No me hagas mucho caso, niña guapa, que has de llegar a ello por ti misma, pero verás, a mi faccioso parecer la Politicorra tiene mucho de cuento, y sucede que la Izquierda sabe contarlos muuucho mejor que la Derecha, y por eso anda ésta casi siempre por los suelos, como tú misma anteayer, ángel mío, mientras que aquélla una y otra vez despliega sus relatos, y con pericia de cuentista best-seller que lo hace. ¿Has oído acerca de alguien decir: ése tiene más cuento que Calleja? ¿Sí? Pues, eso.
Fíjate, niña, lo que ayer mismo ocurrió en el Senado, sí, en esa otra lujosa pista de patinaje, del artístico y del peripatético, que para todo hay. Traía el día malas puntuaciones para el ejercicio en marcha de la economía española. Esperaba la canallesca en corro un par de frases del Artista. ¿Y qué? , podría decirse, si el que ahora se desliza en la pista acaba de empezar su actuación, si fueron los anteriores patinadores los que dejaron la pista patas arriba y minada por las deudas y la desesperanza. Cualquier eslógan de aliño bastaba a Rajoy para salir con bien del caso. Bueno, pues, como el Gigante timidote de un cuento desdichado, balbuceó, reculó y, dando la espalda al corrillo de la Prensa, escapó por el garaje, como si fuera un forajido, brindando de paso en bandeja de plata una imagen a EL PAÍS de esas que valen un millón de votos entre los indecisos, y son éstos, tú ya lo sabes, niña lista, pero algunos no se enteran, quienes escriben el final del Cuento de las Elecciones.
¿Te acuerdas, niña patinadora, de las indecibles florituras que en Oslo, acerca de la definición de parado, sólo para salir del brete de la bárbara multiplicación de los desempleados, ejecutó el inefable Zetapé? ¿No te acuerdas, niña lista, que fue cosa de mucha risa, incluso ahora, al solo recordarlo, cuando delante del 10 de Downing Street quiso a todos hacernos creer, sin un pelo cortarse, que entendía él la lengua de Shakespeare cuando ni pajolera idea de ella guardaba? ¿No llevó acaso siempre consigo el aura de un infausto Pochilinela, con sus ruborizantes máximas a cuestas? ¡Mas nunca dióse, delante de la Prensa entera, a la fuga así, como si le persiguiera Hannibal Rubalcaba Lecter, por el amor del profesor que a ambos donceles diera clases!
Cómo puede ser, mía niña, que si hasta “el Bocas”, ese Ogro siniestro, delincuente sentenciado por asesinar y violar a una menor, se atreve al salir de la trena a enfrentar las preguntas de la Prensa, no pueda entonces el presidente Rajoy, elegido tal por la absoluta mayoría de los ciudadanos, a los cien días de gobierno siquiera hablarle a los periodistas?
Y esa costalada, no tanto como la tuya, pero también dolió el contemplarla, como duele un cuento mal contado con el que no consigues dormir… hasta que lleguen a mecernos la cuna los Cuentistas de Hamelín, como siempre, y sea ya todo la Felicidad y el Progreso universales, guapa niña, que creo que estoy ya contándote demasiados cuentos, y no sé si vas a empezar a pensar de mí que soy el viejo Werther.
Post/post: gracias a José, a Cesar, a Juan Carlos, a Juante, a Winnie0, a Mari Paz Burgos, a Trecce, a Mamuma, a Mónica, a Bonnie Parker, a Zorrete Robert, a en las nubes, por facer conmigo ayer el blog
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