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jueves, 11 de octubre de 2012

Granhermanización de la Indignación



    Entonces, en mitad de la refriega, puede que para intentar así desarmar a los esbirros policías a sueldo de los Poderosos, la joven desnudó sus pechos al aire, cerró los ojos y, con algo de deidad hindú en el ademán, pusóse como a rezar. Por un momento aquel hare krishna del todo se detuvo, claro. Todo quedó en suspenso ante aquella espiritualísima y lenonniana imagen. Qué mejor alegoría que esa que la bella joven al mundo ofrendaba para representar las altas dosis de idealismo utópico que atiborran buena parte de los planteamientos indignados. Inmediatamente venía a la cabeza, claro, el cuadro de Delacroix, La Libertad guiando al Pueblo, sin fusil y sin bandera, como corresponde a estos ecuménicos tiempos. Las cámaras la rodearon, la asaetearon, la inmortalizaron como a una milagrosa y casi virginal presencia. Sólo una semana después, aquella Virgen era fenicia portada del Interviú, mostrando ahora la trasera cara de sus dos lunas llenas. ¿Azar o necesidad entonces el que la muy progresista conductora del Gran Hermano protagonizara poco antes una similar –todas las distancias salvadas- portada?

   Las dos imágenes, las dos mujeres, de alguna manera por contigüidad se fusionaban una contra/sobre la otra. Mila-esa chica-Milá. Esa disolución de los tiempos –los años de una y los de la otra, los sólo siete días que habían llevado a la neófita del total anonimato al sumo candelabro- y esa aniquilación de las perspectivas –es decir, esa liquidación de la memoria y del sentido- que sigue al alud diario de imágenes son lo propio de estos tiempos desquiciados, que todo lo escupen y nada en su seno retienen.

   
   Las manifestaciones clásicas tenían un ritual propio: un trayecto y una duración determinadas, unas pancartas previsibles, unos pareados macarrónicos, unas cansinas consignas gritadas, un discurso más que sobado y hasta luego Marx. Las de ahora, como casi era inevitable, se han contagiado de los virus de este tiempo post-moderno (especie de camarote de los hermanos Marx, sí, en el que todo vale a condición de que nada quede), y se invisten con las notas del género más hoy en boga, el reality show. Así, supertelevisadas, tienen lugar sobre todo bajo el foco de las cámaras, que convierten la plaza de rigor en un gigantesco plató (pero al cabo plató), poseen una duración indeterminada, no se sabe bien ni cuando empiezan ni cuando acaban, aspiran a una programación continua, son sus pancartas más reducidas, derrochan espumosísimas ocurrencias, sobresale en ellas la ausencia de Discurso final, pues más que oradores hay en ellas estrafalarios individuos deseosos de superar la prueba del día, el enfrentamiento con la policía.
   
   Como en los realitys proliferan los frikis (la difusa musa que hoy nos ocupa, ese orondo encargado de bar devenido en Apóstol Indignado, que “se besa y se abraza con los chavales” ya que mutuamente se adoran, hasta que llega la Policía a zurrarles  tantos abrazos ya, el juez metrosexual que indirectamente les glosa) y como en ellos, tras superar la prueba, las cámaras enfocan la grupal sentada en espera de que algo pase, una chispa de enfrentamientos, que vuelva luego a instalarse la modorra y de nuevo otra vez la vuelta a empezar. Sí, esta bella-ragazza-in-cueros ha sido esta vez la nominada, y Milá su profeta. ¿No sostuvo acaso Milá que de vivir hoy Jesucristo, el gran rebelde, se metería en el Gran Hermano? Pues eso.


Post/post: gracias a Cesar, a CLAVE, a Winnie0, a Mónica, a Bego, a Isabel, a Aspirante, a Fran por hacer con su aportación más redondo mi texto, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Como el mismo Kafka


   
   Qué extraño resulta el saborear dentro de uno la dulzura intensa de albergar una íntima Ilusión, por discreta que ésta sea, a la misma vez que tu país, y por tanto, que buena parte de tus conciudadanos, atraviesan  algo más que las habituales contrariedades propias de la existencia, por ser esta de ahora una muy  amarga tesitura que a todos sobre el borde objetivo del precipicio nos coloca y de cuyo acerbo sabor general es casi imposible sustraerse. Nuestro país se desmorona –o está en ello- y nosotros nos ilusionamos, podríamos decir parodiando al Bogart casablanquiano. Qué raro te encuentras entonces, desprovisto además del apresto bogartiano para llevar una chaqueta blanca y fumar de soslayo con los ojos como brasas para Ingrid y a la vez pelear contra los nazis.
   
   Es ese extraño y múltiple juego de posibilidades que en el intercalarse de  lo individual entre lo colectivo, y viceversa, caben. Sólo los utópicos y los totalitarios creen a pies juntillas que el engarce entre el individuo y la sociedad es o puede ser perfecto. La realidad es mucho más compleja y multiforme de lo que estos fundamentalistas pretenden. A menudo ocurre, como dice la canción, que cuando tú vas, yo vengo de allá, y cuando voy yo, todavía estás tú aquí.
   
   Entonces, cuando de seguir mis ideas y mi criterio debería andar  interpelando melodramáticamente –desde la covacha de Mío blog, digo- a Artur Mas, por considerarle yo el principal responsable de la suicida ruleta rusa en la que andamos metidos, que tantísimo daño quizás irreparable está ya causando… pues, sucede, lector, que no tengo ganas, que dentro de mí alumbra y vibra una Ilusión que en estos días me hace levitar sobre la aspereza y las mentales alambradas de espino de las quizás para la mayoría tristes jornadas presentes.
   
   De manera que, como a Bogart uno nunca va a llegar, apelo ahora a Franz Kafka, a su sagrado ejemplo. Si el genial checo nada menos que en el día en que estalló la Primera Guerra Mundial anotó en sus diarios su célebre “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Tarde, escuela de natación”, vamos, que se iba él a nadar, que no iban a alterar su ánimo y su costumbre el presagio de la hecatombe –y qué podría, de otra parte, haber hecho él, un anónimo burócrata, excepto escribir unas líneas que quizás él no sintiera- , en el día de hoy y por las mismas, pongo yo esto en Mío blog: “Artur Mas ha declarado la independencia de Cataluña. España en peligro. Tarde, sigo del todo alborozado por mi pequeña ilusión.”



Post/post: gracias a Juante, a Mónica, a Mati, a BEGO, a Inmaculada Moreno H, a NVBallesteros por las hermosas palabras que dejaron para mí, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS. 

martes, 9 de octubre de 2012

Todas las ilusiones del mundo



   Cuántas veces no me habré repetido por dentro la divina divisa de Pessoa, no tanto la que a uno mejor le define como la que más me gustaría que de verdad me dibujara: “No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo”.
  
   En demasiadas ocasiones, sin embargo, emprendía la frase, me elevaba sobre su segundo peldaño (aunque no sé si más que ascenso tratábase ese paso de un descenso)… y ahí me quedaba. Y no es que sin al menos una ilusión la vida resulte insoportable, pues casi de cualquier forma se vive, o se sobrevive, pero sí quizás sea lo cierto que, abrigando dentro de uno la capacidad de ilusionarse y no siendo a la vez capaz de encontrar la forma con que elevar esa dorada cometa por los aires, resulta la existencia una carga frustrante y siempre lastrada por un poso muy amargo en el fondo.  

     Desde ayer, lector, como cuando de niños parecía ir a salírsenos el corazón por la boca durante las vísperas de los Magos de Oriente, conmigo va una Ilusión. He dado el primer paso para que mi cometa, grande o pequeña, con más o menos colorines, mi cometa, pueda al fin volar. Y como los niños supersticiosos cruzo en vilo mis dedos por ella, y de ella no puedo de momento revelarte más. Gracias, Pessoa


Post/post: gracias a Winne0 y a Mónica por bloggear ayer conmigo.

     

lunes, 8 de octubre de 2012

Diane, Diane (Poessía treinta y cinco)




Oh, Diane, Diane
cómo necesito hoy
el chispazo alegre de tus ojos
que le ríen siempre al mundo,
almendras fulgurantes,
por más que pongas tú
la boca luego muy seria.

Una ardilla revoltosa
brinca sobre tu chaleco desenvuelto.
Las aves de Central Park
pespuntean solo tu recuerdo.
Allen reúne para ti
un ramo de relucientes margaritas.

Qué medicinales hoy
los trinos de quien en España
te doblaba a tí la risa,
quién será esa mujer
con esa caricia volándole en la boca,
el elixir de aquel sándalo
que absorbía a rastras hacia su aura,
esa risa más tus ojos
que clausuraban mi mundo,
que redondeaban una promesa,
que vengan hoy hacia mí,
que se posen en mis hombros,
que me vivan en el pecho.

Aplastar con ellos hacia el fondo
hacia la ciénaga del olvido
el mordisco de la Señora
su farruco ladrido acre
al bulto de mi insignificancia
que ante ti, Diane, ante tus ojos,
ante quien en español te doblaba las risas,
esa fórmula doble de la vida plena,
se cree y todo relevancia. 


Post/post: gracias a CLAVE, a La Sonrisa de Hiperion, a NVBallesteros por molestarse en dejarme su compañía, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.

sábado, 6 de octubre de 2012

Espejos cenitales


   
   Feliz como perdiz caminaba por el abarrotado vestíbulo del centro comercial. Nadie, por los gestos o por la expresión de la cara, anodina a más no poder, podría adivinárselo, claro, -de la misma manera que no notaba él las comedias, los dramas y las tragedias mayores o menores que estarían sin duda desarrollándose en el interior de cuantos le circundaban- pero era el hecho cierto que se sentía sin duda atravesado de júbilo.
      ¿El motivo? Pues que, de repente, mientras se dirigía a comprar suavizante para la lavadora, como una palmera gigante de fuegos artificiales, le había estallado en la chola la flor genial de una metáfora grandiosa para el poema que, en pago ideal por el gusto que le había dado su libro de memorias (ver blog 22-7-12), le tenía prometido en el blog a Diane Keaton
   
   …Tardes ocres de Central Park, esplendor caedizo del otoño neoyorkino, alfombrados de hojas amarillentas los senderos, Diane y Woody en un banco chismorreando alborozados sobre los estrafalarios viandantes, una ardilla revoltosa que de improviso ante ellos se plantaba, el susto y pánico de Allen, las risas en do mayor de Diane, ardilla que de un salto se posa sobre la maxifalda color calabaza de Diane, sobre sus muslos, una caricia mágica en el parque, como en un cuento infantil, la metamorfosis allí… sí, la tenía, la tenía, no llevaba lápiz para anotar la Imagen, no hacía falta, no se le iba a olvidar, ah, qué fantástico…
     
   En fin, una de esas nimiedades que a un bloguero anónimo pueden llenarle de una alegría incomprensible y medio loca, que pueden catapultarle sobre el marasmo de los días grises. Entonces tomó unas escaleras mecánicas que, en correlato con su insensato alborozo, le ascenderían hacia las alturas de una planta superior. Casi se le dibujaba ya el asomo de una sonrisa en la cara cuando elevó la mirada hacia arriba. Hubiera querido, quizás, encontrar allí el azul de un cielo… pero fueron espejos cenitales lo que halló.
   Cuando estos le devolvieron y le confirmaron, inflexibles y fiscales, desde un ángulo y desde el opuesto, la deforestación creciente de su perola, los estropicios irreversibles que obraba la Vida en su cogote, ese calvero yermo, esa descalabradura –oh, infausto aura- que abría el Tiempo en el cénit de su cabeza, que tan indefenso frente a tantos  peligros abstractos le dejaba… de golpe se le heló todo el contento que  traía.
  
  Cerró un instante los ojos. Notó de manera inequívoca entonces rodando escaleras abajo, como un preciado jarrón de vidrio haciéndose migas y pulverizándose contra los hierros, el precipitarse y el estruendo al quebrarse, hasta del todo desaparecer cualquier rastro suyo en la memoria, de la grandiosa metáfora, de la ardilla revoltosa, del Central Park en otoño, sí, en otoño.   


Post/post: gracias a  Bucan, a Jaime, a Mateo, a CLAVE, a Xad Mar, a Cesar, a Juan Carlos, a David Gerbolés Pérez, a Ly Rubio, a Winnie0, a Mónica, a Zorrete Robert, a Cesar, a MAMUMA, a Juante, a Winnie0, a Zorrete Robert, a La sonrisa de Hiperión, por mejorar con sus palabras y reflexiones este blog, por hacerme pensar con sus ideas, por bloggear a mi lado, GRACIAS.

viernes, 5 de octubre de 2012

Envolver la nada


   
  
   Rumiaban su íntimo fiasco los periodistas literarios antaño diciendo que sus artículos sólo servían… para envolver el pescado del día siguiente. Algo es algo, so congrios. Algo de ese brillo insólito del pez lustroso se le pegará al artículo de paso. Algo de las abisales profundidades marinas le orlará de honduras antes de pudrirse como todo en this life.  Algo de esa agua dulce o salada aprovechará al pulso de esas palabras impresas. Igual al pez le da por leerlo y embeberse en él. Puede quizás que un niño travieso lo rescate luego del cubo de la basura y se sumerja luego en su maloliente descubrimiento.  ¿Qué envuelve en cambio el post de un blog, que a nada huele, que no se puede tener entre las manos, que no puedes jamás, por mucho que la inspiración de parte a parte lo atraviese, acercártelo al corazón? Eso mismo, la nada.

jueves, 4 de octubre de 2012

Se me rompió el ordenador de tanto usarlo, yes



    De nuevo volvió a chingárseme la máquina, joder. Ha de ser una tácita venganza de la Publicística, que como todo el mundo sabe es naturalmente progresista y que con mano invisible –como la famosa de Adam Smith, solo que en clave conspiranoica y de malignos virus ésta- castiga de nuevo a réprobo tan faccioso como este espurio bloguero, que sólo sabe escribir insidias acerca de las bondadosas starlettes de la Izquierda.
  
   Así es que, lector, mientras intervienen a mi ordenata, trasunto, sinécdoque y casi ya real extensión de mi propio cerebro, ando, ya sabes, como descabezado, desorientado, un poco perdido, incapaz para el pensar, con la cabeza como adorno sólo, como Frankestein sin su doctor, y hasta que me lo habiliten de nuevo y me lo restituyan, y vuelva a ser yo entonces la Nada con ínfulas que siempre fui, te escribo desde un pequeño notebook –no sé si esto mismo no será ya un penoso pleonasmo-, desde el que quizás sólo se me puedan ocurrir, convaleciente yo, eso… cosas pequeñas.
    
   No sé, quizás haya alguien a quien le guste lo mío así, pasado por el notebuk, una suerte de blog bonsai, que andamos locos los blogueros anónimos por como sea gustar.



Post/post: gracias a Winnie0, a Xad Mar, a CLAVE, a BEGO, a Mónica, a NVBallesteros, a Javir, a Jaime, por revivir la escena conmigo (a resguardo quedan, y donde nunca se olvidan, besos y abrazos vuestros), por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.




miércoles, 3 de octubre de 2012

Mujer de espaldas


    
   La radiante mañana otoñal, bañada entera en una luminosidad impropia, parecía incluso recrearse en sí misma, como si prolongara con visos de realidad la ilusión del reciente estío. Sólo una tibia brisa con aromas de enebro en sus vueltas le bajaba por momentos los humos a tanta vanidad, aunque a la vez, con su fresca caricia hacía aún más hermosa y colonial la mañana. Daba mucho gusto el conducir el coche muy despacio, con la ventanilla del todo bajada, al pairo de los compases primeros del Otoño.  Así de ecuménico arribé al semáforo en rojo, como si por milagro del Otoño más que un infeliz bloguero suburbial fuera yo el mismo Vivaldi primordial. ¿Qué más podía pedírsele entonces a la mañana?
   
   La figura de una mujer, claro. Y como si fuera todo el desenvolverse de una partitura que a mi capricho al momento estuviérase escribiendo, ahora que me fijé, bajo la marquesina roja del autobús, le voilá, allí que apareció una. Debía ya llevar allí un rato, claro. No importaba el que apareciera dándome del todo la espalda, pues era por fortuna aquella línea trasera suya muy estilizada, en armonía plena con la luciente mañana otoñal. Llevaba un fino vestido rosa palo, vaporoso, con la falda entallándosele en tablas hasta más abajo de las rodillas.
   
   Arreció justo entonces de golpe la fuerza de la brisa reinante. Abrió ella apenas un palmo el compás de sus piernas, sin moverse más. El viento, como un amante invisible, le revolvía los cabellos, hacía flamear su vestido, le ahuecaba primero y le remarcaba después, yendo y viniendo, las distintas anfractuosidades de su cuerpo, que sólo podía ver yo de espaldas. Ese viento era un elixir mágico esparciéndosele sobre todo el cuerpo. No sé por qué, pues no podía verlo, pero hubiera jurado entonces yo que debía haber ella cerrado los ojos  ante aquel embriagador soplo.
   
   Se puso luego el semáforo en verde. Tenía que desfilar mi coche delante de ella. Avancé. No quise, sin embargo, a su paso  desviar la vista y descubrirle el rostro. ¿Para qué? Ya estaba cuajada de belleza bastante la escena matinal para jugarme entonces el desmerecerla o el saturarla del todo a esa sola carta. Allí quedó aquella mujer de espaldas, entre las primicias del Otoño. Aquí te la pongo ahora, lector. 



Post/post: gracias a CCGlobal, a Jaime, a Javir, a Winnie0, a Javier, a Fernando, a Mónica, a MAYTE, a Maribeluca, a Javier, a CLAVE, a Cesar, a BEGO por acompañarme en la celebración de este Otoño, incluso aunque a algunos no les guste, por bloggear ayer a mi lago, GRACIAS. 

martes, 2 de octubre de 2012

Perdóname, Otoño


  

    Perdóname, Otoño, estación favorita mía, por no haberme detenido hasta hoy a darte la bienvenida que mereces y de la que sea yo capaz. Ya sé que no te gusta tampoco a ti plantarte y trompetearle a la gente tu incursión, que sólo le hablas tú despacio y al oído a quien quiera y sepa escuchar tu murmullo, a quien quiera y sepa admirar tu insinuación. Eres, Otoño, muy poco post-moderno tú. Verás, Otoño, es que ando enfangado en bobos asuntos de Política, de una parte, e intimidado de otra por poderosísimas y cegadoras Irrupciones de Señora en mis míseros predios, imagínate, que me distraen de tu melancólica llamada a mi puerta, a la de todos. A la porra la Política y la Señora. Pude hoy caminar un rato a mis anchas por el parque de mi barrio y de nuevo te encontré, dulce Otoño. Reinabas sobre un viento tibio que traía consigo la promesa de la lluvia contra el rostro y que movía a las mujeres a abrazarse a sí mismas, a estrecharte en realidad  junto a su seno. Qué hermoso estaba todo bajo la sombra de tu compás inicial, como la alegoría de una decadencia detenida en el crítico punto de su belleza. Qué alegría el descubrir de nuevo que permanece en ti intacta, como nueva, la melodía de la serena seducción que para mí te envuelve. Una belleza frágil, sí, que  cada año retorna, que con el Tiempo no caduca, por más que se construya sobre la estela misma de la caducidad del verano. Aleteas, Otoño, en las ramas peladas y altas de los árboles, en sus cortezas cuarteadas, vives en los bosques y en los parques, desciendes a ellos desde el cielo azul vertiginoso para investirlos de tus ropajes ocres, para alfombrarlos de las anchas hojas que son tu divisa y quizás tus mismas manos amarillentas. Susurran las hojas al descender suavemente desde los árboles, como balanceándose al compás de una música sinfónica que te fuera propia y solo tuya, Otoño, como si fuera el susurro el dialecto que tú hablas y al que a todos nos invitas, tras el vocinglero verano. Invitas al paseo en paz, invitas a la contemplación y al sosiego, nos convocas como cada año al espectáculo callado de la mano del oro viejo que le das a todo. Haces de la Naturaleza, Otoño, un libro amarilleado por los ecos del verano y por los dedos del Tiempo en sus bordes que es una delicia contemplar.  A tus pies, Otoño mío. Vas siempre conmigo.   


Post/post: gracias a Winnie0, a MAMUMA, a Cesar, a BEGO y a CLAVE por contar con su impagable aprecio, por bloggear ayer conmigo, GRACIAS.

lunes, 1 de octubre de 2012

Sólo me las vio la Luna


   
    Esa oscura noche del día en que la Señora llegó, y con ella el terremoto que asoló mi blog, tenía yo que jugar, al lado de Javier, mi compi del padeleo, el partido inaugural de la temporada en nuestro club suburbial. Teníamos que empezar, pues, a defender la medalla de la alta dignidad que a lo largo de tres años habíamos alcanzado: nuestro 107 puesto en el ránking. (ver blog 3-9-12) Te confieso, lector, que tras atravesar el caudal de la terrible tarde zarandeado de un extremo a otro por los más opuestos sentimientos hacia mí mismo –qué hacer, que diría Lenin, yo sabía lo que sabía, y qué- a esas horas me encontraba del todo abatido. Sin arrestos siquiera para tratar de disimular ante Javier.
   -He tenido un pésimo día, tío… estoy cansado… Como si se me hubiese venido encima una apisonadora… lo último que me apetece ahora mismo es jugar.
    -Va, José, venga, tío, ya verás cómo no, ya sabes cómo es esto… cuando empiezas a correr y a sudar, todo el mal rollo del día se olvida y te desfogas en la pista a tope, va, tío, que vamos a ganar, ya verás.
    Calentaba luego Javier con su acostumbrada energía, mientras apenas ponía yo sobre la cancha, con negra camiseta encima, un trote lastimero. Nos enfrentábamos a dos morlacos de cuidado: el Higuaín, malevo en el juego como solo él, y Rubennigge, coriáceo como una nécora. Empecé de pura pena, claro. Reaccionaba tarde a las jugadas y, falto de concentración, le pegaba fuera de sitio a la bola. El ímpetu y la casta ganadora de Javier no eran suficientes armas ante la machacona contundencia de los adversarios. Palmamos la primera manga, 6-3.
   En el cruce de campos, al ir a empezar la segunda, un gesto despectivo del Higuaín –acaso en otro contexto una simple broma- ,el típico pulgar hacia abajo, me llenó desde la cabeza a los pies de una rabia insólita. Como en un relato plano, achiné los ojos para mirar enfurecido al Higuaín, queriendo lanzarle a la cara dardos, culebras y bromuro a la vez. Ni se inmutó él, claro. No tiene escuela ni nada, aquí, el Higuaín. Creo que patronea un taller de mala muerte, y que se las tiene tiesas con operarios y con clientes al mismo tiempo. Como para asustarle las miraditas de un bloguero con ínfulas. Para más inri empezó entonces a jugar fatal mi compi. Parecía acusar falta de reflejos, un extraño cansancio, o quizás sólo fuera el contagio de mi propia angustia. Éramos pan carcomido.
   
   Bueno, pues como en un cuento edificante, cuando menos me lo esperaba yo, -no sé Javier- noté como volvieron a mí de golpe y recrecidas  las fuerzas y mi sapiencia padelera. Me agarré a la pista como el mismo Tigre de Mompracem, imprimí a mis piernas una velocidad quinta y a mis golpes una seguridad nueva, y para sorpresa de nadie –pues nadie nos estaba viendo- igualamos primero y nos llevamos después la definitiva manga. 4-6 y 6-3. Era yo el más viejo allí, y aunque quede feo el decirlo –la verdad es la verdad, la diga Punset o un despreciable bloguero- quien acabó pletórico y reluciente sobre la cancha no fue otro que el menda lerenda a quien ahora lees, lector mío.
   
   Me quedé con ganas de devolverle al demudado Higuaín lo del pulgarcito hacia abajo, y hasta de añadirle al ademán el rapto de una risotada faltona, pero, qué quieres, me falta físico para esos desplantes toreros. Les chocamos las palmas sobre la red, as usual. Rubbenigge estaba más pálido que la luna menguante que desde arriba nos contemplaba. Pareciera que esa luz condensada de la luna sólo me alumbrara a mí, tal era entonces el brillo de mis ralos alamares.
   
   Era tarde en la noche ya, las doce pasadas, y al día siguiente había que madrugar. Estábamos, como siempre, Javier y yo, a solas dentro del coche, en medio del nocturno y ya despoblado polígono suburbial, únicos habitantes de un planeta sideral,  comentando eufóricos algún lance del juego. Cuando ganas, esos minutos son con nada de este mundo pagables, así de dicotómica es a veces la vida. ¿Quién se acordaba ahora de la irrupción conminatoria de la Señora, de la tarde horribilis, de mi penosa zozobra? Yo, naturalmente.
  
   -Joder, y eso que no tenías ganas de jugar… Jose, tío, cómo has acabado, hoy te les has ganado tú solito, un puto crack es lo que eres.
     
   Volví entonces la cara hacia el otro lado. No quería yo que viera Javier las lágrimas que me resbalaban mentón abajo. Sólo me las vio la luna.


Post/post: muchas  gracias a Campurriana, a CLAVE, a Mónica, a BEGO, a Zorrete Robert por vivir a mi lado mi partido y mi infortunio, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.