… “eso”? ¿Por qué? 
    
   Recuerdo que hará ahora un mes, e ignoro si ya entonces conocía Hermida lo que se le avecinaba, rompió su silencio con una estelar entrevista concedida a Jordi González en su colorista prime-time de Tele 5. Como en un peculiar juego de espejos en el callejón del Gato valleinclanesco enfrentados unos a otros, en esa ocasión era Hermida el que oficiaba de Rey –de la Comunicación- y Jordi González de obsequioso y boquiabierto Hermida. Pareció incluso a veces la ceremonia de una transmisión de poderes entre dos vivos muy vivos.  Se permitió incluso entonces Hermida adornarse con ciertos aires rebeldes y contestatarios ante los Poderes, los anteriores y actuales, los políticos y los económicos, a juego desde luego con las oficiales causas telequintas y las de su mayordomo. 
      
   ¿Para prestarse ahora –casi hilarante por grotesca la estampa de ambos intervinientes espatarrados frente a frente apenas a un metro, como dos canguros sonados y ortopédicos, tan cabeceante y obsequioso el periodista que llegó uno a temer por los bajos del Rey de España- a semejante mamarrachada? Por un “numerito” así, según te explicaban en la Facultad, lo lógico sería que Hermida de verdad largárase al Ponto a purgar su merengosa vanidad servilona,  a escribir allí sus memorias como máximo. En aquestos desdichados tiempos no se puede descartar que le tome el relevo a Jordi González en el prime-time de Tele 5, cuando quiera este, como Sardá, darse un año sabático pal body. A las hormiguitas nos pisotean, y a otra cosa, Ana Rosa.





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martes, 8 de enero de 2013

El Abismo moral de Tarantino



  Anoche volví a “Pulp Fiction”. Qué bazofia. Qué idiota majadería para descerebrados esa “cosa” tarantina. Si la primera vez algo de la extravagancia que la orla me había epatado, ayer  sentí verdadera vergüenza de haber una vez sucumbido a esa estúpida ola de pasmarotes pasmados. Salvando sólo la secuencia del bailecito Travolta-Thurman, rosa en el fango, qué cúmulo de criminógenos despropósitos a cual más morboso cuanto más inhumano.
     Llevan tanto tiempo el Arte y sus oficiantes seducidos por el Mal que hasta estos estrafalarios abismos de idiota casquería desciende, autorecreándose encima en su suerte. Puede que hoy incluso parezca  Pulp Fiction (1994) pellizco de monja ya,  dentro de la imparable carrera hacia la Mugre que a diario las industrias culturales ventilan, lo sé. Fue en todo caso una de las piedras fundacionales para la complacencia y la banalización de la violencia más extrema cuanto más degradante. La brutalidad con todas sus vísceras bien chorreantes exhibida, que no se diga.
     Claro, una sociedad –la occidental, y más allá incluso, la Aldea global- que entroniza y confiere aura de respetabilidad –que aúna consigo el éxito popular con la rendida admiración intelectual de las élites- a engendros así, mientras orilla y desprecia toda propuesta que no venga acompañada de truculento escándalo, empieza a estar perdida. No es tan extraño entonces, cuando “cosas” como Pulp Fiction son tan celebradas como rentables, que esas mismas sociedades resulten perfectas máquinas de generar psicópatas, máquinas de triturar vidas, qué risa, forradísimo Tarantino.  




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