Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Jorge Manrique. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jorge Manrique. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de noviembre de 2011

Plutarco y los ríos que llegados son iguales



     
      Me acordé al verlos, claro, del griego Plutarco, de sus “Vidas Paralelas”, ese grandioso fresco de la Antigüedad clásica, de su máxima al escribir las soberbias biografías: “A veces una broma, una anécdota, un momento insignificante, nos pintan mejor a un hombre ilustre, que las mayores proezas o las batallas más sangrientas”.
     ¿Cuál de entre todas entonces elegir sobre José Blanco? ¿Cuando se quedó sopas delante de todos en el curro? ¿Cuando fustigaba con acritud de savonarola los privilegios económicos de los controladores aéreos? ¿En el crudo momento de la turbia gasolinera? No sé. Casi mejor quedarse en esos años en que, como yo, Blanco era Nada, sólo ese apunte de ciudadano anodino y gris (sí, lector, Blanco fue más bien gris) que desvela la foto antigua, un poco feo e imprecisamente lírico él ahí, creo, y al que ese rostro desvaído permitía sólo hacerse muy rebajadas y domésticas ilusiones, las mejores. ¿Qué quimera le llenaría algún día la cabeza de tantos sueños locos?
     ¿Y de Urdangarín?  ¿Su espectral silencio de ahora? ¿Su desorbitada mansión de Palma de Mallorca? ¿Envuelto acaso en las góticas sombras de sospechas que ahora sobre él se ciernen? No. Preferible quedarse con su imagen del momento en que, a la inversa del muá, lo era él Todo: un olímpico Coloso de perfectas proporciones, un cuerpo mayestático rebosante de potencia y belleza bajo un rostro angelical, ante el que una Infanta borbónica cayó prendada.
     Y entremetido ya en los clásicos, y viéndoles a ambos notables tan igualmente apenados y apurados a la misma vez, como una pareja de hecho, gemelos casi del hecho del Infortunio, los dioses me soplaron al oido entonces los conocidos versos de Manrique (léelos despacito, conmigo, anda) :

allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.


Sí, en los versos de Manrique el “allí” era el Mar de la Muerte, pero en mi texto de hoy ese “allí” sólo quiero que sea el purgatorio del Mar de la Justicia, y que estas aguas les den a cada uno, como a todos los imputados, lo que en verdad por sus hechos merezcan, que yo, puede que por ser hoy domingo, les contemplé, creo, con humor y benevolencia, los mismos perfumados bálsamos que para ti, que hasta aquí me sigues, hoy deseo, lector mío.