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viernes, 7 de abril de 2017

Los de Covite, cuatro, los filoetarras makarras, cientos

     



   Constituye toda una vergüenza inmoral la espantosa soledad que siempre rodea a las víctimas de los etarras cuando comparecen para ofrecer sus razones y su ejemplo, personas además de la valía intelectual y humana de Savater, Maite Pagaza o Consuelo Ordóñez, y el alegre y desenvuelto cinismo con el que una y otra vez alardean los miles de filoetarras makarras. Ésta sí que es una Indignidad capital: que los bárbaros eskratxeadores triunfen en la política española, y que sus víctimas se vean obligadas a abandonarla ante la insensibilidad de la mayoría. Y luego está el PSOE, su esquizofrenia constitutiva,  locos por la alabama furiosa de hacerse la foto con Otegui, ese gran político, que dijo Iglesias. Qué vergüenza.  


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sábado, 29 de octubre de 2016

Consuelo Ordóñez, Hermana Coraje, en Alsasua esta vez

    

   
   Ella sola, una mujer corajuda, hermana de Gregorio, asesinado a traición porque les ganaba en las urnas, rodeó a la Mafia Filoetarra. Ella resiste sola, eso es. Prolongando de la mejor manera posible el caudal inagotable de arrojo, heroísmo y nobleza que en su hermano contra la dictadura asesina de ETA sobresaliera, pues entre las mejores páginas de la Historia de España está, de nuevo frente a ellos Consuelo Ordóñez, mujer cuyo nombre designa y simboliza la valentía y la resistencia, de nuevo se plantó.
   En Alsasua, madriguera de etarras y filoetarras ratas, esta vez fue. Habían días antes, ya sabes, cuán heroicos, cuán progresistas, apalizado entre cincuenta a dos guardias y a sus mujeres, entre el habitual silencio atronador de la Progresía y del Feminismo biempensantes en España. Habían además movilizado por cientos a los suyos a manifestarse contra la Guardia Civil. A la plaza convenida, en la hora para su inicio acordada, sin escoltas, a cuerpo limpio, Consuelo y otras tres víctimas de ETA (Conchi Rodriguez, Iñigo Pascual y Fernando Altuna), se allegaron, y sólo con elocuentes carteles a la furiosa masa vociferante se enfrentaron. “Aquí sobran los violentos”, “No nos dais miedo”, “Odio fuera”, “Guardia Civil, seguid aquí”, estas eran sus proclamas.
     Ni el ser deudos y familiares directos de asesinados cobardemente por ETA movió a respeto alguno a la horrísona tropa filoetarra allí congregada: al momento de verles les injuriaron, les infamaron e insultaron con viles denuestos a la cara gritados… ¡Fascista! ¡Asquerosa! ¡Fuera de aquí! ¡Vosotros odiáis! ¡Vete a tu pueblo! ¡Forcejeó uno de aquellos abertzales por arrebatar a las víctimas uno de sus carteles!
      Se retiraron luego, claro, pero allí quedó alta y hermosa la lección de rebeldía y de coraje, que en Consuelo Ordóñez se personifica, ante el Muro de odio y silencio que los filoetarras quieren imponer. En Consuelo persevera bien alta y vibrante la llama de la dignidad y de la libertad verdaderas, la que a su hermano Gregorio sólo pudieron arrancarle por la espalda y a tiros.   

    

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martes, 26 de junio de 2012

Quisiera poder decirle algo que le sirva de consuelo...


   
     Consuelo, la hermana valiente de Gregorio Ordóñez, aquel Titán al que mataron mientras comía. Precisamente llevar sobre sí ese nombre común que en ella se hace propio. Dar consuelo, decimos, procurar un alivio en la pena que a uno le consume. Consuelo ella, que le mataron al hermano que se jugaba el tipo por todos.  El nombre, la palabra, me llevaron a Lo que queda del día, la extraordinaria novela de Kazuo Ishiguro.
     Hay allí un pasaje estremecedor –no en el sentido sensacionalista del término, sino en el de ser capaz de remover en el lector instancias muy hondas de lo humano- en el que, al coincidir la agonía de su padre –sirviente también en la mansión- con el desempeño de la más crucial ocasión de su vida profesional y de la de su Señor, a las que ha consagrado él su existencia, vemos al mayordomo Stevens sacudido de dolor –siempre hacia sus adentros, nunca exteriorizándolo- entre esos radicalmente encontrados sentimientos.  El mayordomo Stevens opta por su “profesión” y no está presente en el momento que su padre fallece, aunque sabemos los lectores –maestría del escritor nipón- el  dolor que a la vez no deja de atravesarle.
   
    Cuando miss Kenton, el ama de llaves, más vulnerable a la intemperie de los sentimientos que el mayordomo, -no conozco una historia de amor, a la vez no declarado ni realizado pero inmenso en su verdad, superior a la que entre ella y  Stevens en las páginas de la novela vive- , que sí ha asistido a ese fallecimiento, acude conmocionada a comunicarle la reciente muerte de su Padre, el Autor, dentro del consumado dominio de los registros de lo indirecto –más complejos y por lo mismo más duraderos que los ya trillados por lo obvio- con maestría simplemente pone en sus labios estas palabras:
   “Lo siento mucho, mister Stevens. Quisiera poder decirle algo que le sirviera de consuelo”.

   Con esa medida confesión de la propia impotencia de las palabras para poder traslucir en ellas cuánto de verdad por dentro uno siente, a la vez por alusión revela esto mismo de una manera excepcional. “No es necesario, miss Kenton”, es la helada respuesta que Stevens le devuelve. “Estoy seguro de que a él le gustaría que siguiera con mi trabajo”.   
   Cómo me gustaría, lector, haber poseído esa maestría de Ishiguro, y aquel lejano día -tan cercano- en que unos etarras mataron a Gregorio, haberle hecho llegar una nota anónima a su hermana con esa idéntica leyenda: “Quisiera poder decirle algo que aliviara su pena”. Y también para hoy, a la vuelta de su memorable “Ni olvido ni perdono” a Lasarte, escribirle aquí, en la humilde covacha de este blog, eso mismo a Consuelo Ordóñez: “Estoy seguro de que a Gregorio le gustaría que siguieras con tu trabajo”.     


Post/post: gracias a Eleonora The Light, a María Barrio Corral, a Fernando, a Juan Risueño, a CSPeinado por dejarme su brillante comentario, por bloggear a mi lado ayer, GRACIAS.  Y mañana, lectores mios, TACHÁN, TACHÁN... ¡RELATO! (o algo así). 
  

lunes, 25 de junio de 2012

Consuelo Ordóñez y la selección española


   
    Ganó la selección de España a la de Francia en la Eurocopa. Siempre antes perdíamos contra los galos, creo. Ese intensísimo voltaje emocional de participación vicaria –virtual- , de amplificadora fusión y de distancia también, que en las sociedades del espectáculo las victorias proporcionan a las masas. Del despectivo “son unos baldaos” de hace dos días ante Croacia, al jubiloso “hemos ganado a los franceses” de ayer, esas montañas pasionales a ritmo de infarto bursátil, claro. 
   Al compás mismo con que se suceden las victorias, se multiplican las terrazas engalanadas con la bandera de España. Quién convence ahora a esos paisanos de que su gesto en nada influyó para que Xavi Alonso cabeceara con tino la bola. Descártese, eso sí, cualquier ilusión de trascendencia: de todo ese tremolar de insignias y de todos esos cantares algo achispados de afirmación patriótica, dust in the wind, en plena lógica con la naturaleza de la sociedad del espectáculo, incesante generadora de imágenes efímeras, nada queda. Nada.
   
    El mismo día, casi a la misma vez, Consuelo Ordóñez se plantó delante del etarra que asesinó a su hermano Gregorio –inolvidable Gregorio Ordóñez- mientras comía. A Gregorio lo mataron por defender esa bandera y por defender allí con la palabra ese cántico del yo-soy-español-español-español. También lo mataron en plena comida porque le sobraba a él ese intangible –tan decisivo en las sociedades postmodernas, en el futbol, en la política, en todos sus compartimentos- llamado carisma, que hacía prender su persona entre las personas, y que le había hecho ya ¡ganar! en su ciudad alguna elección popular.
   Alguien ha pensado ahora en que se entrevisten víctimas –sus deudos- y verdugos, a ver qué tal. Consuelo debió buscarle los ojos a Lasarte: “Ni olvido, ni perdono. ¿Cómo podría hacerlo? Quién podría perdonarte no puede hacerlo. Tú le mataste”. Esas palabras, el coraje cívico que las pronuncia, el aliento noble que las arropa, son mucho más esenciales que el gol de Xavi Alonso. ¿Por qué y a quién deberían arropar tantas banderas españolas, tantos cánticos de reivindicación de una Nación en fase de  liquidación?
     Publicaban ayer los sondeos de las próximas elecciones autonómicas vascas. Hipermayoría nacionalista. Artur Mas, honorable él, incitaba otra vez a cuanto antes separar a Cataluña de España.  Vale, vamos a ganar la Eurocopa. Y las terrazas engalanadas, preciosas.



Post/post: muchas gracias a NVBallesteros y a Eleonora The Nihgt por compartir conmigo, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.

domingo, 24 de junio de 2012

Tantas cosas que decirte


   

 Laburé, laburé y laburé de lo lindo, y del todo exhausto, como en una penúltima providencia que dictara ese dulce sopor, llegarme al blog y decirte: aquí me tienes lector. Cuéntame lo que tengas a bien. Sabré escucharte, te lo prometo. Tomemos ahora juntos un café (lo que a ti te guste). Tantas cosas –que ya tú de corrido conoces, pero no otro es el misterio de la Amistad- que decirte: que ganó la selección (quién convence a cuantos engalanan su terraza con la española, que su gesto en nada influyó), que Consuelo Ordóñez se plantó ante el etarra que mató a su hermano (también por defender con la vida la española): “Ni olvido, ni perdono”, que estamos con ella, claro, que entre fiestorros multitudinarios pasó la Noche de San Juan (las imágenes de un país sumido en la más trágica angustia, ya), que el juez Dívar, con sus extravagantes viajes a Marbella a cuestas, dimitió… ¿Marbella, he dicho? 
   
   ¡Horror! Ha de ser el cansancio, lector, lectora mejor dicho, -me entenderéis ambos-  que me impide afrontar otra tarea que no sea… ¿Terminaste ya tu bebida? Pues, toma ahora mi mano y canturrea bajito conmigo, que se ve que la fatiga ganó ya todas mis defensas y arrumbó mis coartadas, que sólo me apetece ya, lector, mejor dicho, lectora mía, -me comprendéis ambos- ponerte esta canción, penetrar su melodía pegadiza, bailotearla un poco al lado del ideal combinado español, de Consuelo Ordóñez, de su verdad, de los adormilados sanjuaneros que sabrán disculpármelo, a tu lado sobre todo, que la cantemos tú y yo a pachas, sí, y pueda así el bloguero hortera -¡a los cincuenta! estoy en verdad perdido- en lo más dulce un poco adormecerse: te envío poemas de mi puño y letra, te envío canciones de cuatro cuarenta, yes.
  
Post/post: gracias a Xad Mar, a Fernando, a NVBallesteros, a Eleonora The Light por mejorar con sus comentarios este blog, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.