La Fama, en el convulso
carajal de estos tiempos altisonantes,
indudablemente la acompaña. Escribió algunas frases muy terribles,
salvoconducto éste hoy en día que, ostentando además algún cargo orgánico en la
vida pública, asegura la notoriedad de quien lo pone en juego. Que hablen de
uno aunque sea bien, que decía el otro. Es muy posible que por ello esté la
prometedora política socialista llamada a altos designios en el Futuro, tal es la tempestad y el empuje
que con ella van. Bueno, me llamó la
atención el otro día leer el clarinazo de su tuit y allá que acudí, presto a
rondarla, a darle la contra. Me parece, lector, que no lo conseguí del todo, ya
verás.
Martu Garrote tuiteó: “Gobierno:
INDULTO JUEZ BALTASAR GARZÓN”.
Bien, allí estaba la escueta proclama, el desfile de mayúsculas de Martu, como un detonante que buscara el
reguero que incendiara de cabo a cabo el Tuiter. La verdad, vistos los
antecedentes de los sonrojantes indultos otorgados por el gobierno Rajoy, tampoco resultaba la consigna de
Garrote del todo descabellada. Pensé
a la vez en la insultante juventud de Martu
y en los vaivenes de adoración y repulsión extremas que la densa figura del Superjuez –que atraviesa ya cinco
lustros de la primera escena española- en todos, pero especialmente entre la
grey socialista, ha consigo arrastrado. Así es que le añadí un poco de pimienta
al aliño de Garrote.
Le respondí: “¿reponerle en la Audiencia también?
Rauda ella me contestó: “sería lo suyo”. Quedaba más
especificada así la propuesta. Garzón
reloaded ahora, repuesto en su alta
función jurisdiccional, haciendo borrón y cuenta vieja de la sentencia del
Supremo. Sería, desde luego, impresionante contemplar ese otro nuevo retortijón
en el culebrón de la Historia que proponía Garrote
y que al mundo entero sin duda dejaría boquiabierto. Supondría también de
alguna manera rebajar el monopolio de la sombra política de Llamazares –IU- sobre el Superjuez,
reclamarle también desde la pujante izquierda del PSOE. De manera que me
propuse ahondar en la indagación.
Con intención entonces le tuiteé: “¿reponerle también en el cariño de “querido
Emilio” Botín?”. Pasó entonces
algún tiempo en blanco, como si pasara también sobre el tuiter un ángel, un
ángel garzonita, claro. Hasta que ella me respondió:
-“en las amistades de la gente no me meto, fíjate Rajoy, amiguito de
Camps, Matas, Bárcenas”.
Es decir que, para Martu la “amistad” de Garzón
con Botín era sagrado terreno en el
que no deberíamos internarnos, aunque no dejaba, en habílisimo contraataque, de
señalarme los amigos “corrutos” de Rajoy.
Sólo que Garzón, diamante en bruto,
presenta múltiples facetas desde la que contemplarle. Por eso le dije yo:
-“las de Rajoy peligrosas, claro, las de Garzón, Kissinger incluido,
¿filantrópicas? Pilar Urbano le hizo la bio, fíjate.
Uff, por un momento temí que con aquellas menciones (nada menos que Kissinger, lo que ese nombre supone,
con el que Garzón compartiera carísimo
vino y cenorrio sobre Central Park en su odisea yanqui, más Pilar Urbano, integrista autora de la
Obra, con la lista de iglesias y curas asociados a la misma) también a mí a
continuación me mandara Martu Garrote a lametonearle alguna parte de su linda anatomía. Y no,
lector, nada de eso ocurrió, pues no tuvo a bien contestarme ella nada más, y
así de interruptus quedó nuestro tuiteo.

