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sábado, 2 de abril de 2011

Shakira por Libia

    
     No sé si Manu Chao, que tanto gustaba al Zetapé revol-progre de la primera legislatura, estará por la labor de ir a animar a la soldadesca en la cosa humanitaria libia. Si fuera por la Causa Lacandona que abanderaba el sub-comandante Marcos (qué habrá sido de Marcos y su pasamontañas, de Osama Bin y sus barbas, del mulá Omar y su moto, de tantas y thanthas buenas gentes que tanto alegraron nuestras mediocres vidas) es seguro que Chao se apuntaba al bombardeo, pero amigo, actuar a cargo de la OTAN en la Odisea del amanecer libio va a ser demasiado compromiso, y me temo que dirále Manu a Zetapé que nones, que arrivederchi, que chao, vamos.
     Al Hombre del Momento, el Cardenal Faisán, le priva, igual que a mí, -horteras de bolera que somos en esencia el Cardenal y el pajarraco que aquí escribe- Eva Amaral, y  casi sin ella somos nada. En ese tránsito de Manu Chao a Eva Amaral, de la transgresión antisistema y un punto gótica a la romántica balada de toda la vida, en el enorme caudal simbólico que el mismo comporta, en ese aggiornamento, se cifra en síntesis la dimensión de la delicuescencia zetapeica. Te digo mi verdad, caro lector mío, al cóctel que se agita en mi confundida sensibilidad le sería incapaz de soportar la amargura cruel de contemplar a Eva Amaral, esa diosa, poniendo cachondos a los apatrulladores hispanos de los cielos libios. Aparta de nos, pues, taimado Cardenal, -la nada que yo soy os lo suplica- tan amargo cáliz.
    
     ¿Entonces? Si  Zetapé es principal hincha del Barsa, el equipo del Régimen hoy, si Piqué oficia de defensa central de la Barcelonidad y mete, como los mismos F-18, unos muy buenos meneos a los rebeldes que por los campos se le cruzan, si la felina Shakira ha al parecer probado en carne propia y como sarna que no pica los susodichos meneos piquianos, si es Ella inmejorable sexy-símbolo planetario del dale que te pego al waka-waka, si todo así tan bien cuadra al general Bien de la Humanidad, ¿quién mejor que la multinacional cantante de la nación que lleva el nombre de Colón para levantar los ánimos de los nostros aviadores en la humanitaria guerra que no acaba?
     Veamos los precedentes históricos –ese paseo en el que realidad y ficción se meten mano mutuamente con verdadera ansia primaveral- en que se basa nuestra justa demanda de la imposición de la Shakira y del artístico escándalo de sus caderas en orden a poner bien altos los ánimos de nuestros humanitarios bombarderos:
     Uno: en el principio fue, por supuesto, el franquismo, origen y fuente única como sabemos de todos los males que nos asolan. Ahí tenemos a la mítica Rosa Morena en blanco y negro echándole las guindas al pavo y poniendo ella solita garañona a toda una brigada paracaidista de homínidos en celo, que es que están que se la comen. Nunca un blanco y negro tuvo tanto color, tanta pasión, tanta ebullición,  no sé si me explico, pero parecen todos los paracas juntos una especie de global King Kong priápico, presto a devorar de lujuria a la sonriente y ardiente rubia, que se arrima y se arrima a esa montaña de testosterona lista para estallar, entre complacida y aterrorizada, en una secuencia delirante que parece una turbadora pesadilla onírica del Fellini más desbarrado.


    
      El intríngulis del asunto ha de estribar en que los mandos entienden que con cosas así –y la Historia en distintas formas en parte lo avalaría, para qué hablar de los recientes casos de masivas violaciones a cargo de soldados de la ONU- se hace más llevadero el rigor de la vida campamental, no digamos si se trata de situaciones de guerra. Aquí, los opositores profesionales al franquismo arrimaron esas aguas turbulentas del deseo a su molino en la medida en que, para ellos, el impagable documento de las guindas del pavo (1974) venía a ilustrar la férrea represión que el Régimen aquél establecía sobre los instintos naturales de la población toda y la sojuzgada condición de objeto sobre todo turbador al que relegaba a la condición femenina.
     Dos: claro que, cuando cinco años más tarde, Ford Coppola ilustró de forma harto elocuente, con su bárbara secuencia de las rubias chicas Playboy en su Apocalipsis Now,  la locura y la desesperación extremas que podían desatar en una peripecia crítica como era la de Vietnam aquellos lúdicos divertimentos incluso en el país democrático por excelencia, a todos se nos heló la inicial sonrisa  condescendiente.

   
    Tres: pero más se nos heló aún, y hasta el pasmo, cuando en 1991, durante la Primera Guerra del Golfo, el gobierno socialista de Felipe González, ese filántropo, que había enviado a centenares de soldaditos de reemplazo a la conflagración, se atrevió a llevarles también a la entonces exitosísima Marta Sánchez para que, con sus canciones y sus insinuantes curvas, elevárales a todos la moral, ya te digo. Fue a bordo de la fragata Numancia y era como para pellizcarse. Otra vez una rubia, enfundada en pantaloncitos y botas de cuero ahora, con generoso bamboleo de ancas y de senos, para poner pero que bien prietas las filas de la ardiente soldadesca. Sólo los capitostes socialistas se atreven a hacer cosas así. Parece, es verdad, que hablamos del Pleistoceno: nuestro Cardenal Faisán ya estaba allí.
    
    Pero lo más abracadabrante del caso, el bucle paroxístico del lance diríamos, es que, si se observa el video, toda la berrea sensual que se esfuerza por levantar  con sus mohínes y contorsiones la Sánchez es en vano: los marineritos, escenográficamente bien separados del escenario, en un simulacro bien blindado, que jamás pudiera desparramar, sentaditos, repeinaditos, apenas si aplauden, apenas se agitan –véase el contraste con el rijo de los paracas del 74- como si con antelación, alguien que, en efecto, conociera de memoria Apocalipsis Now, hubiera ordenado la lobotomización de la marinería al completo, la bromurización al menos, las guindas de bromuro que en la sopa ese día les habían echado a todos aquellos pavos que ni se movían.
     Nótese además la estupefaciente canción que allí brindó Marta, Soldados del amor, en zeroliano hallazgo avant-la-lettre, y con un texto que se ajusta como un guante a la permanente y morrocotuda engañifa con la que los socialistas –entonces en Irak,ahora en Libia, mañana donde pete- encaran su intervención en las guerras, que de su mano son, como de memoria sabemos, vastas operaciones humanitarias: “No debemos tratar de explicar/ lo que se va nunca volverá/ Entre nosotros no hay guerra ahora/ vivimos al ritmo de un mismo tambor/ Yo más fuerte/ tú más fuerte/ fuerte fuerte todos juntos/ Únete a mi ritmo/ el ritmo del amor/ Soldados/ somos soldados del amor/ somos soldados del amor/”.   

      
     Y es basándonos en esta pila de antecedentes por la que vengo a proponer que se imponga a Shakira y a su indicadísimo waka waka (Llegó el momento/ caen las murallas/ Va a comenzar la única justa de las batallas/ No duele el golpe/ No existe el miedo/ Quítate el polvo/ ponte de pie y vuelves al ruedo/ porque esto es África/) para el solaz de las salaces tropas españolas en la Odisea del Amanecer libia. Sí, sería también conveniente al caso, ahora que De la Vega no puede bailar con ella, que la Chacón marcárase con la colombiana unos pasitos al menos, ministra de la Defensa y del Honor de España, como Piqué, que al cabo ella es.   
         
       

sábado, 26 de marzo de 2011

La Odisea del Amanecer según Zetapé

    

     Huy, un poco más y los cerebros obamitas del Pentágono le ponen al bombardeo sobre Libia el poético nombre de Viento del Amanecer, en cumplido homenaje al célebre Discurso del Viento zetapeico que tanto hizo estremecerse –más, mucho más que el maremoto japonés, más, mucho más que las bombas que tiran estos poéticos fanfarrones- al orbe entero. Es fantástico: llegó Obama al Poder y hasta la prensa de la Derechona a toda plana es que se derritió: COMIENZA UNA NUEVA ERA. Un Apocalipsis del Bien se desataba de su mano, si es que no lo mataban antes, que ya andaba entonces la extrema derecha en ello, según nos aseguraban, como anda ahora en liquidar a Rubalcaba, que vendría a ser un Obama paliducho y calvorota, le voilá, la paloma y el faisán. ¿Qué podemos nosotros hacer por Obama? se interrogaba, atrito y contrito, Zetapé.
    
     Tanto subió la imparable Marea del Bien que incluso pajinianas zahoríes nos auguraron nunca vistos prodigios planetarios. Otro pajiniano, sin duda algo menos espiritual, tradujo en carne la beatífica visión: era un turbión de democráticos ORGASMOS lo que ahora nos sobrevendría. Uno al menos de inmediato se cumplió: Ministro de Defensa hubo que, por no quedarse atrás él en nada, arrastrando bien cachazudo jotas y merengues y hasta pringosas mieles tras de sí, aseguró que prefería morir él antes que matar, como rápidamente demostró con hechos en el caso de las florecientes joyerías de su señora esposa y de su no menos próspero hipódromo. Qué menos que hacerle entonces la Tercera persona en rango protocolario del país. Acaso el Rey de España tenga ya en el caletre el nobiliario título que mejor le cuadre al merengoso Señor en su retiro: el Duque Bonito.
    
     Multiplicó luego Obama la guerra heredada de Afganistán y ante él si se cuadró de inmediato Zetapé, triplicando nuestros efectivos allí, los mismos que habían sido antes, según rezaba el panfleto reivindicativo, una de las dos causas del terrible 11-M, aunque, oh prodigio, no tuvo Zetapé otro 11-M sobre él. Bien es verdad que en la guerra afghana descubriríamos luego, sobrecogidos todos, un nuevo milagro: los bombardeos obamitas no causaban nunca daños colaterales, vamos, que no desventraban niñas y ancianas como hacían siempre los de Bush. Contagiado de benéfica taumaturgia, aseguró entonces Zetapé que dudaba mucho él de que las armas por su gobierno vendidas pudiesen matar a alguien, como lo oyes, compay. Nada más natural entonces que el estruendoso silencio de la Ceja Nostra ante la cosa afgana, pues, si muy alto y heroico había bramado ella su NO A LA GUERRA, bien sabido es que guerras, lo que se dice guerras,  hubo sólo UNA en la Historia de la Humanidad.
    
     “Mi ansia infinita de paz…el Poder no me va a cambiar”, blasonaba de sí, con dejes de cantante-protesta malherido, ante el populusque hispaniarum Imperator Zetapé en el instante mismo de subirse al machito. Y dijo en eso gran verdad, pues acaso los tintes orwellianos que ya antes le adornaban los aladares, en todo caso, con los resortes capilares que proporciona de suyo el Poder, hánse sólo acentuado. Frente a la realidad, frente a la verdad, la medida de mi Poder para imponerte mi mentira por tierra, mar y aire. Así: el Ministerio de la Igualdad, la Educación para la Ciudadanía, la Alianza de las Civilizaciones, La ley del Desarrollo Sostenible y demás estupefacientes aidadas. Crisis, queda prohibido decirlo; Guerra ¿nosotros? ¡imposible!: lo nuestro es… intervención humanitaria a base de bombas contra el Genocida… al que no hay mandato para derrocar, porque lo digo yo, porque sí, porque lo dice Sarkozy.
    
     Es que es ésta una guerra, perdón Mr Rubalcaba, una intervención legal, proclaman. Y se quedan tan anchos, tan muelles en su limpia conciencia de insobornables benefactores de la Humanidad. Y como es legal, los acribillados por las bombas lo son legalmente, claro, tanto que casi ni lo son. Es que hay mandato del Consejo de las Naciones Unidas, arguyen, cómo si fuera ésta una vitola de lesa humanidad y de suma justicia que hasta resucitara los cuerpos achicharrados. En uno de esos paralelismos que la Historia, como farsa y como tragedia entremezcladas, se complace en ofrecernos, resúltase que Genocida Gadaffi presidió la Comisión de Derechos Humanos de la muy legal ONU, a la manera en que Josu Ternera, el cerebro de la hecatombe de Vich, presidió idéntica comisión en el Parlamento Vasco, que hay que verlo por escrito y pellizcarse luego para creerlo. No puede descartarse, pues, que, por mor de la Alianza de las Civilizaciones y de las ansias esas de paz, al igual que hizo con don Evo, vaya al cabo la señorita Trini J a acercarle a la vera de la jaima uno de los míticos jamones suyos a Muamar, una vez humanitariamente bombardeado.
     Le preguntaba la otra mañana una gran comunicadora de la radio a un militante del PSOE con cien años ya vividos que en qué consistía para él el ser de izquierdas. Rápido le contestó el centenario, como el que recita un catecismo bien aprendido: “en ser una persona decente y en ponerme al servicio de la Humanidad”. ¡Zape!, pensé entonces yo: la viva estampa de Zetapé, más el Viento y la Odisea del amanecer libio que por doquiera van con él .