Esa
desolación de los maniquíes desnudos tras el escaparate, como mutantes abandonados
a una soledad sin resquicios. Despojados de su avío, aunque fuera éste de
rebajas, es decir, desplumados de su esencia, así humillados, casi inertes, la estampa viva
del desamparo. Cómo se les nota entonces todo lo que les falta, qué desnudos se
les ve. ¡Cuánta soledad y tristeza se agolpa en estos días en ellos, por mucho
que en grupitos los apilen, qué angustiosa su silente espera, pudorosa en lo
más íntimo, hasta que de nuevo una mano paciente les arrope con las nuevas
galas que nos traiga este amargo Otoño.
No pude evitarlo, lector. Me acerqué a esa chica inmóvil tan blanca como
esbelta que arriba puedes ver sentada. Observa con qué candor ocultaba ella a
las miradas salaces el corazón de sus yébenes. Primero le liberé yo del cártel ese del
precio, que le afeaba y le pinchaba un poco el talle perfecto. Ni se inmutó,
claro. Entonces, como definitiva arma de seducción, le soplé al oído: “joven,
verás, yo… tengo un blog y mañana, o el lunes, que no sé si me dará del todo
tiempo a prepararlo, habrá en él una celebración que quiero que sea tan guapa
como tú”. Y, oyes, que para mí que se quedó ella pensándoselo. Igual el
domingo, o el lunes, no sé, tengo suerte, atraviesa el cristal y se me aparece
por aquí la Maniquí.
Post/post: gracias a CLAVE, a Winnie0, a Juan Carlos -gracias, compi bloggero- , a romi, a El papamoscas ilustrado, a Zorrete Robert, a NVBallesteros, por epilogar conmigo, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.