Zetapé, algo perdido ya el hombre, un poco lost in traslation, sintió sobre sí de nuevo la llamada de la selva y pidióse pista en Pekín. Parará-papá, parará-pachín, redoblaron acongojados los timbales del Cirque du Soleil nasciente y nesciente a la vez. Como Mao, egregio poeta también, como el gran Timonel de este poderoso transtlántico que la Trujillo no supo entonces ver, declamó y derramó contra el Viento su estremecido canto:
“Cuando un niño aprende a decir AMIGO o PAZ está empezando a brotar la semilla de nuestra lengua”.
De la lengua de Rajoy también, que aquí sacaba yo, avieso de mí, el otro día enfilando el final de las interminables piernas de la rubia del Sálvame. Lo mejor de la poesía, el secreto de que como música penetre ella en nuestros corazones, hállase, es bien sabido, en la intensa capacidad evocativa de la misma, que dispara como altruista bomba de racimo una imparable cadena de significaciones asociadas que hace de las palabras más aroma profundo que simple vocablo. Al oírle hablar de niños, de amigos, de paz, de semilla, mi malvada y facciosa imaginación volaba en primera instancia a Shangay, con el Miguelín de la Expo. Imaginábame a Zetapé abrazadote a Miguelín, llorándole al oido la dimensión transatlántica de su infortunio desde entonces, agosto de 2010, cuando delante del bebote aseguró Zetapé, para el pasmo de todos, que el futuro de España era del tamaño mismo de Miguelín, que ya se ha visto luego como se la han jugado a la criatura los miguelones de su partido sólo por salvaguardar su personal futuro.
Mas luego, “niños-amigos-paz”, como profundizando por la senda de esa malicia, me llevaba mi memoria hasta Washington y hasta Obama, recalaba en la famosa foto, aquel posado en negro… dejémoslo, ni el peor de los poetas merece escarnio… de no ser porque resulta ser él presidente del gobierno de una nación que un día le pareciera discutida y discutible, y que ahora, que sale a liquidarla en increíbles rebajas precisamente a los chinos, quiere a ellos vendérsela como poderoso transatlántico…en el mismo día del aniversario del hundimiento del Titanic, que tiene la cosa perfiles góticos. Como si los chinos en sus ratos libres no compraran también en Media Markt. “Estad tranquilos”, añadió además el Timonel de las cejas esdrújulas, como si estuviera a punto de caminar sobre las aguas. Es triste sufrir a un presidente español dando esos sonámbulos tumbos.
Cuánto mejor el encadenado del niño-amigo-paz-semilla-lengua, pese a la dulzona cursilería del mismo, que el símil del poderoso transatlántico para la España zetapeica del hoy. Eso no es poesía: ha acuñado Zetapé para pintarnos un dudoso recurso de marketing para engañabobos. Ha ido justamente a elegir él, sacando pecho, encomiándola, de entre todas las imágenes posibles la favorita de los plutócratas, la favorita también de los progresistas del mundo a la hora de denigrar ellos el egoísmo desalmado de Occidente ante los pueblos del mundo. Cuántas lacrimógenas fábulas no nos habrán hecho tragar estos progres-protesta con la idea-fuerza ésta, que ahora su querido Presidente por el jeto les restriega, del capitalismo como un lujoso transatlántico blindado, ciego y sordo a los estertores de quienes se ahogan en las pateras tratando de alcanzarlo. Ahí tenemos a Zetapé, su genio, su figura, precisamente vendiéndonos a los chinos como poderoso transatlántico. Qué cosas nos hacen ver.
Por eso lo mejor que, creo yo, podría hacer Zetapé es ahorrarnos estas postrimerías tan calamitosas y marcharse al cuerno del limbo, y hacerlo, como de sí mismo dijo Felipe González con su alma de nardo machadiano, ligero de equipaje como los hijos del mar.
Y entonces sí, libre ya de toda atadura… abrirse Zetapé un blog de pura poesía, uno más entre los nuestros, donde derramara ingrávido y radiante la esencia de su néctar, esa adánica música que en su alma delicada se agolpa, donde diera rienda suelta a toda la vena que en él palpita y se agita, donde habita una belleza extremada que sólo Él con palabras sabe apresar, donde fuera al cabo mejor de lo que es, que aquí las anónimas hormiguitas blogueras sabríamos hacerle la ola y de verdad hacernos seguidores suyos en legión, antes que el ábrego Viento de la vida a todos nos arroje al más profundo mar del olvido.



