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lunes, 22 de febrero de 2016

Belén Esteba abjura de su libro, manda eggs

   


   La Princesa del Pueblo, a la vuelta, para envidia viva de escritores caudales, medianos y más chicos, de aquellas mesopotámicas y delirantes colas de ciudadanos esperando un ejemplar de su libro, agarra-va-y-dice ahora (Libertad Digital 20-2-2016) que… “Yo lo del libro no lo tenía que haber hecho… Pensé que porque estaba saliendo de mi enfermedad me vendría bien, pero me arrepiento… No quiero hacer daño a gente, pero si contara la historia del libro… es que hay cosas que he contado yo, y cosas que no he contado yo”. ¡Por los clavos de Boris, Belenesteban, no nos mates con este tomate! Pero, hija mía, no digas eso, si lo que deberías es hacer otro. ¡Si eres Tú, corazón de melona, una de las Escritoras más queridas, con los mejores seguidores del mundo!

      En fin, bien se ve en esta cantada de la Princesa del Pueblo (que recuerda el timo del book de Ana Rosa Quintana, esa otra televisiva Princess), cómo es el más puro y duro cinismo el verdadero lenguaje de estos tiempos aciagos, que bien a las claras exclama y proclama la engañifa y la griffa de sus telebasurientos embelecos, a la vez que sus muy timadores artífices progresan y prosperan más y más. ¿Lo mejor de Belén Esteban? Sin duda sus seguidores: esa admiración y ese sacrificio que sólo por ella arrostraron por miles, ese penoso aguantar la cola, la calle, el frío, la pasta, la estafa, por entre sus manos tener su libro, no hay seguidores, por devotos letraheridos que juren serlo, de escritor alguno en el mundo –ni entre los más Galácticos- que comparárseles puedan. Ya le gustaría a uno tener la mitad de la mitad del uno por ciento de ellos, de su verdad, desde luego.
   (¿Has visto ya este vídeo, que no sé por qué, sale en gris? Púlsalo y verás lo que es bueno, jejejé)

  
   Febrero en candelero, amigo/a. ¿Agradeces el blog? ¿Lo valoras? ¿Merece una pequeña recompensa? Necesito vender algún ejemplar más de mi libro, que es además muy bueno -creo-, para seguir escribiendo también este blog. Pídemelo en  josemp1961@yahoo,es
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

miércoles, 1 de abril de 2015

¿Aceptarán Sor Lucía Caram y el Padre Ángel el telebasuriento dinero de Belén Esteban?

   


   Decíamos ayer… de la granhermanización de la sociedad y de la política (post 26-3-15)  (“Eminentes sociólogos cada vez más asemejan la liza política a las características de la competición en el Gran Hermano, el infecto reallity que va en España por la enésima edición con amplísimo eco entre el Pueblo: unos que entran, otros que salen, el Triunfo y el Fracaso, la implacable eliminación progresiva de los candidatos a manos de un público masificado y embrutecido, los nominados, los descarnados golpes bajos, el sucio cinismo como lenguaje de curso predominante, la más grosera teatralización de la vida privada, la súbita e inexplicada variación del fervor popular, la importancia crucial del, más allá de cualquier contenido, dar juego en pantalla para la propia supervivencia, en fin, los rastreros pactos contra natura entre los candidatos para destruir a un tercero, el continuo montaje que el Súper –o las Teles del Sistema- brinda de la realidad como carnaza para una masiva audiencia de homo gañanis. Si es –y resultará difícil negarlo- el de los reallity shows el relato dominante de esta Época, es normal que sus hegemónicas maneras contaminen el resto de los lenguajes sociales.)   y vienen acto seguido las noticias a corroborar, creo, a este pobre bloguero a quien apenas cuatro gatos siguen e impulsan.
   
   Resúltase que la Princesota del Pueblo, en la Gala Final del Gran Hermano VIP –esa penosa estilización de la Mugre-, que reunió a más de 5 Millones de espectadores, a bombo y pestiño anunció que donaba los 100.000 E del Premio a… Sor Lucía Caram, al Padre Ángel, a Cáritas y al hijo de una compañera, que tiene parálisis cerebral. ¿No resulta el calculado y público gesto –con aromas a markéting puro y duro por parte de la cadena y de su criatura- una nítida demostración de la corriente que a unos y otros enlaza en el convoluto bruto de la Era de las Celebrities en continuo Reallity? Entre Celebrities anda el juego, salta a la vista, entre Celebrities se entienden, cabe lógicamente decir. Las heroínas mugrientas de la Telebasura han sustituido a las vetustas marquesonas, y los Televisivos Religiosos a lo pogre  a las anónimas madres de la caridad de antaño, en lote anudados ellos todos.
     
   No conocemos noticia alguna de que, Sor Lucía Caram (tan rebelde separatista como arriscada antisistema ella) o el Padre Ángel se debatan en hondos dilemas morales a la hora de aceptar para lo suyo el vil metal de la cadena berluscona. Más allá de los hedores a tongo del reallity en cuestión, ¿es lícito aceptar el dinero procedente de un programa infecto que promociona transparentemente los más antisociales valores, empezando por los de la codicia, el descarnado egoísmo y la falsedad? ¿No resultan infectados los receptores de esos mismos anti-valores el aceptar la farisaica donación? ¿Y dónde queda la archisobeteada Dignidad?
      
   ¿No es verdaderamente asombroso que ni el más mínimo debate alrededor de esta grosera impostura se produzca? Con la graciosa donación de la Princesota del Pueblo se levanta a la vez acta, creo, de cómo la Telebasura, desde su hegemonía simbólica, a su manera ordena y contamina la sociedad al tiempo que busca su legitimación bondadosa. En las sociedades de la Telebasura entre Celebrities al instante se entienden, ya lo creo. Nos falta el selfie del trío el día de la entrega de la pasta.

     



(Ya abril nos milabraza, amiga/o. ¿Regalarle a alguien, regalarte mi libro? ¿Agradeces el blog? ¿Lo valoras? ¿Merece una pequeña recompensa? Necesito vender algún ejemplar más de mi libro, que es además muy bueno -creo-, para seguir escribiendo también este blog. Pídemelo y te lo dedicaré personalmente. Precio por correo ordinario: 10 euros. Precio por correo certificado: 15 euros)
  

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lunes, 5 de mayo de 2014

De cómo Belén Esteban se toreó al botarate de ERC

    



   Quién habría de decirnos que nos veríamos glosando el arte torero con que la Princesa del Pueblo, de frente, por derecho, y mejor que tantos melifluos políticos, defendió el valor de la unidad de España ante las chuscas coñas del botarate representante de la Esquerra, que acudió graciosillo a por lana de la Esteban y salió de los aladares trasquilado y corrido.
    
   Fue una ocasión buñuelesca. Celebrábase en la Ciudad Condal el Día del Libro. En la calle Lucía Etxebarría montaba el taco tuitero afrentando, como ya leímos, a la Esteban, que mucho de Lucía es que ella pasaba. Reinaba en la caseta del Corte Inglés barcelonés firma que te firma ante las masas la Princesota del Pueblo. A su vera acudió Alfred Bosch, diputado de ERC en el Congreso, que también presentaba en el Corte su libro separatista, acaso deseoso de aprovecharse de la mediática popularidad del lance. Con ese aire de Tom Hanks algo beodo y de saldo que se gasta, quiso con la Princesa fotografiarse.
   
   Hízole delante de las cámaras Bosch el numerito bobo de regalarle su libro, adornándose merengoso, como un caricato malo en el lance: “Se lo doy para que entienda que la independencia no enemistará a Cataluña y a España, sino que las hará más amigas. Espero que  hoy comprenda que los catalanes ganaremos con abrazadas y besos, que es nuestra manera de hacer las cosas”. Abrazadas y besos, ya.  “Para que entienda… espero que comprenda…” a las claras se ve las ínfulas de superioridad con que Bosch trata mal a Belén, y que como tonta desde el principio la considera. ¿Tonta? La Esteban se sonrió, le concedió las fotos, ganó tiempo y, bravísima y certera, allí mismo por naturales le lidió:
   “La independencia no tiene sentido. Los catalanes forman parte de España y todos juntos somos los mejores.”
   Y en segunda tanda así que lo embarcó:
   “Estoy en contra de la separación. Cataluña es España”.
   Ni siquiera hubo de recurrir la diestra al salto de la rana de su célebre “¿valeee?” para del todo reducir los bufidos de Bosch. Uff, cómo se dolió el morlaco botarate de las banderillas belenas. Tanto, que hubo de recurrir al Twitter para dejarnos su versión:
   -“Le regalo un libro a la Belén Esteban; le explico el tema, y ella me dice que ella es también una mujer muy independiente”.
   
   Más de 300 retuits de sus fans le repicaron al momento esta charlotada. Sigue tratándola como idiota, bien se ve. No importa: es sólo penosa versión de parte. La estricta verdad es que Belén Esteban, brava Princesa del Pueblo en defensa de España, acaba de asestar al mentecato diputado separatista una lección inolvidable. Fue como si en prodigiosa inversión, la basura trocase en muy digna realeza y el graciosete separatista en hedionda basura. Zas, ahora vas y lo cascas, tomhanks de saldo, acaso pensara hacia adentro la Princesa.




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sábado, 26 de abril de 2014

Belén Esteban, Lucía Etxebarría y la caseta



   Karen Blixen y Meryll Streep, muy felices ellas, tenían una ya mítica granja en África. Pues Belén Esteban y Lucía Etxebarría tenían una mefítica caseta en el Corte Inglés de Tele 5, pero me parece que han salido tarifando, ¿valeeeee?
    Dime tú si no. Resulta que, durante el pasado Día del Libro, triunfaba por todo lo alto la Princesa del Pueblo, cual Reinona de las letras, firma que te firma en el trono que al efecto le había dispuesto El Corte Inglés en la legendaria Ciudad de los prodigios. Nada mejor que el éxito delirante de Belén Esteban escritora para demostrar el desprecio social del hoy hacia el libro/libro. Si encima es el de un anónimo, el desprecio tórnase en cruel indiferencia.
     
   Héte aquí que el Triunfo de la Princesa, ay, fue también la envidia de la aspirante, pues la superlaureada Lucía Etxebarría  (Amor, curiosidad, prozac y dudas) no dudó, a través de las omnipresentes redes sociales, en directamente enfrentarle a la Esteban su desdicha. Esto escribió en Twitter, adolorida y folletinesca, Lucía:
     -Así es la vida. Belén Esteban con caseta en el Corte Inglés para firmar y yo buscándome la vida en un banco.
      
   ¿Estoicismo etxebarríaco? No lo parece; más bien ante un tuit protesta juraríamos hallarnos, con ese violento maniqueísmo de caracteres que la autora de Beatriz y los cuerpos celestes nos propone: la impostora y altiva princesa, en la pomada del negocio de los libros instalada, versus la honesta escribidora, barojiana criatura al mar de la pura calle arrojada a pescar. ¡Mas obtuvo Lucía en un pis pás 286 retweets de seguidores –cuenta 74000- suyos redifusores de su dramón!  Quizás en vista de lo cual, calculando ocasión y a la vez cargando a lo Chaplin la suerte, copieteándole un poco, precisó un poco más tarde ella misma, vagabunda, el exacto sitio en que se encontraba:
   -Dado que no he encontrado banco me he colocado en el centro mismo de la Plaza de Cataluña  #FelizDíaDelLibro

    
   Ay, cómo dolían al oído entre tanta felicidad, como tres alevosas puñaladas, esos tres ados tan empalmados. Quizás no recordaba Lucía  que no hace tanto quiso ella arrebatarle el trono de la Telebasura a la Esteban, arrebañando en ese mismo perol amarillista. Así funcionan las Sociedades de la Telebasura, Etxebarría, ya tú lo sabes, así de tornadiza es esa mugre. Por supuesto, #FelizDíaDelLibro. A mí me pidieron uno, ¿y a ti? No te preocupes mucho, mujer, verás que pronto volverás a tener Caseta. Es que tú… lo vales. ¿Una granja en África, dices? Eso ya, otro cantar es.




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jueves, 28 de noviembre de 2013

El libro ha muerto. Viva Belén Estebán

    


 Es tan desmedido ya el automático rechazo de la gente a enfrentarse a un texto trabado, es decir, inscrito en una trama de argumentos, que los que entienden de esto te aconsejan “hacerlo” así, en pildoritas minimalistas, en estreñidas capsulitas espaciadas, para que de esta manera al menos algún despistado te “lea”. Pues allá que te van:

1   1)    Las colas delirantes, incomparables, operísticas y triunfantes, ante el “libro” de Belén Esteban evidencian una vez más que se puede caracterizar lo que vivimos como las Sociedades de la Telebasura.
2  
    2)    Simbólico también el que alguien que sí es Escritor –y de los mejores, o sea, progresista- Boris Izaguirre acepte rebozarse en ese charco mugriento
3  
    3)    Es del todo irrelevante que incluso pueda albergar buenos pasajes. No es un libro para ser leído. No es un libro. Es el fetiche sentimentaloide de una CELEBRITIE, que es en lo que ha devenido ese “mágico” artefacto de hiperconsumo a la última que antes se denominaba libro. 

    4)    Irónicamente resulta ser con un “libro” (que va por la 3ª edición dos días después de salir en venta) como se explicita mejor el pleno desprecio en que ha caído el libro/libro entre la mayoría. Un “libro” certifica, pues, la Muerte del Libro.
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    5) El libro, en tanto que cofre o recinto preciado de sabiduría, de cultura, de estima y de reverencia por la palabra escrita, que guardaba en sí un prestigio verdadero, se ha esfumado. Más: sobre ese antiguo prestigio social hoy socialmente se escupe.
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     6) Más que en ninguna otra etapa histórica ahora la sociedad que puede da con la puerta en las narices a los escritores sin nombre. No valora su trabajo.
7    
    7) No hace tanto las personas que no habían podido estudiar estaban deseosas de aprender, de leer, de llenar esa carencia. Han enseñado ahora a la gente a sentirse orgullosa de su burricie. En la Facultad, más allá también, buscábamos como locos libros de autores desconocidos, porque habíamos oído que estaban bien, que merecían la pena, que había que conocerlos. ¡Te sentías en falta! La gente más humilde reverenciaba la cultura, y las personas se esforzaban en tratar de entender un libro, una peli, un cuadro complejos. Hoy, se la bufa: buaaá… hala, venga.
8  
    8)   Entonces tiene que llegar una niña paquistaní, Malala, tiroteada por los talibanes, a proclamar la importancia de un libro, es decir, del libro.
9   
     9)   Hoy, un escritor para mí maravilloso, García Márquez, el puro placer de la palabra escrita y del texto que en él rebosan, de no ser conocido, dudo si no mandarían la mayoría su excelsa escritura… a Parla.


     10)                     Uff, lo dejo ya, que el otro día en el twitter con aspereza me reconvinieron sobre que parecía un predicador. Tranqui, le dije, hablo con la autoridad que da el fracaso. Y punto borisizaguirre.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Dos Princesas que se dan la mano



   Cantaba Sabina, desgarrado cronista suburbano, que “las niñas ya no quieren ser princesas”. Pues no, don Joaquín, esa estampa resultó falsa. Ahí al fin las tenemos, frente a frente, Princesa de Asturias y Princesa de la Telebasura, princesas del Pueblo las dos, agarradas con firmeza a su respectivo principado, venidas ambas desde los confines del Pueblo llano, -qué astrólogo alguna vez hubiera podido aventurarles su fabuloso Destino- mutuamente reconociéndose en su principal esplendor, fuerzas vivas del Hoy que se besan reoperadas, con un Príncipe de sangre very blue y todo por complaciente testigo.
     
   Está, pues, atiborrado de simbolismo el Encuentro de las Princesas. Anótese que, en astucia escenográfica que al mismo Hegel hubiera dejado turulato, tuvo lugar la confluencia en los alegóricos dominios de la Razón: en efecto, celebrábase el XV aniversario del diario La Razón. Pero es que además son ambas dos criaturas por excelencia del verdadero artilugio conferidor de poder social hoy: la televisión. Es como si ante la crucial influencia de los media todas las tradicionales jerarquías se inclinasen, como si a lo sumo tratasen de incorporárselas, aunque más bien son los rancios linajes los que sirven ya sólo de aderezo a las nuevas fuerzas sociales triunfantes.
    
   Cuentan que iba la Princesa de la Telebasura ataviada en un soberbio vestido de cóctel negro con preciosas incrustaciones a juego. Que, como corresponde a su real primacía y a los relatos canónicos en los media hoy, había la Esteban toda la tarde ido retransmitiendo el previo en su popularísimo programa. Que fue la Princesa de Asturias (y de los telediarios) la que, adelantándose,  sorprendió a la escatológica Princesa del Pueblo: “Hola, Belén, cómo estás”. Que se dieron ellas las manos entonces. Que, con buen tino (¿de Letizia?) no pudo Belén ya prodigarle la cortesana reverencia prometida, que hubiera saturado, rozando de sarcasmo, el soberano encuentro.

    
   Pero sobre todo lo que significa la chisporroteante irrupción de Belén Esteban en la conmemoración de todo un sesudo periódico y su fulgurante presentación y reconocimiento de tú a tú ante la de facto Primera Magistratura de la Nación es la ascensión, legitimación y entronización de la Telebasura ante las principales instancias sociales. Le voilá el matiz.



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domingo, 11 de diciembre de 2011

Sinde, Bebe, Belén... Glamour


      
     Por supuesto Sinde es al glamour, esa natural distinción que adorna el moverse de los grandes actores, lo que su Presidente a la Poesía: cero en aguacero. Por abracadabrante que pueda parecer a quien busque la verdad de estos Tiempos de la Mugre la dilapiladora González Sinde declaróse en su día pública admiradora de… Belén Esteban, ese epítome de la Telebasura, que es que es la cosa, viniendo nada menos que de boca de una Ministra de Cultura, para toquetearse los gabilondos pero que a fondo.
     Ha coincidido el histérico despilfarro viajero de Sinde,  su rusa Suite de ensueño en los minutos de la basura que le restan en el Poder, con el espectáculo peor que prostibulario de la cantante Bebe al presentar su disco. Por supuesto, la lengua sucia de Bebe es sólo calculada codicia mercantil, aunque muy sintomático punto de los valores en alza, ese glamour inverso que nadie mejor que Belén Esteban o Bebe (tristes sucedáneos patrios del perfume Sangre y Semen que espolvorea urbi et orbe Lady Gaga) representan.
    Pero es que a la postre la ínclita Bebe –que vayan los Polancos preparándole un Ondas pero ya- poco más parece que uno de los desdichados personajes de la película que otorgó celebridad, generosa subvención y suculento pastizal a González Sinde como cinéfila guionista. Esos valores chabacanos, rijosos, regresivos y antisociales, de una vulgaridad aterradora, son los que su bodrio, Mentiras y gordas, a toda plana aventaba. Qué más lógico entonces el que se hubiera llevado Sinde consigo a Belén y a Bebe en su agónico y lujoso declinar. En realidad, si hubiera Justicia en España, habrían de ser ellas tres, cogiditas de la mano, Bebe-Sinde-Belén,  las que,  tras la estelar actuación de Ana Belén, nos dieran este año las uvas de la ira en la televisión. La campanada ya la dieron ellas tres antes.   

miércoles, 8 de diciembre de 2010

En el Sálvame no hablaban de tí

      
      De acuerdo, lector, los del Sálvame no le hicieron ni caso a mi carta de antesdeayer. Me asomé un rato a media tarde a ver si se obraba el milagro y ensalzaban la desprendida acción de ese anónimo salvador de vidas. Si acaso indagaban al menos en los problemas que debía conocer la existencia de quien, intoxicado de fracaso, se dejó caer entre las vías. En vano. Hablaban –es un decir- de un mafiosote prófugo de la Justicia, con aspecto de ciclán prostibulario, al que previamente habían dado estelar cancha a todo lo ancho de la brillante pantalla. Hablaban Uno y Otros –otra vez es un decir, gruñían acaso fuera más ajustado denominar a lo que ellos a través de la garganta repercutían- en formas y maneras tales que causarían espanto y merecerían escarnio por lo deshonrosas e irreproducibles de las mismas, si no nos tuvieran ya a todos envenenados y contagiados de su propia podredumbre.
    
     Me perdonarás, lector, pero deseé entonces que fueran los controladores de las conciencias en putrefacción que dirigen esos tinglados televisivos  quienes debieran verse a punto de ser arrollados de verdad por el tren. A ver si entonces aparecía el honorable Montilla, en trazas de Superhombre, tal como de él decían los carteles que el mes pasado le publicaban y que aquí vimos, y rescatábales a esos vivos entre los hierros a punto de ser seccionados en canal, en canal plus, of course.
    
     Observaba al público presente en el estudio, humildes ancianas en su mayoría, madrugadas muy temprano ese mismo día desde remotos parajes del país para acudir a la Televisión, y como si vinieran a adorar a alguien, dejábanles allí encima, -curiosa redistribución inversa- entre risotadas desencajadas los mejores productos de su terruño. Celebraban también con aparatosas muecas de regocijo, desinhibidas, sí, como escritoras del Cervantes también ellas, la baja estofa de aquel cúmulo de chocarrerías impublicables. Blasonaban además las figuras del abyecto astracán aquel de la muy millonaria audiencia que cada tarde les seguía. Daban ganas de dejarse mecer un poco en ese muladar apestoso que irradiaba la pantalla reluciente. Ah, qué gracia tiene la Princesa del Pueblo, qué envidiable sentido del humor tenían todos. Qué majetes.
    
     Tiene uno que entonces esforzarse en meditar: No. Todas esas personas no hace tanto tiempo eran capaces de interesarse por asuntos mejores y más elevados, existía en ellos un sano instinto de respeto y reverencia hacia contenidos superiores. Por más que del todo no los entendieran les revelaban esas obras superiores sus lagunas –las que todos tenemos- y les exigían un esfuerzo intelectual para aprender y en ese conato mejorarse. No para reducirles  a rústicos y rijosos zoquetes, orgullosos encima de serlo.
    
      Traté de imaginarme entonces –te lo confieso, lector mío, así de osada es mi vanidad inconmensurable- lo que cualquiera de los próceres de la cadena diría si por extraño prodigio cayera en sus ojos y en diagonal leyera la carta mía que aquí dejé antesdeayer a la atención del premiado señor de los Ondas: “bah, otro gilipollas”. No más palabras gastaría.   
  
    

miércoles, 13 de octubre de 2010

Contador y un camarero que era marido de la Princesa del Pueblo


     Admiro muchísimo a Alberto Contador. Su férreo coraje le ha llevado a protagonizar sobre la bicicleta, y contra las más empinadas rampas, extraordinarias proezas sobrehumanas sólo al alcance de los elegidos por los dioses. Brotó el escándalo de su dopaje. Ofreció aquella rueda de prensa. Creí en él a ciegas. Y sin embargo, cuando la otra noche le vi aparecer en La Noria, el más celebrado de los lujosos escaparates de la Mugre, algo dentro de mí me susurró: no, no, no… NO.
    
     A los pocos días, como un medicamento homeopático, el más elevado gesto imaginable, que nadie –que yo sepa- ha ponderado en lo que verdaderamente tiene de irreprochable lección ética a tanto “bienpensante caviar”, a todos esos  líderes de opinión que por la pasta untan en la perola mugrienta pringándose los dedos sin cortarse un pelo, a la misma vez que claman contra “esta podrida sociedad”. Vino de la mano el alto ejemplo de un chiquilicuatre de verdad –como el del anónimo redactor de Onda Cero en la real visita que ya comentamos aquí; habrá que ir pensando, como chamarileros de la Virtud ignorada, en reunir  cosas así, rosas de verdad en medio del desierto, y hacer con ellas un libro,  sólo para que los mandamases de las editoriales lo tiren asqueados y horrorizados al cubo de la basura- : Fran Álvarez, sólo un camarero, nada más, pero nada menos, ha rechazado QUINIENTOS MIL euros que le puso en los morros Antena 3 por contar sus intimidades con la llamada Princesa del Pueblo. Lo hizo público Fran sin cobrar nada en Sálvame de Luxe, también otro de los más aparatosos de los chorreantes mostradores de la Mugre entronizada.
    
     Ni siquiera los jefazos de Antena 3 se han molestado en desmentir la inmoral propuesta, que tanto dice en sí misma del estado de las cosas. Qué parábola, lectores míos, si fuese uno un evangelista verdadero y supiese contarla bien, y abrirle así los ojos primero a mil, que la contarían después a otros diez mil, y que acabarían llevándola  luego éstos a los oídos de un millón: todo un señero medio de comunicación social, plagado de respetabilísimos ejecutivos, atiborrados todos de premios y dignidades,  pugnando oro en mano por envilecer la conciencia de su millonaria audiencia, a través de una muy diabólica tentación, de esas que-no-podrás-rechazar, a un simple camarero. ¡Y va éste y les manda a los insignes mercaderes de la basura y a todo su dinero sucio a la misma playa!   
    
     Piensen, lectores míos, en todo ese pastón tintineando delante de los ojos del chaval. Está por demostrar que Fran Alvarez, un camarero nada más, pero nada menos, haya cobrado algo de Tele 5. En el fondo estamos deseando todos que se demuestre que también él ha arrebañado su parte en la rebatiña del mefítico perol. Nos quedaríamos mucho más tranquilos todos. Y es que el rechazo del golosísimo pastizal por parte de un simple camarero atenta con gravedad máxima contra el supremo mandamiento que todos compartimos en estos tiempos: todo por la pasta. Si me lo ofrecen a mí, vamos, es que le dan por… no otra cosa es lo que espontáneamente expelemos todos al escuchar la noticia, con ese tonillo petulante que da por segura la complicidad del que tienes delante. Necesitamos, como sea, que Fran Álvarez sea un impostor.
    
     Pues bien, Antisistemas del mundo, Liberadísimos sindicalistas, Intelectuales tan anticapitalistas, Chiquilicuatres de Cinco estrellas, supuestos aborrecedores del Sistema todos: Fran Álvarez, he ahí el Hombre. Fran Álvarez, Juan Nadie. Seguidle. ¿O acaso el meollo de su gesto también os desnuda a vosotros?