Tras la primorosa declaración pública
de amor de Obama a su mujer en la
celebración de la victoria electoral (“No
sería el hombre que hoy soy sin la mujer que quiso casarse conmigo. Michelle, nunca te he querido más ni me he
sentido más orgulloso que al ver al resto de los Estados Unidos enamorado de ti”), que de alguna forma lo vincularía a las
“bárbaras” palabras de Boadella que
el otro día espolvoreábamos aquí –excepcionales hombres de teatro ambos- , el
revelado lío del generalote americano Petraeus,
nada menos que ex –jefe de la CÍA, con su hatajo de suripantas, nos devuelve de
bruces al Sálvame nuestro de cada
día en este Reinado de la Mugre.
Es por un lado la historieta más vieja del mundo: tío de 60 años, casado
y en prominente puesto de Poder; arribista tiparraca de 40 tacos y de buen ver,
casada también, que con la excusa de querer hacerle una biografía lo que le
hace es… casi una biopsia. Vamos, que se le arrima, le roza un par de veces
como el que no quiere la cosa los pechos contra la espalda y… tiarrón que
muerde el polvo. Aparecen luego en el cacao más rabizas, y más generalotes
salidotes, pero the essential ahí está, como la Puerta de Alcalá.
Esas armas letales de algunas
mujeres fatales y esa vulnerabilidad extrema de todo varón que se precie de
serlo. Qué patéticos monigotes debemos resultar los tíos, vistos desde el punto
de vista supremo de estas sabias hurgamanderas. Ya se sabe, el sexo, tan
fascinante, que diría Elisa Beni,
bueno no, que ella me diría que es que se lo pasan de cuyóns y tal. ¿El que
haya por medio cónyuges traicionados y acaso sufrientes? Bah, resabios
moralistas del conservadurismo más caduco. Bah, pelillos a la mar de la
post-modernidad, bizarras pleitesías a lo que Tom Wolfe llamaba “la marea
del Sexo”, auténtica divinidad de nuestra Era ante la que todos nos
postramos. Hablamos de sexo, claro, pues a ningún sentimiento hondo, de esos
que engrandecen a las personas, arribamos tras estas vulgares historietas.
Descubierto el fregao, sin dignidad ni
grandeza alguna, cada figurante escapa por su lado, y si te he visto… maldita
sea la hora.
Claro, si uno de los generales más laureados del ejército de EE UU, si la principal cabeza de los servicios secretos
más poderosos del Planeta, con toda su ejemplarísima trayectoria a la espalda,
con las ingentes capacidades de autodominio y de madurez emocional que la
crucial responsabilidad de su puesto le requiere y exige, resbala y hoza, a las
sesenta castañas, en ese banal lodazal, entonces… es que los del Sálvame cada tarde tienen razón y son
ellos los mejores cronistas de estos tiempos bajos y desdichados en los que
está ya todo y del todo perdido.
(Y MAÑANA, fiel lector, mientras el mundo a nuestro alrededor pareciera derrumbarse, como para Armstrong aquel día en la Luna, como para Félix Baumgartner en el espacio interestelar ayer, mucho, mucho más que para el general Petraeus con su hetaira en su punto G, ha de ser para mí un gran día. Y creo que a estas alturas del blog, tú ya sabes por qué. Ven, anda. Gracias a todos y a cada uno de vosotros, amigos)











