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lunes, 2 de enero de 2012

Error, inmenso error de Tele 5 en las Uvas


     
    ¿Qué pintaba Jorge Javier, ese horusco molusco, entre la Mamma Pantoja, doliente viuda del Maestro por siempre, y el Niño Paquirrín, tan chiquirriquitín,  convaleciente de desamores Buenos, dándonos las uvas? ¡El único que por derecho hubiera colmado de Densidad y Sentido simbólicos ese hueco único entre ambos –símbolo a la vez ante toda España, claro- sólo podría haber sido… Little Carmona, con algo de San José despistado en la carpintería de sus innúmeros saberes en el aire que le envuelve, tan barnizado en fracasos como esa madre sufriente y ese chiquirritín estelares y tan de vuelta de todo a la vez. ¡Qué mejor estampa que la de ese trío para de su mano y de su brindis atravesar el rito de paso de un año a otro! ¡Sabor a chocolate, sabor a canela… Sabor a mosto, ahora!
     Bueno, y si las exigencias del share y del star system lo hubieran desaconsejado, que todo puede comprenderse,  poner entonces en el puesto de Little Carmona… a Punset, tan mediático, inteligente y dinámico él, con el Viaje al Optimismo que ahora nos vende, como inmejorable sutura al annus horribilis que se nos anuncia. Sí, casi mejor, Punset, al lado de la Mamma y su chiquirriquitín, dándonos las uvas, las uvas de la ira indignada también, por qué no.   

domingo, 4 de diciembre de 2011

Canción de Little C para Isabel P (Poessía dieciocho)




Llegas a mí, niña Isabel,
cruzando de vuelta
la bahía inclemente de los Vientos
y del Tiempo,
avatar de un bloguero coplero
que nada mejor tuviera que hacerle
a la travesura gris de sus días.

Y sin embargo, niña Isabel,
qué dolorosamente real tú eres,
cuánto me queman tus ojos morenos
tan vivos
el blanco compás de tus brazos
que inaugura todo un mundo,
cómo me llama el pesar de tu rostro
tan lindo,
qué podría yo darte 
que a ti te arrancara una risa,
acaso cantarte
cantarte al oido y bajito
el corrido de mis ámbitos
la guajira de mis fracasos
el son de mis bibliotecas tristes
y el sabor a medias de mi canela
que en tu pelo se hará fina
que en tu mano se hace rama
que en tu boca huele a rosas.

Y si así cosecho ese lirio, Isabel,
adentrarme después en la zambra,
en el duende de
de tu cuerpo moruno,
y con dedos violinistas
pasear las lunas desnudas
de tus hombros
el refugio de nieve y fuego
de tus pechos,
y que de la sima de tu vientre
extraigan mis manos pringosas
muy despacio
los quintales de música incendiada
que toda la vida yo llevo
al Destino reclamando,
y que lo que un disoluto bloguero unió
jamás, niña Isabel,
lo separen los cielos.





sábado, 3 de diciembre de 2011

Kiko Rivera, Little Carmona, Isabel Pantoja, yo mismo



     
      Le leí una vez a Torrente (a Gonzalo Torrente Ballester digo, no al exitoso estandarte peliculero del Reinado de la Mugre) que, cuando estaba él metido hasta las trancas en la escritura de una novela, irrumpían en sus sueños, vivitos y coleando, los personajes de la misma, hasta tal punto los tenía él metidos en la cabeza.
     No estaría acaso de más que este bloguero coplero tratara de imitar al gran escritor, a ver si de esta manera al paso de la copia se le pegan a uno las dotes de narrador, tan escasas en el menda lerenda que con justiciero criterio los editores de este mundo cruel postergan al oscuro anonimato.     
    Al lío: verás, lector,  he desbarrado tanto últimamente sobre Kiko Rivera y José Carlos Carmona, he concentrado tanto en ellos mi observación, he llegado así a tomarles tanto aprecio -quizás porque más que triunfos sean fracasos lo que en ellos se almacena- que la otra noche, en el duermevela glorioso que antecede al sueño, como en súbito deslumbramiento muy claro lo ví: ¡debería Little Carmona apadrinar a Kiko Rivera!
     Ser un padre para ese chaval. Me explico: buena parte del desvarío existencial que azota la estrambótica peripecia vital de Kiko Rivera puede deberse al irrellenable hueco que en la vida de un joven supone la ausencia del Padre, más si cabe en el caso de que sea éste el grandioso Paquirri. Se pierde una referencia fundamental y un punto de apoyo y comprensión irremplazables. Se deja de golpe de hacer pie en el proceloso mar de la vida, y muchos escándalos no son más que el penoso intento de gritarle al mundo esa injusticia. 
    
     Pero además, no sé bien por qué, pero me da en la nariz que congeniarían ambos de cine, que también colmaría Kiko una íntima carencia en Little Carmona, el don incomparable del afecto filial, -ignoro si Carmona es papá, mas, como sobre ese peculiar “ámbito”, siendo tantos los que su genio abona, él no blasona, así especulo- tras el que podría transmitirle éste, con el gozo añadido que esto da, el caudal de todos sus conocimientos transoceánicos. Que muchos valores añadido se proporcionarían el uno al otro, vamos.
     Y la guinda que al instante me ofreció de propina el deslumbramiento: ¡es que también a Isabel Pantoja, qué carajo,  a la vuelta de tantos hombres y de tantas experiencias convulsas, en esta hora triste pero madura de su existencia, de fábula le vendría la insobornable sensatez de Little Carmona sobre su persona! Bueno, y a éste, qué vamos a decir, si aún está Isabel, creo, en muy hermosa sazón, capaz de incendiarle a Carmona el cuerpo de loco deseo y de sana lujuria. ¡La de “ámbitos” que podría en el cuerpo de Pantoja todavía Little Carmona indagar, y con todo respeto, horadar! ¡Por potencias carmonas no habría de ser! Muchísimo, en suma,   podrían asimismo darse en toma y daca otra y uno.
    Ah, qué novela, para quien dotes narradoras posea, con estos mimbres podría publicarse. En fin, lector mío,  que con aquestos gozos y sombras que mi algo enfermiza sesera me proyectó entonces, -y que vi yo, no como novelería, sino como real y muy útil propuesta mía para mis personajes favoritos-  en algo más próximo a un Escritor en esos instantes me sentí. 
    

jueves, 1 de diciembre de 2011

Diatriba de Amor de Jéssica Bueno (Así fue)


     
      Y sólo por recrearnos un instante en este rara victoria del Amor sobre la Materia, y porque no sea tan fugaz la apacible brisa con que el alzado de su triunfo nos vigoriza el ánimo, intentemos reconstruir el crucial momento en el que, atrapada entre el vértigo inmediato de la Carne y el hondo campanilleo del Amor, tuvo nuestra romántica heroína, que por Jéssica Bueno atiende, que romper lazos con el bello Feliciano, pues el Amor de Paquirrín con más fuerza la llamaba. Cuenta la leyenda que le sobrevino entonces a Jéssica un rapto de inspiración y que ante un Feliciano atónito –oh, fulminante muerte súbita suya, infeliz Feliciano allí- arrancóse ella a cantarle algo que, de forma incluso para ella misma misteriosa, de muy adentro parecía nacerle:
     
      “Perdona si te hago llorar, perdona si te hago sufrir... (y bien se ve desde el inicio la nobleza que Jéssica alberga, y antes que nada implora a Feli su compasión, conocedora de que la pena que causa el desamor es sólo comparable a la plenitud que el amor otorga) …pero es que no está en mis manos, pero es que no está en mis manos, me he enamorado, me he enamorado … me enamoré (que es Amor llama tan poderosa que aniquila otras partes de nuestra voluntad y parece en volandas arrastrarnos hasta que nos descubrimos prisioneros de sus redes, qué hermoso ese “me enamoré” como en inevitable derrumbe ante el milagro del Amor) …Cómo decirle que te amo (penúltimo balanceo de la heroica decisión, como si la apabullante corporeidad de Feli mantuviera su tentador reclamo para Jessi)  …si él me ha preguntado, le he dicho que no, le he dicho que no (pues, por más que los enamorados parezcan becerros lerdos, conservan un átomo de razón y con lógica Paquirrín ha inquirido, queriendo conocer el terreno que él pisa, mejor dicho, que besa) Soy honesta con él y contigo, a él lo quiero y a ti te he olvidado (no caben medias tintas ya, y el estatuto de la realidad aparece con claridad definido, Paquirrín querido, olvidado Feli, poor Feli)  Si tu quieres seremos amigos, yo te ayudo a olvidar el pasado (pasaje en el que vuelve a mostrarse la bondad intrínseca a Jessi, que ofrece reparación al estupefacto Feli, hasta hace un momento tan omnipotente él) …no te aferres, ya no te aferres, a un imposible, no te hagas ni me hagas más daño (casi podemos ver el más completo desconcierto en el rostro de Feli, incapaz de comprender lo que Jessi le está anunciando) Tú bien sabes que no fue mi culpa, tú te fuiste sin decirme nada, y a pesar que lloré como nunca, yo seguía de ti enamorada, pero te fuiste, y que regresabas no me dijiste, y sin más, nada, ¿por qué? No sé, pero fue así, así fue (y con qué dolida energía muéstrase aquí a las claras la naturaleza desigual de la relación que a ella ataba con Feli, montada alrededor del entero capricho machista de él, tan seguro de sus físicos poderes de seducción que a su antojo y sin explicación la trataba) Me propuse no hablarte ni verte, y hoy que has vuelto, ya ves, sólo hay nada… (espléndido el cómo en dos pinceladas compendia Jessi todo un tratado feminista sobre cómo “rehacerse”, cómo reconstruirse una ante el varón dominador, enarbolando la decidida voluntad, no hablarte, no verte, y ahora, qué creías, soy ya otra persona, entérate bello Feli: sólo hay nada, en fulgurante síntesis) Ya no te amo (definitivo rótulo sancionador de la realidad) Me he enamorado de un ser divino (enamorado, sí, en Amor vinculado con un ser que atesora atributos especiales, superiores a los tuyos, Feli, los propios del espíritu, los de la misma divinidad, porque sabemos también que así parece el Amado a los ojos de su amante, redondo, perfecto, divino) De un buen amor (de una amor atento y solícito, que nos hace a ambos mejores, en magnífica indirecta a ese otro “amor” egoísta, malo por egoísta, que antes ella le reprochó) Que me enseñó a olvidar y a perdonar (merced al cual pudo ella además superar el aguijón atravesado de ese amor desigual, que permite ahora, sobre la cima y la base de ese Amor declarado y explicitado, perdonarse primero uno mismo y ofrecer luego al otro perdón, el mismo perdón con que se abría este apretado vademécum  sobre el verdadero y buen Amor, canción del Buen Amor,  tras la cual se vislumbra que haría Feliciano mutis por el foro, mientras Jessi y Paquirrín, como en las pelis de Chaplin, desaparecerían de espaldas y hacia  el fondo de la pantalla, entrelazadas las manos).