Puede que fuera todo un simple error del Twitter y punto. O no. Puede que quizás por eso durante toda la
tarde del lunes, sin aparente motivo, ajeno a lo que se cocía, notara encima de
mi discreto cuerpo padelero una extraña aprensión, como el oscuro achaque de
una edad que aún no tengo. Acaso tampoco tuviera lo del Twitter nada que ver. ¿Qué sabemos en realidad de las causas
últimas por las que nos ocurren las cosas? Es lo cierto que el anónimo bloguero
–cual arpa becqueriana- lleva una existencia tan anodina, polvorienta y del gran
Mundo olvidada, que cualquier brizna de Alta Luz en su vida la vive él como una
Revelación. Puede que sólo se trate entonces de hacerse uno el interesante sacándole punta a la nada. A la nada con ínfulas que je
suis, sí.
Mira, lector, mejor te paso la
bola y la juzgas tú:
En la mañana de este lunes, 11 de marzo, Carmen Chacón tuiteó:
-“9 años de 1 matanza que este país nunca debe olvidar. Pienso en tantas
muertes inocentes, tantas familias destruidas, tantas intentando seguir…”
Pensé, hombre, un bonito mensaje. Estaban, desde luego, el soniquete del
este-país y el de tantas-tantas-tantas, esa voluntad
de estilo como de preuniversitaria
aplicada que tantas reminiscencias zetapeicas levantaba, pero pensé con todo
que era un hermoso mensaje para un día señalado. Así es que, amplificándole la
ola, le respondí:
-“esa matanza nunca se debe olvidar, ¿y la de Hipercor?”.
Ahí quedó la cosa, pues, al final de la mañana cerré el ordenata y,
teniendo que atender a otros asuntos, para el resto del día abandoné ya las
turbulentas aguas del río Twitter.
Recuerdo que entonces me dije, sí, a ti,
anónima hormiguita liberal, va a contestarte Carmen Chacón, lo llevas clarinete. No tendrá ella nada mejor ni
más urgente que hacer, seguro. Y por supuesto, nada podría yo reprocharle a la
ex –ministra.
Más tarde incluso olvidé ambos mensajes, el de Carmen y el mío, por más que ambos giraran precisamente sobre el
imperativo categórico de no olvidar. El twitter es así, nos destruye la
memoria. Sólo esa vaga lasitud en el cuerpo mío toda la tarde del lunes. Hasta
que en la mañana del martes, al abrir el correo electrónico, el corazón me hizo
de pronto un tirabuzón sobre el pecho, como si en vez de Falete fuese yo el que desde
diez metros al agua se lanzase.
A las 15´49 h de ese lunes Twitter tenía a bien informarme: tienes un
nuevo seguidor en Twitter… ¡Carme Chacón
te sigue ahora en Twitter! (Creo que lo ponen siempre así, entre admiraciones,
pero pocas veces como en esta tan justificados los signos del absoluto
asombro). Y seguía además su perfil auténtico, el que ella ha dispuesto:
Diputada per Barcelona. Lectora, viatgera, curiosa… Mare feliç. Catalana,
espanyola, europea. I sobretot, socialista. Esplugues. Barcelona. Siguiendo:
202 Seguidores: 50972.
Puede que fuera todo, ya digo, un simple error sin ninguna
trascendencia, puesto que en ese mismo momento (mañana del martes) comprobé que
ella-ya-NO-me-seguía, por lo que no
sé cuánto pudo durar el efímero lazo que a ambos nos unió, pero, con todo,
compréndeme, lector, casi sufrí un colapso al ver el correo, pues aunque
andamos las hormiguitas anónimas ávidas de que nos pase en la vida ALGO, (algo
bueno, se entiende) aquello era ya del todo demasiado. Además, que yo no soy
seguidor de Carmen Chacón, lo que
más aún aumentaba mi pasmo. ¿Y qué habría ella, o quien le lleve el tuiter,
visto en el muá?
Ah, la hormiguita desplegó las alas de sus penosas ínfulas.
Empezó jubilosa a fantasear… me imaginaba a Carmen Chacón –a quien le lleve el tuiter- leyendo por encima mi
blog… ¡osti, tú! adónde me he metido, quita, quita, ¡Carmen Chacón durante unas horas siguiendo a un liberal! Se ve que
a Carmen Chacón, como a Oscar López en Ponferrada, le cegó la pasión que desborda el mío blog, que
luego caviló y pensó, pero qué estoy haciendo, my God, fuera, fuera.
A lo mejor hubo incluso tiempo suficiente para que pulsara ella abajo
del todo, en las etiquetas del blog, su nombre, y me leyera los bonitos post
que le tengo yo escritos, quién sabe. De ilusiones –si lo sabremos las
hormiguitas- también se vive. Y ésta, a pesar, del mete-y-saca (te sigo/no te
sigo) que Carmen Chacón me aplicó, aún no acababa ahí.
Pues resulta que cuando más tarde, superado el apipón del correo, me
interné de nuevo en las bravas aguas del
Tuiter, comprobé que alrededor de
las diez de la mañana había ella además contestado la pregunta que el día
anterior le había dejado yo flotando. Me tuiteó ella:
-“No debemos olvidar ni el 11-M, ni Hipercor, ni ninguna”.
A lo que yo, en plan periodista total lanzado ya, le repliqué:
-“gracias ¿cómo cree Usted que debe combatirse el terrorismo?”.
Y por el momento, lector, directamente
de Carmen Chacón no he sabido más. La
vida te da sorpresas, sooorpresas te da el Tuiter. Y eso, que me quiten lo tuiteado.