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sábado, 21 de abril de 2012

Puchero del blog

     
   Hacer con el post lo mismo que hacía mi abuela cada mañana temprano después de encender el fuego y avivarlo con el fuelle, para que prendieran los troncos y arrimarles ya el puchero de barro con el cocido de los garbanzos, y que estos poco a poco se fueran así cocinando mientras atendía ella muchas otras labores en la casa y fuera de ella. Dentro del puchero los necesarios ingredientes: garbanzos, fideos,  tocino, repollo, chorizo, falda, mondongo,relleno. Hum, qué sabor más rico tenía todo al final en la mesa, qué trabajadora era la mía abuela. Pues lo mismo para el post, ese mismo milagro cotidiano: introducir en el barro los ingredientes del Día, yo que sé, Patxi López, Karen Blixen, Memorias de África, la Corona en apuros, Corinna y su zambombo, Tomás Gómez, Soraya Ro, Radiografías reales. Ponerles a la lumbre de una música vibrante para que vaya el post él solito escribiéndose, largarte entonces a otras tareas y al regresar al blog, voilá lector, servirte un plato cuyo sabor perdure en tu memoria y en tu corazón para siempre, para siempre. Sí, aquel puchero a fuego lento querría uno poner muy tempranito cada mañana.


  
  Post/post: gracias a La Pecera, a Cesar, a George Orwell, a Lobo Solitario, a Trecce, a Santiago, a Teo, a Maribeluca, a Anónimo, a Merche Marín, a El fugitivo, a Patt.mm, a Misael, por hacer el blog a mi lado y conmigo ayer. GRACIAS

viernes, 20 de abril de 2012

Rey in Hospital, genial


   
    Tenía muy difícil salida política el Rey tras su malhadada aventura africana. Amontonábansele muchas y muy espinosas cuestiones en su contra, con el fregado del Nóos casi en su cenit. Le había demandado el PSOE –del que depende vitalmente- una explicación. Medios monárquicos habíanle esta vez torcido el gesto. Pero contra todo pronóstico, en la hora decisiva de dar una explicación ante la Opinión Pública que le permitiera salvar la cara –quizás también la Corona- tuvo un ramalazo de inspiración sencillamente portentoso, de esos que desarman al enemigo más pintado y acrecientan una leyenda.
     “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Lejos de abundar en justificaciones “fabricadas” o leguleyas, eligió el Rey, con rostro apesadumbrado y cercano a la lágrima, el registro óptimo para la Política en los tiempos de la sociedad del espectáculo: un muy medido sentimentalismo que para ser eficaz debía resultar veraz. ¿Por qué, creo, consiguió  proyectar la escena visos de lograda verosimilitud?
   
    Porque era la primera vez que de modo estricto jugaba el Rey a su edad esa carta, porque no se esperaba en primerísima persona el público reconocimiento del yerro y el ofrecimiento de disculpas, porque la propia escenografía, contra esa austera pared en blanco el monarca expuesto, como a la misma salida de la habitación, confería un aire de despojamiento y espontaneidad esenciales para lo que se buscaba transmitir. Por la propia sencillez de las palabras empleadas, reconocibles  por todos; también por la propia credibilidad actoral del Rey en la escena, que una vez más demostraba su habilidad sorprendente para traspasando rangos, envaramientos, protocolos y distancias de todo tipo, con la mágica campechanía que de vez en cuando al Rey le adorna, hablarle directo al oído del ciudadano medio. Si le añadimos a ello el colofón de su figura casi en solitario perdiéndose hacia el fondo, como en las películas de Chaplin, con muy lastimosos pasos y ayudado de muletas, vulnerable en extremo por tanto, el conjunto resultó de una lograda emotividad. 
     
    Pues, ante qué a la postre había conseguido el Rey situarnos: no ante la grave irresponsabilidad de un mandatario, sino ante una simple chiquillada de la que, cual  adolescente inmaduro azotado por el impulso irresistible a las calaveradas en esa edad en la que las feromonas andas disparadas, una vez pillado in fraganti, muy abatido se arrepentía. Pulsaba así una nota muy sentida y muy vivida en el inconsciente colectivo de todos, muy asumible y reconocible por todos. Un rey que más que un abuelo salpicado en turbias connivencias parecía un truhán arrepentido, lo que no dejaba de tener su magnetismo emocional en este país de pequeños y grandes pícaros.
   La transmutación y la inversión de las edades y los status respectivos era en verdad prodigiosa, pues mientras el pequeño Froilán abandonaba el hospital enfundado en una seriedad senatorial impropia de sus trece años, saludando mayestático desde el auto, el septuagenario Rey Juan Carlos lo hacía como un revoltoso efebo y maltrecho, arrepentido acaso de su líbido adolescente. Como si también anduviera persiguiendo él, como el Dioni, como yo mismo el otro día en el Hospital, como casi todo quisque, un misterioso zambombo por los confines del África tropical.




Post/post: gracias a Candela, a Winnie0, a Carlos, a Bego,a Mamuma, a NVBallesteros, que hicieron ayer este blog with me. GRACIAS

jueves, 19 de abril de 2012

Dos ascensores a la misma vez


    
    Estaba en el vestíbulo del Hospital mirando  al suelo y esforzándome por pensar adrede en la esfericidad insólita del zambombo de Elsa Pataky. Pero el ¡clinck! simultáneo de dos ascensores que a la misma vez arribaban me hizo levantar la cabeza. Estaba justo enfrente, por lo que transcurría todo delante de mis ojos. Y fue como si también adrede la Realidad quisiera ofrecerme de golpe una quintaesencia de la Vida llevada a sus extremos con una intensidad desarmante y simultánea que disolvió la esfericidad patakísica al momento.
   Se abrieron las cuatro hojas metálicas a la misma vez, los dos ascensores, y de cada cubículo emergió un grupo humano, cada uno integrado por personas entre sí relacionadas, como a las claras indicaban los cuerpos con su lenguaje. Sólo que el lenguaje que cada grupo humano expresaba era en todo opuesto.
   
    El grupo de la izquierda contaba un miembro más, y escénicamente gravitaban los cuerpos del mismo –de distintas generaciones- alrededor de un chico joven y enflaquecido, de tez pálida y pasitos convalecientes pero expresión risueña. Ni siquiera hablaban o se estrechaban entre sí pero se respiraba en el grupo un aroma de alegría contenida, de medido alborozo, como dueños de un renovado ánimo para afrontar los gestos habituales: caminar, mirar al frente, cederse el paso, bajar un peldaño, palmearse un brazo. Un código de sonrisas sólo esbozadas les amalgamaba y les daba invisibles alas. Era como si redescubrieran justo entonces cada uno de ellos la valía excepcional de los más mínimos actos del día que entonces con un plus de energía ejecutaban: el dar unos pasos, abrir bien los pulmones, bracear un poco, cargar una bolsa, divisar el sol tras los ventanales, percibir la claridad del día, mostrar ademanes solícitos hacia los desconocidos que tomaban el ascensor que ellos dejaban, atrapar el bullicio de la cercana cafetería.  
    En el otro grupo el centro lo ocupaba un matrimonio maduro, levemente asidos los dos por el brazo, pero su desvalimiento gestual, su mirada proyectada hacia al suelo y vacía, irradiaba a todos los demás una similar desolación, les desflecaba entre ellos y proclamaba a la vez el hueco clamoroso de una ausencia. Era justo como si en ellos esos mismos actos nimios de la vida les resultaran entonces una carga insoportable. Como si las cabezas no pudieran mantenerse erguidas y buscaran ocultarse entre el pecho, como si sobre los hombros cargaran no visibles fardos y los brazos les pesaran el doble de lo habitual a lo largo de los costados, como si las piernas les obedecieran sólo a regañadientes, como si todo aquel vestíbulo con su luz encima les humillara y les amustiara más aún. Parecían animales heridos, sí, pespunteados sólo por una misma mueca amarga.   
    
   No sé, pero contemplar ese concentrado extremo y antagónico de la Vida tan próximo  a mí y con tan abrupta instantaneidad y contraste me llenó el ánimo de un sentimiento tan encontrado y exaltado a la vez que resultaba muy difícil de digerir. No, del todo imposible retornar ya a la esfericidad de la Pataky, esa sombra tan falsa. Contártelo aquí, al menos.  





Post/post: gracias a Juan Carlos, a el Burladero, a José Antonio, a el Hada de los Cuentos, a Bucan (gracias por la sugerencia), a Javir, a Juante, a Cesar, a Mónica,  y a Belkys por dejarme además sus sabrosas y personales reflexiones y experiencias, por hacer este blog conmigo ayer, y a Lena Lafayette por seguir el blog, puro oxígeno todos para seguir escribiendo, GRACIAS.
  

miércoles, 18 de abril de 2012

De enfermeras, enfermos y Utopías


     
    ¿Por qué, obteniendo idéntica remuneración y soportando igual carga de responsabilidad y trabajo, existen en los hospitales enfermeras en general diligentes, cordiales, afectuosas, profesionales, eficaces, encantadoras, serviciales y balsámicas como ángeles y existen también enfermeras hoscas, desabridas, ineptas, antipáticas, remolonas, híspidas, adustas y agrias como ellas solas? Les darías a unas el corazón como muestra de gratitud, les darías a otras una coz en los morros, si pudieras.
     
     Y del otro lado lo mismo: ¿por qué existen pacientes –y sus familiares- insoportables, exijentones (con J, sí, que ellos “exijen”), maleducados y groseros como estúpidos impacientes  y pacientes benévolos, comprensivos, colaboradores, amistosos, mansos como corderitos amables? Merecerían convalecencia de hierro unos y rápido restablecimiento otros.
     
    Nos vale el ejemplo para todas las profesiones y sexos, claro, sólo que  aquellas más vocacionales y que más tienen que ver con el cuidado de la salud esencial parecen ponerlo más en evidencia. Lejos de utopías igualitaristas que proclaman una igualdad injusta, sería uno mucho más partidario de una utopía meritocrática, por la que obtuviera cada uno el fruto debido a su capacidad y a la virtud de su obrar. ¿No es Justicia más el dar a cada uno lo suyo que el dar a todos lo mismo? 



Post/post: gracias a Portal de mis desvelos, a Hiperión, a Zorrete Robert, a Xad Mar, a Natalia Ortiz, a Old Nick, a Inés Serrano, a Mónica, a Lobo Solitario, a Donaire Galante por hacer ayer el blog conmigo, GRACIAS

domingo, 15 de abril de 2012

Romance de la Kirchner y el Dioni en Olite, claro (Poessía veinticuatro)



Recordaba Cristina agitada
al Dioni y a su jarana,
lo bien que le trabajó el truhán
la trasera de su chaflán
temblando los dos como flanes
chapaleando como titanes
aquella noche gloriosa
en la misma Rosada Casa
-bien misteriosa la cosa-
cuando se  apareció el perillán.

Ah, que es la vida muy corta
que no restan tantas jornadas
ni ocasiones tan granadas
que puede que no haya otra
de darle a las carnes deleite
lubricarlas en amoroso aceite,
y si la Parca a todos espera,
que nos encuentre de esa manera.

Así  la Kirchner se debatía
así por el Dioni  crujía
por su longa pica suspiraba
por el lustre de su melena
esa indómita cabellera
la morruda se agitaba,
con ese recuerdo salivaba,
humedades la reverdecían.

Resolvió al cabo Cristina
en sus martas cibelinas
dar rienda suelta al furor
repetir el trasero temblor,
para eso soy Presidenta
no veo en ello afrenta
ni a la Patria, ni al Nestor,
tan solo dionisíaco amor.

Conozco yo un sitio noble
apuntó el Dioni por cables
tablado de otros romances
panal de eróticos lances
el que conviene a princesas
el que merecen tus trenzas
y puedo ahí, palomita
mi petisa cristinita
mi relinda argentinita
sin que nadie te señale
sin nada que te reclame
rendirte amores, darte caña,
darte mate, darte jaque
mejor, vente tú pa España.

Y hasta Olite, a su castillo
temblando como membrillo
en vilo tras aquel zambombo
por ver de sacarlo brillo
por entrarle hasta lo hondo
se la llevó el Dioni pillo.

Y en lo alto de una almena
cuando poníase ya el sol
confundidos como turistas
que tomaran unas vistas
con artero disimulo
sacóse  Dioni el cirulo
y por entre las cristinas posaderas
ese trueno nazareno
entre quiebros y requiebros
entre meneos y jadeos
allí que se lo encasquetó.

Toma repsoles, Cristina
Toma repsoles, Nestor
trágate mi medicina
y llévate a la Argentina
la pujanza de mi vigor,
bramaba en la acometida
aquel pícaro bribón,
mas la Kirchner medio loca
sólo atendía a Pasión,
babeaba por la boca
absorta en su devoción.

No te pares, Martín Fierro
no te pares, gaucho mío
sigue firme con tu hierro
cabalga duro mi albedrío
son la vida cuatro días
es la Vida tu espolón,
no valen más esta puesta
este sol, este fragor
este cielo encabritado…
que mil acciones de repsol ,
que le den por saco a la Patria
que acá quiero morirme yo.

Y así se acaba el romance
de la Presidenta y el vividor,
créeme lector si te digo
que además de mucho enganche
con el roce del cariño
nació entre ellos Amor,
el dios que todo lo perdona,
no lo he de perdonar yo.




Post/post: gracias a Juan Risueño, a George Orwell, a chatarra, a Ramón Puertes, a Sonja, a Mónica, a Maribeluca, a NVBallesteros, a Xad Mar, a Misael, a Hadock por seguirme, puro oxígeno para seguir escribiendo, por hacer conmigo ayer el blog. Si no puedo un día, lector, acudir a este diario encuentro contigo, mi mayor ilusión sería que me buscaras en los míos relatos. Baja el fondo del blog, pulsa en la etiqueta "relato" y "relatos". Ahí siempre estaré yo, y leyéndome tú, nueva vida me das. GRACIAS