¿Por qué, obteniendo idéntica remuneración y soportando igual carga de responsabilidad y trabajo, existen en los hospitales enfermeras en general diligentes, cordiales, afectuosas, profesionales, eficaces, encantadoras, serviciales y balsámicas como ángeles y existen también enfermeras hoscas, desabridas, ineptas, antipáticas, remolonas, híspidas, adustas y agrias como ellas solas? Les darías a unas el corazón como muestra de gratitud, les darías a otras una coz en los morros, si pudieras.
Y del otro lado lo mismo: ¿por qué existen pacientes –y sus familiares- insoportables, exijentones (con J, sí, que ellos “exijen”), maleducados y groseros como estúpidos impacientes y pacientes benévolos, comprensivos, colaboradores, amistosos, mansos como corderitos amables? Merecerían convalecencia de hierro unos y rápido restablecimiento otros.
Nos vale el ejemplo para todas las profesiones y sexos, claro, sólo que aquellas más vocacionales y que más tienen que ver con el cuidado de la salud esencial parecen ponerlo más en evidencia. Lejos de utopías igualitaristas que proclaman una igualdad injusta, sería uno mucho más partidario de una utopía meritocrática, por la que obtuviera cada uno el fruto debido a su capacidad y a la virtud de su obrar. ¿No es Justicia más el dar a cada uno lo suyo que el dar a todos lo mismo?
Post/post: gracias a Portal de mis desvelos, a Hiperión, a Zorrete Robert, a Xad Mar, a Natalia Ortiz, a Old Nick, a Inés Serrano, a Mónica, a Lobo Solitario, a Donaire Galante por hacer ayer el blog conmigo, GRACIAS