Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Meryll Streep. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Meryll Streep. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de abril de 2015

Prolegómenos del Deseo



(Quedan 3 para el Día del Libro. El mío es LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS. Puede ser el tuyo también)
10 euros por correo ordinario. Personalmente dedicado. Pídelo en josemp1961@yahoo.es 

Mi voz, en COPE, entrevistado por Cristina López Schlichting, sobre el porqué y el para qué de mi libro, cinco minutos

   
   Y bueno, ahí los tenemos, uno frente al otro, cuando está todo lo bueno a punto de culminar entre ellos. Recreémosles en la magnífica escena del beso, participemos así un poco con ellos. Suena en la radio un lentísimo soul, me parece. Llega ella, ataviada con el vestido que para ese momento horas antes compró. Se detiene a distancia, de pronto insegura, ama de casa, mamá y cuarentona al cabo ante él, aunque veterano, apuesto metrosexual, como pasando el duro examen. Se vuelve él y avanza un poco hacia ella, demudado también, mientras ella contiene la respiración, sin parpadear. “Estás maravillosa, si no te importa que te lo diga”. Ah, cómo respira entonces ella y esboza la sonrisa. “Tan maravillosa que cualquier hombre correría huyendo de alegría”, medio sonámbulo dice él, ¿huyendo? Hum, mira a la derecha, se muerde el labio de contento ella. Se pone de nuevo muy seria y avanza ya decidida hacia él… Timbra y retimbra el teléfono entonces, rompiéndoles el soñado clima. Qué hacer. Qué bien transparenta ella ahí su turbación, su contrariedad, su zozobra. “Familia Johnson”, como es habitual contesta, con brusquedad devuelta a la gris realidad. Le llama una vecina… ¡para cotillear sobre él!, pues lo han visto moverse por el pueblo. Lo que quiere Meryl es, claro, abreviar, pero al otro lado insisten en cotorrear, no la sueltan. Gestos de fastidio de Meryl. “Oh, sí, he oído hablar de él”, le dice a la otra, y es fantástico, porque como él se ha sentado de espaldas a ella, con inaudita delicadeza justo en ese momento que de él le hablan, empieza a colocarle bien el cuello de la camisa. Le deja una mano sobre el hombro mientras sigue despachando la llamada. Con un dedo maravilloso le acaricia el pelo. Pone él su mano encima de la de ella, de espaldas a él, pues no puede aún cortar la llamada. Cuelga al fin. Permanece ella un instante en escorzo contemplando las manos superpuestas. Se mueve hacia él, se miran  y sin soltarse ya las manos… comienzan a bailar la envolvente canción de la radio. 

   
   Todo el momento del baile nos recuerda, claro, a aquel otro baile con Redford, en la apoteosis de su galanura entonces este, de Memorias de África. Han pasado diez años, y la Streep sigue encantadora. Eastwood nos parece aquí más hierático que nunca, poniendo la percha sólo, y nos parece también que todo el gasto en la secuencia corre de parte de ella, que, sin hablar, sólo con la mirada y con las manos alrededor de él, -es digno de observarse varias veces el juego que a las manos da- colma de sentimiento y ternura la secuencia. Hum, el  emocionante titubeo de los cuerpos, el gozoso temblor del deseo previo al beso, el dulce trabarse de los labios abrazados luego, ese cuello de la camisa sobresaltado, el peinado perjudicado, hum, qué bien hace todo eso la divina Meryl

domingo, 19 de abril de 2015

Por el humor hacia el amor en los Puentes


 
   (Quedan 4 días para el Día del Libro. El mío es LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS. Puede ser el tuyo también)
10 euros por correo ordinario. Personalmente dedicado. Pídelo en josemp1961@yahoo.es 

Mi voz, en COPE, entrevistado por Cristina López Schlichting, sobre el porqué y el para qué de mi libro, cinco minutos

   Me resulta fascinante también una escena del primer tercio de la peli, cuando están curioseando, curioseándose ellos también, alrededor del primer puente. El paisaje es luminoso y campestre en toda su plenitud. Él está para acá y para allá emplazando la cámara, probando las tomas. Ella está sobre el puente, bajo el techado aquel de madera rojiza. Está intrigada por él, la vemos, por su cuerpo tan apuesto. Está deseosa por observarle, él aparece y desaparece de su vista entre el puente, y cómo a hurtadillas lo mira ella, qué bien expresa Streep su incipiente quemazón interna. Está además la escena soberbiamente contada, pues, en efecto, vemos la inquietud de ella buscando la figura de él, que, probando, probando, aparece y desaparece por un lado y por otro. Hay un momento en que parece él haberse evaporado, fisgotea ella por todas partes y nada… cuando de golpe aparece a un lado él con un ramillete de flores azules que acaba de aunar allí como regalo para ella… y ella, socarrona, ah, muy bonito, si no fuera porque... son venenosas… entonces Eastwood, a la vez desolado y muy cómico, deja caer a los propios pies el ramo, como si él mismo se desmayara, como si con todo el equipo se cayera…  y Streep rompe en carcajadas, era una broma, entre risas le dice, pero es que se troncha, se parte, se dobla la cintura, ríe con todo el cuerpo jubilosa, nos contagia su risa –habría que mencionar a la actriz española que la dobla, pues lo hace aquí de forma portentosa-, le contagia a Eastwood, se miran y ríen juntos… Hum, de la mano del humor, el vínculo del amor va abriéndose paso entre ellos.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS  
   A Armando, un cuarentón de clase media, un buen día su mujer le señala la puerta de salida de casa. Ella ha encontrado a otro más alto, más fuerte y más guapo que él. “Aprende a quererte y los demás te querrán”, le sentencia. Descubre entonces Armando, de golpe, su minusvalía emocional: un paria en la tierra de los afectos. Ha de salir al mundo; a un mundo, que por temperamento, le es ancho y ajeno. Cómo superar su desconcierto, cómo sobrellevar esa zozobra, cómo suturar la herida… Cómo aprender a re-armarse. En las asombrosas peripecias humorísticas, librescas y sentimentales que le suceden, en ese cúmulo de emocionantes encuentros y desencuentros… ¿hallará siquiera a medias Armando su lugar al sol?


sábado, 18 de abril de 2015

Cuando una vecina les cortó el rollo a Meryll Streep y a Eastwood



   (Quedan 5 días para el Día del Libro. El mío es LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS. Puede ser el tuyo también)
10 euros por correo ordinario. Personalmente dedicado. Pídelo en josemp1961@yahoo.es 

Mi voz, en COPE, entrevistado por Cristina López Schlichting, sobre el porqué y el para qué de mi libro, cinco minutos

   Hay, por decirte uno, un movimiento de cámara excepcional, que como espectador te noquea, cuando Eastwood abandona tras la triste cena final la casa, y Streep, paralizada por la separación, escucha entonces el arranque de la furgoneta, y con la cámara a la espalda, avivada la música, instintivamente recorre a trancos la casa hacia la puerta y el exterior para al menos una vez más verle, y sólo alcanza a ver la trasera de la furgoneta de Eastwood. Aún Streep da unos pasos hacia ella, que se pierde al fondo, y la toma la cámara entonces de frente, deteniéndose en su rostro desesperanzado, no roto, pero sí muy grave y serio, dolientemente consciente de lo que está perdiendo, conformando una secuencia de una expresividad maravillosa.

      
   Hay también una escena muy buena del guión a la que creo Eastwood no sabe sacar partido, que es cuando la vecina de Streep se planta de improviso con una tarta en la casa, dispuesta además a pasar la tarde con ella, jorobándoles precisamente a los amantes su ardiente y reciente frenesí sexual por sentimental, y Eastwood debe pasar toda la tarde –sólo cuatro días dura lo suyo- escondido en la habitación de ella, y no vemos recreado el cúmulo de sensaciones encontradas que debió él allí experimentar encerrado, acaso porque no alcance él la panoplia increíble de registros expresivos con que su mágica partenaire cuenta. Así, a lo largo de la peli, a mi juicio, a veces acierta mucho Eastwood con su hieratismo gestual a conferir hondura a su magnético personaje, pero otras veces, cuando ella, angustiada, lo zahiere y lo interpela, la mira como si escrutara a un malote de aquellos que Harry el sucio de cuatro tiros apiolaba. 


  
(Abril abrazos mil, amigo. ¿Regalarle a alguien, regalarte mi libro? ¿Agradeces el blog? ¿Lo valoras? ¿Merece una pequeña recompensa? Necesito vender algún ejemplar más de mi libro, que es además muy bueno -creo-, para seguir escribiendo también este blog. Pídemelo y te lo dedicaré personalmente. Precio por correo ordinario: 10 euros. Precio por correo certificado: 15 euros)
  

LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen, análisis y UN CAPÍTULO de la obra en estos enlaces)
UN CAPÍTULO:
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas.  Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

domingo, 12 de abril de 2015

Anoche soñé que volvía... a los puentes de Madison



   Anoche volví a ver Los Puentes de Madison... Qué recital interpretativo de Meryll Streep, cómo expresa, cómo mira, cómo escucha, cómo vibra, cómo brinca, cómo zozobra, cómo se agita, cómo ríe, cómo se entristece, cómo se ilusiona, cómo se troncha, riéndose o doliéndose, cómo utiliza las manos, los brazos, los ojos, la mirada, el cuerpo entero, qué portento maravilloso de actriz, cómo sufre, cómo goza, cómo se enamora, cómo enamora al imperturbable Eastwood, cómo nos enamora, qué caudal de interpretación a través de ella se desborda, que acabas tú también llorando de verla expresar e interpretar tan bien y con tanta belleza. En el video lo paras, puedes ver siete veces cómo compone una escena, sus gestos mínimos, su sinfonía corporal, su angustia, su dolor, su amor. Una gozada. Sí, he de escribir algo más largo sobre esta hermosa película.


   ¡Pero claro!¡Es que las buenas películas, las mejores, hay que volver a verlas a menudo, tenerlas bien vivas en la cabeza, que sean ellas las que la ocupen, que estén presentes ahí antes y mucho más que las cien mil telebasuras que a diario, estropeándonosla, nos colonizan la imaginación, y que además,  siempre a las mejores pelis les vemos y nos dicen cosas nuevas, y nos hacen disfrutar de lo lindo elevándonos con su grandeza, y no degradándonos con infames bajezas.



    Esto tuvo a bien escribirme sobre LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS, Eugenio García de Paredes, profesor de Literatura



   Es una pena que autores que merecen la pena, escriben bien, y tienen cosas que decir no entren en el circuito de las editoriales, en un país en el que hasta el concejal de festejos del pueblo más recóndito de la meseta consigue que le publiquen y distribuyan un libro. No sé si me explico. Pero las cosas están así, y sospecho que manuscritos de calidad que muchos querríamos leer están durmiendo en los cajones o los discos duros de sus anónimos autores.
            
   Por eso me llamó la atención la propuesta de José Antonio del Pozo, y decidí comprarle un ejemplar y leerlo con fruición. La verdad es que he disfrutado mucho. Una redacción clara, sin ínfulas, pese al título, que desgrana historias en las que muchos nos veremos identificados. A mí me gustaron especialmente varias historias. La primera, titulada “Triste de mí” en la que el protagonista, presa de un ataque de celos y despecho, ingiere litros de agua del grifo en Egipto con el consiguiente resultado intestinal. Fueron mis primeras carcajadas, y me dieron a entender que el libro que tenía entre las manos merecía la pena. O la aventura en Mari Gloria peluquería Unisex, que, como reza el autor “Ya empezamos mal”. O la locura adolescente de la Chica Rubia de Celeste Diadema, que como siempre prefiere al deportista malote antes que al insignificante empollón. Historias de sexo escondido, con la tía política insatisfecha, con la china que pide dinero en el metro mientras interpreta música, con la gordita que resulta ser deficiente y te cuesta una soberana paliza, o con la vecina de dulce olor, con la camarera... La graciosísima historia de Justus, que se embarca en una cruzada evangelizadora por puro deseo. Al final se queda con la chica y aparcan ambos la fe. En fin, historias con las que sentirse identificado, en un Madrid de todos, con paisajes variables pero no cambiantes, y que se van graduando con maestría: cada vez un poco menos hilarantes, cada vez un poco más oscuras, cada vez más reflexivas. Pero sin perder el sentido del humor, del pobre triunfador del karaoke que se ve perseguido por dos polacos calle abajo hasta terminar desplumado, literalmente, y con el culo al aire en una mañana gélida.
          
   Es un libro que hay que leer. Si tienes cuarenta, si los has tenido, y si pretendes tenerlos. Vas a disfrutar mucho con las historias porque debajo del surrealismo subyacen realidades con las que te vas a sentir muy identificado. Altamente recomendable, no debes dejar de leer “Las Historias de un bobo con ínfulas, que no son más que las vivencias ocurridas o no de un tío muy inteligente. Ponte en contacto con él en su correo, josemp1961@yahoo.es. O en su cuenta de twitter, @joseantoniodelp. Esperemos que haya más entregas, y que las veamos en las librerías.

miércoles, 25 de abril de 2012

A la atención de Soraya Rodriguez, alcaidesa del Rey de España



     
  Muy señora mía:
        Verá, Soraya, ando en estos días en el mío blog dándole vueltas y revueltas a la tormentosa “aventura africana” del Rey, doblando al fin el Cabo de Buena Esperanza consistente en desearle a la Reyna Sofía que  se desquite ella del Borbón bribón haciendo un personal remake con Robert Redford de la sensualísima secuencia en la que con sumo arte le lavaba él toda la rubia cabellera a Meryll Streep cuando aquello. Ese cielo la Reyna se lo tendría bien ganado, creo.
    Reparaba también en el carcelario papel de alcaidesa que se pidió protagonizar usted en el africano lío real. He aquí sus palabras, anteriores a la más mínima declaración del Rey: “Don Juan Carlos está siguiendo de forma directa todo lo relativo a su viaje… es conocedor del comprensible malestar e indignación de la sociedad… por lo que el PSOE espera que se dirija a la sociedad y diga algo al respecto”. Admira la insólita prepotencia con que siendo solo portavoz parlamentaria del partido de la oposición permítese usted hablar en nombre del Rey, incluyéndolo maniatado en el papel que en el discurso que a usted le conviene nada menos que al Rey de España le adjudica, ordenándole de paso la puerta única de salida que al reo le queda.
     
    Reparé luego, Soraya, en su nueva imagen para el público. Como a la mayoría de los que se quitan las gafas para colocarse lentillas, se le ha quedado a usted, permítame alcaidesa real el atrevimiento de decírselo, una expresión algo triste y como sufriente sobre el rostro. Parecen sus ojos expresar incontables y soterrados dramas con el solo mirar. A cambio su nueva melena –sin entrar en si es la misma natural como la vida o producto de artificiales extensiones- le discurre torrencial a ambos lados del óvalo, majestuosa y aleonada. Esa disonancia icónica, batida con el tono de sus muy severas palabras sobre el Rey de España, como un ordeno revuelto en una pena, aunque movía a confusión, no dejaba de turbarle a uno, neurasténico bloguero con ínfulas a la postre.
     Bueno, reconozco que no soy yo precisamente Redford, que es cualquier parecido suyo con el mío eso, muy azarosa coincidencia, pero he de confesarle, Soraya, así por ello Pablo Iglesias me disculpe, que, al observar la copiosa fuente de sus cabellos, el caudal de esa brava abundancia, fantaseé con lo mucho que me gustaría que Usted y la Nada interbloguera que uno es, a hurtadillas del mundo pudiéramos fugarnos hasta un oasis del Kalahari y allí a nuestras anchas –conciliando de paso sobre aquellas ardientes dunas las tópicas dos Españas- pudiera yo, a la manera de Redford, hundirle suaves mis manos entre las sienes, tomarle la mata de su pelo entre los dedos, sopesársela contra la nuca y enjabonarle con mimo cada recoveco de su cráneo, sí, enjabonárselo de lo lindo, susurrarle al oído una de mis poesías que en este mismo blog pueden leerse, volcarle luego un cubo de agua fresquita encima y soñar con cambiarle así, por un momento al menos, sus ojos tristes por unos bien  zumbones y massieleros.
     Y que fuera sólo entonces el Rey de España ante la Prensa nuestro único portavoz: es que Soraya Rodriguez no tiene que dar de su vida privada ninguna explicación, diría él. ¡Un anónimo bloguero faccioso lavándole el pelo a toda una portavoz socialista en el Parlamento! ¡Podría Usted después, una vez allí, como Karen Blixen, agitar mil y una revoluciones por todas las empobrecidas Áfricas! Fíjese, Señora mía, los desorbitados e interclasistas remedos que pueden alcanzar mis pobres fantasías. Afectuosamente suyo
                                                              José Antonio del Pozo



 
Post/post: gracias a Mónica, a José Antonio, a Charo y a Roy (qué alegría) por no dejarme del todo solo blogueando ayer, y a Ismael, seguidor del blog ya, fresca agua ellos para seguir escribiendo, GRACIAS.

martes, 24 de abril de 2012

Las Memorias de África de la Reyna Sofía


   
    “Una última cosa he de decirle…” continúa declamando Redford, pero justo entonces, como llevando lo que entre ambos está ocurriendo -el demorado contacto de las manos recorriendo la piel de ese cuero cabelludo, todas esas terminaciones nerviosas masajeadas- a un plano muy íntimo, a la vez que alcanza la jofaina de agua, mientras ella mantiene cerrados los ojos y ondea la cabeza como si dentro de un sueño anduviera, le susurra: “Incline la cabeza”, y a un mismo tiempo ella, en efecto, la inclina y conduce él hacia atrás esa cabeza.
   
  Comprende ella que le va a caer un alud de agua desde lo alto, y es asombroso como se las apaña Meryll para expresar la anticipación de ese intenso placer que se anuncia, sólo entreabriendo los labios hacia el pico imaginario de la jofaina. “Reza bien… quien bien ama… al Hombre, a la Bestia,…y al Pájaro…” susurra él, nada casual ese preciso verso, mientras la cámara encuadra el bellísimo rostro desnudo, sobre el que se derrama el agua en un plano de una sensualidad desbordante, pues lo borda la Streep para, casi inmóvil como se halla, ofrecernos, con dos nuevos estremecimientos de los labios entreabiertos, todo el remolino de sensaciones placenteras que la están embargando y casi anonadando, así consigue Streep trasladarnos como por dentro va digiriendo y saboreando el clímax de la situación, al encadenarse y desencadenarse ahí ya todo: Redford-la piel refrescada-la caricia del agua limpia-el verso de amor-el júbilo de la sensual existencia. Es precioso ese rostro, ese pelo mojado, esa boca frutal, esa maduración íntima de la experiencia y degustación del placer, como si en elipsis estuviéramos en realidad asistiendo a un acto de amor del que más bella aún emergiera.
      
   Oscila al cabo un poco ella la cabeza, como en un interior espasmo, -qué decir del riachuelo jabonoso, blanco, que vemos deslizarse entre ambos, a qué alude, mejor no lo digamos, que erotismo es sólo eso, rodear, no nombrar la cosa- mientras le sujeta Redford la nuca entre su mano… abre ella los almendrados ojos, casi despertando de una idílica ensoñación… y sí, ahí está Redford. Cómo le sonríe ella entonces, entregada, con cuánta gratitud y Amor mira ahora a quien sólo lavó su pelo. “Perfecto”, remata el galán, atractivo y risueño, la escena, el delicado misterio que entre ellos dos se ha abierto. 
   Memorias de África, yes, anímese, Reyna Sofía, hágala suyas, y que al Borbón zambombo mucho le vayan dando.
  
  

Post/post: gracias a Jackie, a José Mª Araujo, a Winnie0, a Mónica, a Sylvia Reguero, a Javir, a Luisa, a NVBallesteros, a Fernando Santos (seguidor nuevo del blog, puro oxígeno para continuar escribiendo) por bloguear a mi lado ayer. GRACIAS

lunes, 23 de abril de 2012

Memorias de África, sí

   
   Por supuesto que duele ver a la Reyna Sofía tratada así, como un trapo, por el Borbón rijosote, y casi nada más desearíamos que ver de nuevo al Monarca con el ojo a la virulé, y que así se lo hubiese dejado de un torniscón la Reyna Sofía, y que luego largárase al Serenguetti ella con el mismísimo Robert Redford,  que le hiciese allí él sobre la cabeza la misma deliciosa ofrenda que en aquella memorabilísima escena le hacía a Meryl Streep, y que al menos así un poco se equilibrasen las cosas. ¿Se lo recreamos juntos tú y yo, lector, como si la Nada de un blog casi anónimo pudiera servir de desagravio a toda una Reyna? Intentémoslo al menos, dame tu mano, lector, va. Como dicen los toreros, Majestad, va por Usted:

     La escena es todo un tratado fílmico, atiborrado de sensibilidad, sobre la distinción entre el erotismo y la pornografía, que debería ser enseñada en todas las escuelas mil veces antes que cualquier burda iniciación a la sexualidad. Se desenreda malamente Meryll las crenchas –estamos en el asfixiante y pegajoso desierto- y  Redford, que la ve, aparta su propio quehacer, “creo que puedo ayudarla”, señalando de paso ya el espíritu de colaboración que toda aproximación sincera necesita.
   
    Les vemos ya en el plano siguiente inmersos ambos en una muy especial intimidad entre ellos desplegada pese a estar oficiando una experiencia diríamos que puramente funcional y externa: el lavado del pelo. Pero, atención, tiene ella cerrados los ojos, tiene dibujada ya una sonrisa sobre los labios cerrados; escucha así, con esa intensidad receptiva multiplicada, las frases festivas que le está él pronunciando a su espalda, mientras le frota con las manos todos los ángulos de su cabeza enjabonada.  Abre ella un poco los ojos, sonríe, los cierra. Sigue Redford declamando para ella. Tras ellos, las aguas del río, del río de la vida, claro, discurren ahora pacíficas, nemorosas, que diría Garcilaso.
    
   “Se está saltando versos”, le interrumpe ella, en amable queja, como ese niño contrariado que no quiere que avance el cuento que de sobra se conoce y que desea saborear al completo. “Suprimo los trozos aburridos”, responde él, también como ese niño impaciente que quiere llegar ya a la parte de mayor emoción. La misma a la que llegaremos tú y yo mañana, lector, si aquí me sigues y tomas mi mano de nuevo, que no quiero ya más por hoy abusar de tu preciado tiempo.




   

Post/ post: gracias a El Hada de los Cuentos, a Alejandro Pérez, a Lobo Solitario, a misael, a George Orwell, a Sylvia Regueiro, a José Antonio, a Winnie0, a Anónimo, a CSPeinado, a El fugitivo (gracias por los versos,poeta), a NVBallesteros, a Victoria Eugenia Canela, a 90.000 ciudadanos, por bloguear conmigo en domingo, por dejarme el agua limpia de su colaboración en este blog, que es también vuestro.