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sábado, 13 de abril de 2013

Bendito Sampedro




    No comparto, claro, -así me va- las ideas que promulgaba José Luis Sampedro, ese mix de wishful thinking  y de rancias proclamas antiliberales, esa colección de requetesobados tópicos filantrópicos, chupaos de enarbolar, que le dan rápido a un Escritor a la vez un cálido cartel de hondísimo humanista y la veneración de las masas lectoras. Te aseguras pasar a la Historia además en el bando de los buenos, de los mansos, de los que sufren, radiante en la imperecedera memoria de los Pueblos. Considero además que esas convicciones, so capa de altruistas y bienintencionadas, resultan en la práctica perniciosas y empobrecedoras para la mayoría.
    
    No fue óbice este “podrido e inhumano Sistema”, que él diría, basado en la explotación, que también él diría, para que por todo lo alto en su seno Sampedro triunfara, y para que obtuviera del mismo notables recompensas y distinciones. Como rosquillas vendíanse sus obras en los pulidos escaparates de las más grandes y capitalistas superficies. Poseyó en vida pues, Sampedro, a pesar de su pasado franquista, las llaves del cielo del éxito terrenal. Lo que yo pueda decir a ningún sitio va, claro, pues no le conocen a uno ni en casa a la hora de manggiare, pero es el caso que leí La sonrisa etrusca y… en fin, mejor será decir nada, que acaba de bien morir el hombre.
      
   A pesar de esa discrepancia mía con Sampedro, reconozco que la manera callada y sencilla con que él y los suyos han “pensado” la forma de llevar y anunciar su muerte, tan lejos de todo exhibicionismo en estos tan neuróticos tiempos, ha sido para mí toda una lección ejemplar. Me ha impresionado esa suma modestia, Gracias por esta lección, señor Sampedro, por ésta sí.





LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

jueves, 22 de diciembre de 2011

La Lotería y los Indignados

    
     Deberían las huestes hibernantes de la Santa Indignación anticapitalista, con Hessel-Sampedro-Santiago Segura-Peces Barba-Punset, -más Antonio Gala calentando en la banda- esa mítica delantera, al frente, si la estricta coherencia y el hondo sentido moral guiara sus actos, ocupar y alborotar de lo lindo esta mañana los salones en que se celebra el Sorteo hasta paralizarlo y detener así uno de los más preclaros símbolos y rituales de la glorificación del Poderoso Caballero. Incluso desde el punto de vista mediático, tan caro a estas idealistas gentes, darían ellos una muy revolucionaria Campanada que por todo el universo aún más extendería el trending topic de la Spanish Revolution. ¡Pocas ocasiones como esta, que mejor unan de una tacada teoría y praxis revolucionarias! ¡Gritarles delante de todas las cámaras a los bombos y a los niños de San Ildefonso su eurovisiva cantata del que-no-que-no-que-no-nos representan-que-no!
    
   
     

     
     DETÉNGANSE AQUÍ QUIENES PRISAS LLEVEN, -aunque desespero, lector, porque a la noche vuelvas conmigo, y a que les digas a tus amigos los tesoros que encontraste en este blog- pues aviso ya que a continuación desgrano pesadísima Teoría mía sobre la Lotería, la CLAVE y la LLAVE de su misterio, que algunos ya conocen y que –oportunista que uno es- no pienso perder la ocasión de en el día de hoy desenrollar, incluso luciendo palmito… y hasta literario estilito, si de ello soy capaz. Valga para el muá como disculpa que el Internet a todos nos está pulverizando la memoria, con lo que es preciso repetir mil veces las cosas para que al menos una quede. Va sin más mi plastísima Teoría:



 
    
    
     Es bien sabido que a la postre resulta la Lotería de Navidad –emblema sumo de todas las loterías- un notable instrumento anti-igualitario, ya que viene a consistir el misterio y la ilusión desmedidos que la misma cada año concita en quitar un poco de dinero a todos para acumular un mucho del vil metal sobre la cabeza de sólo  unos pocos, sin que éstos, por otra parte, hayan hecho mayor cosa para merecerlo. Vendría la lotería a funcionar entonces como curioso mecanismo redistributivo de rentas, salvo que de carácter regresivo, claro, por el que al final del sorteo son los pobres (en su mayoría) un poco más pobres y los ricos (de origen o sobrevenidos de golpe por el soplo de la diosa Fortuna) un mucho más ricos.
     Los modernos Estados del Bienestar, que con tanto afán pregonan buscar la más equitativa y progresiva redistribución de ingresos para los ciudadanos –recordemos el famoso Discurso del Viento zetapeico, montado todo él sobre la aversión a los ricos y la pasión por los pobres… de Somosaguas- deberían, si fueran coherentes no sólo proscribir las loterías, sino perseguirlas, por ser tan contrarias a los fines que dicen buscar.
    
     El fortísimo arraigo emocional que la lotería, al socaire de tanta plática  socialdemócrata, consigo mantiene entre la gente radica a mi juicio en el sencillo paralelismo que guarda con la Vida misma, tan azarosa y contingente, tan expuesta a mil y una circunstancias o avatares, a veces también súbitos y fuera de todo cálculo racional, que complican o facilitan de forma extraordinaria, -y en la lotería el meollo intrínseco es que el mazazo ese puede ser sólo superbenéfico, en principio- la existencia de los hombres. Parecería así que los hombres hubiesen acordado establecer un artificio para imitar con el azar de un sorteo lo que los escritores de los folletones decimonónicos llamarían los vuelcos maravillosos de la existencia para unos pocos.
   
      Se me dirá: al fin y al cabo quien era pobre antes, no mucho más pobre seguirá después, si no atrajo hacia sí el Maná. Sólo que no sabemos exactamente a qué gastos más esenciales desplaza la cuantía destinada a tentar la suerte. Traigamos el asunto a terrenos propios de letraheridos: cuántas veces no decimos cómo tal libro nos cambió la vida (o tal cursillo, o tal pequeña inversión), justo el que ahora no compramos por adquirir el billete de marras… que sólo más billetes nos puede traer, a despecho además de cuanto decimos en principio aborrecer al poderoso caballero.  
     Bien se ve, no obstante, que la promesa que en sí encierra la lotería no es tanto la puramente material como la ilusión condensada al máximo de transformar radicalmente (con una suerte de varita mágica) y de un plumazo el orden pautado de nuestros días (una Revolución estrictamente individualista y hacia arriba) y lanzarnos a una vida que imaginamos más plena… que es justo la que nos proporcionan bien baratitos los mejores…. (iba a poner blogs, fíjate, lector)… los mejores libros, quiero decir. 
     Como toda pulsión extraordinariamente egoísta, (la de ser Uno y nada más que Uno inmensamente Ricos, para darse más tarde el festín inconcebible de ser también inmensamente generoso…con los nuestros, claro, que es impensable el reparto total) una vez formulada y puesta en sociedad necesita, para hacerse tolerable, el ser en alguna medida maquillada. Así, con voz piadosa y acento algo fariseo lanzamos al vuelo esas dulces psicofonías de que “ojalá caiga entre los más necesitados, entre quienes menos tienen, y yo me alegro por ellos y tal y tal”.
          Pero el magnetismo atávico que la Lotería año tras año atesora estriba sobre todo en recrear en nuestro interior la simple suposición, el paladear la dulcísima textura de una sencilla promesa, la de que por qué no habríamos de ser nosotros esta vez –a pesar de las infinitesimales probabilidades de que ello acontezca- los elegidos de los dioses. Es en el fondo un sueño, que está de una forma o de otra, inscrito en la propia naturaleza imaginativa de los hombres que les faculta para ir más allá de su ordinaria vivencia. Es como cuando en la oscuridad de la sala del cine –fábrica de los sueños, se la ha llamado- juraríamos que sólo y nada más que a nosotros la Actriz o el Actor de divina hermosura es a quien está mirando, y que si por casualidad a fondo nos conociera, irremisiblemente de nosotros  acabaría enamorado.

martes, 6 de diciembre de 2011

Más, más premios para Sampedro

     
      No, que no se nos olvide felicitar a José Luis Sampedro por el penúltimo gran Premio obtenido, el Premio Nacional de las Letras, que lleva consigo una propinita anexa de 40.000 pavos. Si el grandioso Hessel, confeso admirador de Zetapé, de oro debe haberse hecho a cuenta de su panfletario “Indignaos”, como rosquillas vendido por ese capitalismo que arde en deseos él de enterrar, a su prologuista hispano no dejan de lloverle las honoríficas distinciones. Como si no acumulara ya –debe ser la famosa “acumulación capitalista” que Marx analizara- sobre si más de tropecientas. Por ser fue Sampedro… incluso ¡senador por dedazo del Rey! Cada vez, en efecto, los escritores pobres son más pobres, y los ricos, más ricos.
     Se ve en esto que la Santa Indignación, so capa de la más formidable requisitoria contra la brutalidad del Sistema, es cosa de gran negocio crematístico y espiritual a la vez para sus mentores. Es formidable: llamas a la rebelión contra el podrido e inhumano Sistema… y te lo devuelve éste en honores y jugosos estipendios. Catalogas al gobierno de “capitalista”, como la peor deyección que contra un gobierno pudieras escupir, le acusas de usufructar un sistema basado en la explotación, y agarra éste y te eleva a los altares editoriales. ¡Las llaves que posee Sampedro son las del cielo del éxito!
     Reza el comunicado oficial de la golosa concesión, además de certificar  en  Sampedro “uno de los más importantes escritores en lengua castellana”, que constituye él “una referencia intelectual y moral de primer orden”. Súmum literario, intelectual y moral, pues, un tres en uno de imposible mejora reunido en la persona de la Segunda Espada de la Indignación, esa rancia colección de soflamas antidemocráticas y antiliberales, que exhortan ahora además a la subversión. Más lo que debe molar que un jurado ministerial vierta sobre tu crisma lindezas como esas. ¿Se dirían tan tremendas cosas de quien con otro sesgo defendiera ideas tan extremas como las que Sampedro sostiene? No, y ahí está, una vez más, nítida, pura y dura, la enésima constatación de la pretendida superioridad ideológica, ética y personal también de los santones izquierdistas. Así que nada, nada, muchas felicidades, señor Sampedro.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Turno de Sampedro

      
     Y Sampedro -su taimado regate por la banda- me despertó. Acabóse mi hare krishna, hare, hare. A la playa ya la mía mística, mi discreto nirvana. Como decía no sé quien, fue maravilloso mientras duró. Hala, a bregar de nuevo con la zetapeica realidad, esa diarrea interminable. Si el Alto Marquesado de la Cultura y de la Intelectualidad sin rebozo se mancha las manos en ella, esta insignificante hormiguita bloguera, orgullo de insecto rebelde, aún a riego de quebrar el cúmulo de incienso en el que últimamente gravita, no ha de quedarse atrás.    
    Contemplábamos en días pasados a Hessel, el Sumo mulláh de la Santa Indignación, en calculado apretón como de alcaldesa belga visitando Olite, rindiéndose de admiración ante Zapatero. ¿Cómo no habría entonces su eximio prologuista, siguiendo su divina enseñanza, de atreverse en paralelo a emularle? Se supone que era la Indignación la más formidable impugnación moral a la Historia y al Universo mundo de que los cielos guardaran memoria. Parecía que hasta el Cosmos quedábase pequeño a la magnitud infinita de su flamígera marejada. “No paréis. Estáis alumbrando una nueva manera de pensar”, apostrofaba Punset, Cuarta Espada de la Spanish Revolution, tan Punset él.
     
      Ahora, a cuento del eviterno Manifiesto de la Ceja zetapeica contra Esperanza Aguirre, ha deslizado Sampedro, uno más entre toda la mirlitona banda, su santo nombre de escritor de best-sellers, como quien no quiere la cosa nostra. Es como si le hiciera así a Zetapé Sampedro cejitas retrospectivas también, malabares rubalcabas acaso ya. Mira que habremos visto recortes y desmanes de impensable crueldad en los zetapeicos tiempos de la basura. Ni uno sólo de ellos mereció honores de cansino y funesto Manifiesto.
     De pretender insurreccionar el Mundo entero, bien es verdad que a partir de un motín en la Puerta del Sol, oh, causal casualidad, sede del gobierno madrileño, a secundar la municipal orden de las burocráticas exigencias de unos capitostes sindicales que buscan desalojar como sea, con la ayuda subvencionada del Alto Marquesado de la Intelectualidad, a la Aguirre. Hay en este salvaje trasvase reduccionista, vertido a la vez y bien destilado un simplificador suero de la verdad, que dejara a las claras, fuera de toda careta burda, la nítida intención de la Indignación: difuminar la responsabilidad zetapeica y calentar motores de barricada contra el Enemigo, a quien ni agua se le concede.
     
     Y ahí tenemos a Sampedro, su apretón otoñal contra la Aguirre, uno más ya y en la alegre compaña de la cejuda alineación que de cansina memoria ya nos sabemos: Almudena Grandes-Juan José Millás-García Montero-Bardem-García Sánchez- Miguel Ríos-Joaquin Sabina… sólo falta Teddy B.
     A este Alto Marquesado de la Cultura y de la Intelectualidad, en vista de que no cesan por jamás ellos en la modorra de su tabarra cotorra, habrá entonces, por no ser menos y a la vez siéndolo en realidad tanto, que alguna lindeza dedicarle, inasequibles al desaliento nosotros también, que de esto último, de desaliento, no creo que sepan más estos elitistas acaparadores de la Cultura y de su óbolo que las rabiosas hormiguitas blogueras.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Hessel en Olite


    
      Dicen quienes de esto saben, para explicar la subitánea pulsión trasera de la alcaldesa belga, lost en el Castillo, no de Kafka, sino de Olite, que es que en realidad le sobrevino a ella un… apretón, término este sin duda fetiche hoy en día, en la medida que, en efecto, nos hace con solo pronunciarlo más comprensibles los actos de nuestros coetáneos. Habría entonces de ser este un Tiempo de Apretones, que ya sólo el nombre de la cosa lo dice todo acerca de la preeminencia de lo meramente fisiológico y de lo más bajo en el desenvolverse de… repitamos una vez más el mantra, sí,  de las generaciones mejor formadas de la Historia.
     Y como las septembrinas uvas, vienen los apretones al río turbio de la actualidad en racimo también. Tras el apretón de la alcaldesa, el de Stéphan Hessel en Madrid. Coincidió Hessel con José Blanco, portavoz del gobierno de la ruina y los recortes, en la Cadena Ser. Pues a la salida de la cita, para pasmo de los cielos airados, declaróse ahora el Sumo mulláh de la Santa Indignación, muy suelto de cuerpo a sus 94, nada menos que… “admirador” de Zapatero.
     ¡Admirador! de Zapatero, sí, hemos oido bien -tócate ahora sí que sí los gabilondos mondos-,  justo además a esta altura de la película, cuando con más gusto humíllase el lider planetario al apretón economicista de frau Merkel. ¡Admirador de Zetapé! ¿No es, lector, la vida en sí asombrosa, fuente perpetua de inagotable estupefacción?
     
     A este deslumbramiento zetapeico ha venido al cabo a dar la más formidable impugnación moral al imperante Sistema del Dinero nunca vista. Hay que ser, creo yo, retorcidamente perverso para atreverse ahora en público a venerar a Zetapé, cuando ni en su casa le pueden ver, siendo precisamente el máximo gurú de la ciudadana Indignación. Es como si a las idealistas masas de la Indignación a su manera Hessel les voceara ahora, pero cambiado del revés, su poético grito revolucionario, ¡Que sí, que sí, que sí nos representa, que sí!, del todo rendido a la zapaterina admiración.
     Venía el mulláh Hessel, confeso votante del PSF, a presentar su nuevo panfleto, “Comprometeos”, ebrio de coherencia y dignidad, como puede verse, tras el escandaloso best seller de su anterior panfleto, el que inspiró a las utópicas masas de la Spanish Revolution. Lo suyo, se ve, son los “panfletos”, expresamente como tales reivindicados por él. ¿Y qué es un panfleto sino el apretón de un fanático? Fanático, sí, y burguesmente calculador también, que sus buenas perras exprimió al asunto, y que acaso deseara ahora repetir y duplicar la millonaria venta de su invento.
     No le importó a Hessel, ahíto de zetapeica epifanía, dejar en ridículo a su prologuista Jose Luis Sampedro, que había dicho entonces –hace tres meses- hasta a las claras del alba que el de Zapatero era, colmo de perversidades sumas, “un gobierno capitalista”.
     
      Los santones izquierdistas es que se las pintan para papelones tan vergonzosos como éste, pues les otorgan sus incondicionales seguidores bula de toda santidad. Y con todo, lector, no es por tirarse uno el folio, (habría que mejor decir tirarse el post) pero ya lo escribió uno aquí, (Zapatero y la Spanish Revolution 4-7-2011, míralo si quieres): la zapaterolatría no es algo completamente ajeno a las majaderas ensoñaciones ambivalentes de la Indignación Primera Asamblea. Es por contra una muy similar melodía la que une ambas canciones: siempre sostuve que si Zp hubiérase retirado a tiempo, ahora las masas indignadas en volandas de su célebre Discurso del Viento lo llevarían al poder. Es Zapatero su difuso líder natural. ¿No sostuvo que de tener él veintipocos estaría con ellos? Lo puse ya entonces allí: los ideólogos de la Spanish Revolution, esos venerables ancianos, venían a ser simbólicamente el célebre abuelo de Zetapé, que vuelve ahora casi por Navidad vicariamente.
     Actúa Hessel ahora como el Flautista de Hamelin, tratando de reconducir a las masas indignadas al fondo de las aguas del río turbulento del PSOE. En realidad, y espero que se me entienda bien, hablando en términos simbólicos, no panfletarios, es como si el mulláh Hessel, con su devoción hacia el Hombre que ejecutó, en contra de sus anteriores juramentos, los más drásticos recortes sociales conocidos en democracia, estuviera haciéndoles a las masas indignadas, a todo aquel cafarnaum de sus bellísimas amazonas, lo mismo que el edecán a su belga alcaldesa en el castillo de Olite cuando entonces.      

jueves, 9 de junio de 2011

Sobeteos, magreos y otros meneos en la Spanish Revolution




      
      
    Vascos y vascas, miembros y miembras, jóvenes y jóvenas, qué extraño no escuchar hasta ahora el soniquete de Indignados… e Indignadas, máxime tratándose nada menos que de toda una Revolución, sensacional happening que ha de hacer realidad de una pura vez y para siempre los más nobles ideales de la ciudadanía. Es posible que algunos Indignados de la base, al comprobar el aura delicuescente en el que púberes canéforas, Indignadas y bellísimas a la vez, suspiran y besuquean al ilustre Cuarto Mosquetero de la Revolución -véase a Don Punset triunfante en la Escandalera de Vetusta- hayan querido a su vez también tocar ellos mismos con las manos su particular trocito del cielo en la tierra.
     Y es que, de entre todos los resplandores cegadores de la maravillosa Utopía, de esa soñadora disposición de hombres y mujeres a ser justos y perfectos, no hay uno más abrasador que el del sueño mítico del Amor Libre, como una simple translación a las costumbres del espontáneo movimiento asambleario. Libre asamblea (es decir barullo creativo/destructivo no sometido a representativa norma) del cuerpo social y libre ensamble (superación del reaccionario concepto de la identidad burguesa) de los cuerpos propios, instrumentos para el placer colectivo de un desatado Eros vivificante y no ya para la severa represión mojigata y pequeñoburguesa. Si era además la coletilla punsetiana el “No paréis”, acaso los Indignados más básicos hayan sentido espoleada su propia llamada a la suprema y esenciasl liberación. Como si, más que al imperativo moral de Kant, y acordes sólo en parte al obamita We Can, obedecieran sobre todo a un libidinoso We Kahn, es decir,  al lascivo imperativo de Kahn, de Strauss Tigre Kahn en el Sofitel de Nueva York,I mean.
     
      Como corresponde a la lógica implacable de los reallitys, de los que la Spanish Revolution mucho, en mi modesta opinión, tiene, tras los colectivos plácemes iniciales por hallarse allí –aquellos festivos cartelitos-, tras encontrarse unos a otros  guapísimos todos y la mar de imaginativos –les parece a ellos el estar cumpliendo un sueño, el de las noches de bohemia y de ilusión- sobreviene luego la regresión a los instintos básicos, o sea, el edredoning sobre la Puerta del Sol Candente.
     Es el hecho cierto que en días pasados la sacrosanta Comisión de Feminismo de los Acampados en Sol ha denunciado en muy tenebrosos términos las situaciones allí vividas: “Las noches aquí en Sol implican TENSIÓN, MIEDO, NO DESCANSAR, TENER QUE LIDIAR –apreciese en su justa medida el arte torero que han de desplegar para salvarse las víctimas frente a los becerros victimarios- con TODO TIPO de situaciones VIOLENTAS y desagradables… Hemos comprobado en NUESTRA PIEL que están existiendo AGRESIONES SEXUALES, SEXISTAS y HOMOFÓBAS –y la gravedad del in crescendo resulta casi insoportable de imaginar-… tocamientos, abusos, vejaciones, contactos sexuales no permitidos, abusos de poder y actitudes paternalistas”.
     
   ¿Cómo pudieron, a partir de los presupuestos más arcangélicos y altruistas,-ah, aquellos lindos cartelitos, “SI NO NOS DEJÁIS REALIZAR NUESTROS SUEÑOS, NO OS DEJAREMOS DORMIR”- producirse situaciones de un género tan aberrante como particularmente odioso, con celoso y sabueso denuedo perseguidas de oficio en similares casos, no en éste, por las Gubernamentales Instancias de la Igualdad Aidiana? Más gravedad aún encerraba lo que después venía: “Estas agresiones no se están visibilizando –es decir, están siendo por la Organización censuradas-, NI HAY CONCIENCIA COMÚN de que solucionarlas es responsabilidad de todas y de todos y una tarea POLÍTICA fundamental. La determinación que hemos tomado ante esto es: NO NOS QUEDAMOS A DORMIR...”.   
     La pública denuncia levantaba así acta de la propia subversión de las mínimas normas éticas de los reallitys: si hasta en éstos intervienen en última instancia la audiencia o los programadores para al menos NOMINAR o directamente EXPULSAR a los eventuales agresores, en la movida portasolera de la Spanish Revolution, son las propias víctimas quienes deben abandonar el gigantesco plató, mientras los propios programadores miran para otro lado y los agresores, lejos de ser arrojados por la Organización, o por la mayoría, a las tinieblas del machismo castrador, campan por su rijo. ¡Soberbio ejemplo revolucionario, vive José Luis Sampedro!
    
     Si al menos don Punset hubiera comparecido al punto para recordarles a todos aquello suyo tan bonito de la Escandalera, su encendido elogio del “intercambio de infecciones y de genes”, “de la nueva manera de pensar” que estaban los Indignados y las Indignadas –doblemente indignadas ahora- alumbrando, hubiera quedado en ese caso todo redondo, hubiéramos entonces respirado tranquilos en estas noches de bohemia y de ilusión, y de la luna llena en la misma Puerta del Sol, como el año que fue, sólo cinco minutos más para la cuenta atrás, que entre gritos y pitos los españolitos, amantes, andantes y lo que sigue y ya  de sobra tú sabes. 

                                                                                                                      

lunes, 30 de mayo de 2011

Punset, el Cuarto Mosquetero de la Spanish Revolution

    
      Sampedro, San Hessel, San Peces, échense a un lado, plis,… pista que va el artista: Eduardo Punset, ese genio inclasificable, abraza también a sus 74 años la causa de los Indignados. “No paréis”, les jalea, conmocionado ante la magnitud de la revolución cultural en marcha. No podrán decir las juventudes de la Indignación que no está seduciendo su formidable lucha anti-capitalista a los más venerables y exitosos ancianos del Sistema. Yo creo que un partido/movimiento que contara con los auspicios de estos veteranísimos mosqueteros, tan best-sellers en sí mismos, arrasaría ahora en las urnas entre el Pueblo. Tienen pues en la mano el cambiar hasta las trancas  este podrido mundo y dar paso al suyo, tan humano y tan guay. Que no se quejen entonces, si no lo hacen.
      
     No sé por qué, pero al conocer el video de Punset en la plaza de la Escandalera de Oviedo inmediatamente me acordé del de la Milá toqueteándole los gabilondos a un paje de la Sexta. ¿Por qué? me interrogué a lo Mou. ¿Rebulle acaso en ambos una similar obscenidad? Debe ser la mala uva bloguera que a esta jodida hormiguita refractaria adorna. Hoy como ayer, desgranar ese video de primera es redescubrir la desvergüenza constitutiva de estos elitistas Prohombres, frutos mimados del Sistema, que disfrutan haciendo como que lo odian, posando siempre de Filántropos sumos mientras ordenan a las hormigas enfrentarse entre sí, que merecerían sin duda ser despojados de todos sus privilegios materiales y obligados, como los pobres de verdad, a escardar cebollinos bajo el sol atroz en una ladera del Tíbet maoísta. Así es que, concédeme una vez más tu favor, lector mío, déjalo todo, toma mi mano y aventurémonos entre el espeso manglar del cinismo punsetiano, que no deja de tener la cosa su cenagosa guasa. Vamos allá:
    
     En el principio fue el autógrafo. Sí porque, desde el mismo umbral de la nueva Era que ahora comienza, se contempla al gran Hombre, satisfechísimo de sí mismo, relajado y contento, firmando bajo el acogedor rumor de los aplausos en lo que parece el libro de visitas de la acampada Indignada. Sólo que ya el autógrafo, la huella punsetiana y el tesoro de su salvaguarda, evidencia que es Punset, como diría Orwell, un poco más Igual que los demás iguales, una Ilustre Personalidad en medio de la libertaria Asamblea. “No sabemos ni cómo agradecérselo”, óyese decir, con la voz velada de reconocimiento, al portamicrófonos de la Asamblea, que le pasa ahora el testigo a Punset.
     “Oye, muchas gracias por mantener viva una esperanza que LLEVAMOS cultivando desde hace mucho tiempo…”, así arranca Punset la faena, en pie, ataviado con chaqueta y camisa sin corbata, por supuesto, sus finas gafitas profesorales, su tono y gestos característicos de violinista húngaro que desparramara las palabras con un dengue de abeja zumbona borracha de miel, como exprimiendo unas invisibles naranjas en el aire, también como un Ronaldo sólo un poco avejentado que acabara de marcar y brindara el delicioso zumo de su sabiduría milenaria al respetable.
     ¡Alto ahí!, porque, a pesar de la sonrisa, como quien no quiere la cosa, ha deslizado Punset el plural mayestático que por supuesto le incluye y que niega la radical novedad de la lucha. ¿Os creíais acaso, juventudes de la Indignación, los pioneros de la Revolución que ha de cambiar de raíz la vida y el mundo? Quiá, LLEVAMOS desde hace MUCHO TIEMPO nosotros con la floricultura ésta de la esperanza. “Oiga, don Punset…” quizás debiera uno de esos libertarios interrumpirle, “…pues no puede decirse que le haya ido precisamente mal con ese cultivo, ¿no? ¿Repasamos cuanto usted tiene, el fenicio éxito de sus libros y programitas en la televisión del Sistema,  el pastizal que se levanta, acaso su humildísima biografía de ex-ministro de la Derecha, economista del satánico FMI, sus estudios superiores en Londres y París, su bachillerato ¡en los años 50! en la High School de Los Ángeles? oiga, su Eminencia, que no es usted un paria, creo”.
    
     Habla luego de las teorías conspirativas que enseña él a sus nietas y arranca ya así unas sonrisas benevolentes, antes de entrar en el quiz de la materia. “Pensad cómo eran las cosas hace dos mil años, ¿no?...”.  Claro, pensad cómo era entonces la vida de los hombres y comparad, pero no va Punset por ahí, no. “Había la Ruta de la Seda, que era… como vosotros, o sea intentaban unir Roma con Oriente, intercambiaban conocimiento, chismorreo, infecciones, genes, y de allí nacía una civilización nueva, una manera nueva de pensar… y en eso estáis vosotros”. ¡Quieto parao, don Punset! O sea que la Spanish Revolution, su esencial aborrecimiento de la libre economía, viene a ser… ¡como la célebre Ruta, abierta sobre todo por la codicia y el ansia de riqueza de aquellos históricos mercaderes que querían a toda costa acrecentar sus ganancias materiales gracias al afán de ostentación de las más acaudaladas familias romanas, deseosas de acicalarse con el preciado tejido! Pos vaya toalla, debiera haber terciado  ahí alguno de aquellos idealistas de la Escandalera.
     “Ahora tenéis la SUERTE de que gracias a Internet y a las redes sociales…”, pero, don Punset, qué sabiduría es esa que cifra el origen del Intenné en el mero azar, ¿nada tiene que ver con la iniciativa individual?, “…oye, yo he venido aquí, COMO CADA AÑO, tengo la SUERTE…” (y de nuevo el azar poniéndose del lado punsetiano, qué afortunado él en la loca tómbola de la vida) “… que me ponen en jurados, y entonces estoy en el jurado de Ciencia del… Príncipe de Asturias, creo que se llama… (ah, qué ensayado mohín de disgusto entonces, qué truquito de farsante mediocre, esa burda red embustera que atrapa las mudas sonrisas cómplices del Directorio de la Indignación, y es precioso el momento, porque irrumpe además en el plano, vestida de rojo, una esplendorosa rubia de muy generosas formas, risueña y ansiosa por inmortalizar digitalmente al Genio, quién fuera él, leches, y estallan los flashes a su alrededor) “… y no puedo revelar el secreto pero os dejo tranquilos, en el sentido de que… creo que hemos elegido bien el Premio…”, y pone ya pie en estribo Punset para la revolera de la despedida.
     “Mil gracias, aah, pensad que hay mucha gente que se acuerda de vosotros, aah (cierra el puño en este punto Punset, adecuando así palabra, gesto y sentido)… aunque os parezca que estáis solos. Gracias”. Estallan ya los aplausos, atruena incluso algún bravo, devuelve él entonces con humildad estatuaria los cumplidos. “Muchas gracias, Eduardo”, le susurra encandilado el maestro de ceremonias de la Asamblea, un poco por debajo del gran sabio. Eduardo guarda la estilográfica en el bolso interior de la chaqueta, se gira hacia el Directorio y por un instante, a sus setenta y cuatro, enfoca con la mirada a la rubia esplendorosa, que a unos metros entusiasmada le ovaciona.
    
     “Creo que debemos un fuerte aplauso… a un esfuerzo brillante”, tercia el speaker y en efecto, sucédese la mansa lluvia de las ovaciones sobre Eduardo que, complacido, baja del estrado y se abre paso, lento y majestuoso entre la masa de los Indignados, que es ahora masa de Enardecidos en torno al sabio, hasta que la marcha triunfal de Eduardo fúndese en plano con la hermosa nuca de una joven morena de pelo recogido en cola que castamente  besa  la sabia mejilla.
     Aún podemos contemplar por un instante más a Punset, señorial y tutorial, firmando más autógrafos, que es que los Indignados se los solicitan sin tregua. Y al final del video, como agitado el Héroe por emociones tantas, don Punset suspira y se desborda… “¡aay! ¡No paréis!, les exhorta con voz desmayada a los penúltimos entusiastas. “Muchas gracias”, óyese decir a uno de ellos, como si la firma del mismo Bob Dylan acabara de conseguir. “Nada, encantao”, remacha Punset, y se va. Y luego, más risas de los Indignados y ese plano final, que recoge, con la atormentada caligrafía del genio, su cultísimo y central imperativo: “No paréis”. Y olé.

Video de la cosa en
http://youtu.be/FYReCuj6ksM
      

miércoles, 25 de mayo de 2011

El legado de los Indignados

    
     Sinteticemos, a nuestro insignificante modo de ver -¿qué podría una simple hormiguita díscola y facciosa ante el rugir de la fabulosa marabunta justiciera salvo suplicar como el Otro un poco de por favor, y recordar que se evalúan aquí, desde el criterio de uno, falible, of course,  unas ideas y unas orientaciones generales, y nunca a las personas participantes en la Indignación entre las que estoy convencido, igual que entre las del PSOE y las del PP hay magníficas personas?-, las trascendentales aportaciones a la Historia del Pensamiento Político Universal que para la Posteridad nos dejaron los más sugestivos portavoces de la Spanish Revolution durante estos días que conmovieron al Mundo… bueno, y también al Washington Post:

     1)“Esperanza Aguirre, hija de P…”: yo creo que hasta a Cromwell le hubiera dado vergüenza escucharlo, se hubiera incluso indignado él mismo de oírlo, ni siquiera un eslogan macarrónico del todo a cien, ni eso, sólo el zafio y machista y ordinario insulto, coreado con algo de tabernario afán vejatorio, que tanto recordaba a aquel otro de la pancarta de los huelguistas del metro madrileño: “Espe, como no me des el 5, por el c te la hinco”, inscritos por lo demás ambos a la perfección en l’air du temps, en la norma de la horma de los reallitys de la Mugre hodiernos.

     2) “Así, Así, Así Vota Madrid”: que no otro fue el futbolero cántico con el que la Indignada muchedumbre durante la jornada de reflexión y a través de las televisiones llamaba al Pueblo español precisamente a no ejercer el derecho al sufragio, sustituyendo el voto en la urna por el bote sobre el firme portasolero, en una como mínimo estrambótica ceremonia, entre festiva y absurda, que al mismo Bakunin hubiera mosqueado. ¿Deberían acaso los yugorines del PP, de poseer algo de chispa sus inspiradores, de haberles en la noche electoral a coro contestado, al modo de los seguidores del Real cuando su equipo gana, con ese mismo ASÍ, ASÍ, ASÍ VOTA MADRID en boomerang? Mejor no, ¿verdad?

     3) “¿La soberanía nacional? ¡La soberanía nacional está aquí!”, alucinado y alucinante reduccionismo de inequívoco talante antidemocrático, enarbolado con toda convicción por uno de los  Portavoces de ese difuso, abstruso y profuso Régimen asambleario, embarullado en infinidad de votaciones, seminarios, reuniones, convenciones, propuestas –algunas perfectamente acorde a lo que uno defiende- de representación tan directa como directamente inanes y manipulables, contradictorias, contrarias precisamente a las normas elementales de los mecanismos democráticos de representación, que al propio Rousseau hubiera dejado patidifuso.

     4) “¿Alguien de Bildu en la acampada? No lo sé, pero sería un honor recibirlos”: cultivadísima perla que dejó caer también en un programa de televisión uno de esos autorizados intérpretes de la Spanish Revolution, de la “Organización” como ellos dicen, que seguramente devolvía así las flores -¿las rosas blancas?- que aquellos prodigaron a los Indignados en no tan asombrosa eventualidad que al mismo Kant hubiera hecho palidecer. Sí, porque, un notorio dirigente de Bildu apuntaló “las similitudes importantes” que guardan ambos movimientos. Dijo asistir él con “expectación e ilusión” a lo de Puerta del Sol, ya que “los rasgos definitorios que vamos conociendo del movimiento de respuesta ciudadana y los propios caracteres que Bildu ha ido dando a conocer a la ciudadanía guardan similitudes importantes”, tal y como recoge Efe.
    
     Siempre podrían alegar en su descargo los Indignados, claro, que con los Tres Tenores del Antisistema como mentores, San Hessel (“Deseo que halléis UN motivo de indignación. Eso no tiene precio”), Sampedro (“El PP se regodeará apretando los tornillos de la explotación”) y San Peces Barba (“Los católicos sólo entienden el palo”), tampoco podíamos pedirle al olmo podrido de su juvenil Indignación las granadas peras, el milagro de la primavera de Enmanuel Kant, por decirte algo. Y no les faltaría en ello, reconozcámoslo, pura y práctica razón, que nos explique así el desbarre de tanta sinrazón básica.  O sea, Sam Peckinpah.

(Por el motivo que sea, que lo ignoro, San Blogger no me permite responder a mis amables comentaristas.¡Ahora, que lo desearía tanto! No para cruzar exabruptos, desde luego, sí para intercambiar, sin acritud, razones, vivencias, argumentos, ejemplos. Para comunicarnos mejor, no para incomunicarnos, más. En cuanto me sea posible lo haré, claro)


miércoles, 18 de mayo de 2011

Peces-Barba-Sampedro-Hessel... esos mulláhs


   
     Claro, qué exigirle al altivo cafre jiennense cuando nada menos que uno de los Siete Padres de la Constitución y Excelentísimo Presidente del Congreso de los Diputados brinda a su provecta edad desde EL PAIS el penosísimo show de desplegar un vendaval de furia cainita, propia sólo un mulláh perito en odios que a todos nos quisiera con su propia insania de paso estrellar. Peces Barba y el milagro de la multiplicación de su odio crepuscular. Si el ceporro de Jaén hablaba de “matar a hostias” a su oponente, Míster Peces, en apariencia un pasito atrás, en realidad, dada la sensatez a la que debería obligarle su privilegiado status, siete pueblos más allá del peor de los fanatismos, asegura que “los católicos sólo entienden el palo”. “Cuanto más se les consiente, peor responden. Sólo entienden el palo” escribe Peces y le exige nuevas y drásticas medidas ad hoc a su pupilo Presidente.
     Creía uno que sólo empleaban esos virulentos y rancios emblemas terminológicos –“entender sólo el palo”, qué imaginería más retrógrada, qué chusco y torcido ex-Rector- los fervorosos e ignaros franquistas de diseño, ya por fortuna periclitados, aunque cosa sabida es que la misma expresión en boca de un sedicente progre por sí misma tórnase al punto en brillante máxima al servicio de los que menos tienen, de los desheredados, de la Humanité etecé, que no hay montañas en todo el universo mundo capaces de amontonar la fenomenal fábrica de la demagogia progre. Amenaza pues el Emérito Ex-Rector a los católicos con el palo talibán de su otoñal ira.
    
     Se trata, claro, de acrecentar la yesca de la Crispación, de prender el reguero inflamable de la discordia, tal como el profeta Gabilondo aconsejara en su día a su entonces Señor Zetapé, porque así conviene al rastrero cálculo electoral, y si en el camino se despeña nuestra nación por la cuneta de los enfrentamientos fraticidas, siempre sabrán posar ellos para la Historia de muy abnegados pacifistas, incapaces de pisar una hormiguita bloguera siquiera.
     Citando expresamente –“seguid su camino” que todo es ahora dar órdenes a la tropa- a los venerables Hessel y Sampedro, fenicios y exitosos mulláhs del Indignaos, como haciéndose un sitito a su lado,  a ver si algo del Triunfo Panfletario a él así se le pega, -le voilá los Tres Tenores del Antisistema- impreca ahora desde el minarete de Prisa el muecín Peces a sus creyentes en iracundos y apocalípticos términos: “¡Despertad, madrileños… no debemos dejar paso a esos sectores casposos, LLENOS de RENCOR y SEDIENTOS DE RIQUEZA…  hemos de acabar con la pesadilla del Dragón que representa la señora Aguirre… que la señora marquesa consorte no siga gobernando Madrid”. No pasarán vamos, y pasma a uno en el Apologista del Palo la referencia capilar al adversario –teniendo tan a mano al torrentino Mr Bono, egregio representante del socialismo hípico, y a las florecientes joyerías de su ex-esposa- junto a términos denigratorios tan inmotivados e hiperbólicos, tan cuajados de bilis, de una maldad tan sin fisura en ellos como los que Hitler y Stalin propalaban acerca de los judíos y de los kulaks. Y es que sostuvo en prisaico artículo Peces hace poco, tan suelto de cuerpo como acostumbra, que “si hubiera que premiar la mayor DEGENERACIÓN, sin duda Esperanza Aguirre obtendría el primer premio”. Ni Strauss Kahn, vamos. Arte degenerado, decían los nazis. Marquesa degenerada, señala Peces. Es, ya digo, el “milagro savonarola” de Mr Peces, a la vejez la sobada viruela de su cólera ultraizquierdista, y la multiplicación de su pan, éste sí que negro y amargo pan crispador.
    
     Ya trató Mr Peces en su día, como Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo –hay que ver la rimbombancia de oficiales puestos que siempre ha copado el muy mullah- de hacerles tragar a éstas el zetapeico ricino de la negociación etarra, conminando con maneras de Comisario desalmado a los deudos de los asesinados a las muchas concesiones que deberían ellos inexcusablemente prestarse a aceptar por mor del Proceso que a Zetapé iba a valer el Nobel de la Paz. Ya apuntó sus panfletarias maneras también Mr Peces cuando en el homenaje gubernamental a Carrillo deslizó su glorioso versículo de “aquí estamos los buenos”.
     Escribe en el artículo de EL PAIS Mr Peces, esa gloria nacional, que “no hicimos los socialistas la Transición… para facilitar el acceso al gobierno a los antiguos franquistas, a los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad”, porque sabido de sobra es también que Democracia, Progreso y  Socialismo única e indiscernible cosa son, de lo que se deduce que es al partido de “Esperanza Aguirre, Mayor Oreja y Camps”, y no a los heroicos luchadores por la Independencia y el Socialismo de Bildu, al que cabría ilegalizar, visto lo casposos-ahítos de rencor y- sedientos de riquezas como diabólicos enemigos que en el milagro de Míster Peces resultan.
    
     “Debemos luchar sin descanso en defensa de nuestra dignidad, para evitar la catástrofe moral que supondría una derrota anunciada y soportada por unos madrileños que habrían dejado de luchar”. Y qué penosa sindéresis, my God, si hasta los blogueros lo hacen mejor. Si después de artículos como éste no le dan a Peces el Mariano de Cavia –que le encanta encima a la Derecha, mientras desprecia a los liberales sin Nombre, galardonar a cuantos progres con talmúdica inquina la zahieren, recuérdese a E Aguirre y su valsecito de la Victoria con Sabina- es que está ya todo perdido para los pobres del mundo. Cómo maneja el palo Peces, que es que se le entiende todo. Es, ya digo, el milagro de P Barba, la geométrica progresión de su airada rabia antepenúltima, la de quien pasaba por eminente democristiano del PSOE, que descubre ahora a los mulláhs,  el discreto encanto de su santa indignación, para que luego un señor de Jaén vaya y remate por toda la escuadra el letal balón de la crispación.     
    

miércoles, 11 de mayo de 2011

Bildu, el Testamento político de Zetapé

    
     Los héroes etarras, por el contrario, a la perfección dominan el imperativo socrático. De sobra se conocen ellos a sí mismos, ni por un segundo dudan de su pura y nítida identidad: Infatigables Luchadores por la Independencia y el Socialismo. Ahí están, diáfanas y relucientes, sus conciencias más limpias y puras que la patena de Setién. En Cuba ayer los sayones de los Castrones, esos otros infatigables luchadores por el Socialismo, liquidaban a golpes a un disidente. Se ve que se oponía el pedazo de animal un poco al Socialismo. Llamazares, factótum rojo, invitaba también ayer a café a cuantos pululaban por las cunetas del Hemiciclo a cuenta de la legalización de los filoetarras. Sí, de maravilla les reconocemos.
     ¿Indignaos dices, Sampedro? Está bien, te compraremos un rato la rancia mercancía  de tu exitoso panfletucho -¿cuántos millones van ya vendidos?-, para que no digas que sólo el rencor de fracasati nos mueve. Si ese etarra tuviera enfrente, como ocurrió durante el milagro de Ermua, a miles de ciudadanos atronándole los oídos con el santo y seña de su verdadera condición, la de ¡ASESINO!, no luciría tan flamenco y sandunguero delante mismo de los servidores a cuyos compañeros contribuyó a despedazar.
    
     Si conocerán de sobra los abnegados etarras, esos humanistas filósofos del socialismo, la índole pusilánime y acomplejada y a menudo colaboracionista de lo que tienen enfrente –“gorrinos” les llaman a los del PSOE en la jerga de sus cartas internas- que ni un pelo se cortan, al minuto mismo siguiente al más aparatoso y público enjuague que les permita financiación, en chotearse en la misma cara de quienes se lo procuraron, y dejar así expuestos al más bochornoso de los ridículos a estos que tantísimo hacen por “comprenderles”.  Les humillan, nos humillan, y silbamos todos tan basagoitis.
     Me ha recordado la simpática foto del etarra aquel glorioso día en que aventó Zetapé –en pleno Proceso- lo bien que con él marchaba lo del terrorismo, y que el próximo año mucho mejor aún nos iría, y en menos de horas veinticuatro, ZAS, la voladura de la T-4, los dos inmigrantes allí asesinados, el canguis escénico del Presidente, que sólo al cabo de varios días fue capaz murmurar, indigno Presidente, sobre cuánto sentía él aquel “accidente”.
    
     Mira que se habrá esforzado el Vicetodo Rubalcaba, a la vez que con muy severos gestos de contrición antibatasuna doblada le metía una vez más al infeliz PP la trola, en apretarles las tuercas a los del Constitucional, dejando por el camino las elementales normas democráticas más que prostituidas, hasta conseguir la sentencia querida por el cesante Zetapé para la legalización del entorno filoetarra. Lo que en el Estatut llevó cuatro años la maña rubalcaba ahora lo ha conseguido en cuatro horas. Cualquier parecido entre Bildu y Batasuna es pura coincidencia, le obligaron con guantanameras presiones a sentenciar al Constitucional, retorciéndole el pescuezo a la vez al sentido común, a los informes policiales y hasta a la propia función del Tribunal. Y todo para que ¡al día siguiente! salga el matarife de turno puño en alto… ¡pidiendo el voto para Bildu!  Ni en las más siniestras pesadillas ocurren barbaridades semejantes, señor Sampedro, ampárenos Vos, déle usted que puede y sabe a la maquinita de hacer panfletos.
     Reconocía el otro día en la COPE una desolada víctima del terrorismo su estupor por no comprender nada: ¿cómo puede ser –decía- que Patxi López, a quien hace poco la banda esa de Idealistas Luchadores por el Socialismo –así deberíamos llamarles siempre- habría planeado matar, muestre tanta comprensión hacia los filoetarras?  Es que esa odiosa paranoia es difícilmente desde la Razón de la gente sencilla  explicable. ¿Cree Basagoiti que por mantener al jefazo socialista en el poder a cambio de nada se librará de ser motejado como la EXTREMA DERECHA y como el traficante electoral máximo de la lucha antiterrorista?
    
     Porque, en efecto, presenta todas las trazas la infame sentencia del Constitucional –Día de la Infamia, habría que señalarla ya y para siempre así esa jornada en el calendario, y con mayor motivo si le añadimos ahora la fotito del etarra bilduino- de conformar una especie de testamento político que Zetapé quisiera dejarnos, la esencia de su leitmotiv, ese todo desatado y bien desatado en la nación discutida y discutible que es el cañamazo básico de su gobernanza, y que con sus faisanescos modos el albacea Rubalcaba le hubiera en ofrenda brindado en la despedida a cambio de una de las llaves del Poder.
     No olvidemos que sólo hace escasos días, después de cuanto ha llovido y para sorpresa y espeluzno de cualquier persona no cegada del todo a la consideración fiel de los hechos, otorgó el Presidente del Gobierno de España público espaldarazo a Txusito Eguiguren, maltratador de féminas según sentencia, legitimando de paso una vez más todos los compadreos y la benevolencia y el buen rollo que siempre el presidente de los socialistas vascos demostró hacia el mundo batasuno y etarra, un continuum de fanatismo y cobardía criminales, en el que aún se ignora que pesa más en el mismo si el uno o la otra. Y es que en realidad estaba entonces Zetapé a sí mismo reafirmándose, renovando el hondo impulso que por encima y por debajo de la peripecia ocasional le mueve, el que le lleva a hablar de los “hombres de Paz”, de la “izquierda abertzale” (mientras el PP es, claro, la extrema derecha) y a la defensa de De Juana Chaos, que es que está el pobre en el Proceso. ¿No es esto para indignarse un poco, señor Sampedro?
    
     Sí, lo estoy, qué pasa. Si fuera uno hábil y tuviera contactos, como el chavalote ese yanqui que a las tres horas de lo de Bin Laden tenía ya preparadas miles de camisetas con la imagen del fiambre terrorista, y que se ha ganado con ellas unos cuantos miles de dólares, confeccionaría uno con la foto del etarra bilduino miles de bonitas postales y las repartiría gratis et amore entre los humildes blogueros del Mundo para que se las enviáramos todos a los domicilios de los altísimos y excelentísimos magistrados del Constitucional que han autentificado, con la legalización bilduitarra, al lado de la del Estatut del Tinell, el testamento político de Zetapé: todo desatado y bien desatado. Al servicio de la Humanidad, eso sí.  
         

lunes, 9 de mayo de 2011

Obama-Zetapé-Osama... Sócrates

    
     Conócete a ti mismo, nos recomendó Sócrates, el filósofo griego, no el capitoste luso ahora intervenido por la cicuta merkeliana, esa amarga miel. Claro, antes de ordenar a la basca a lo loco indignarse, como en el imperativo panfletucho de Hessel y Sampedro se nos exige, aconseja la prudencia elemental la básica indagación sobre la propia esencia. ¿Sobre qué peana levantar la Indignación? Esa sincera y pública autointerrogación, que dejara las cosas muy claras en el momento mismo de arribar al Poder, fue realizada por nuestro impar Presidente, sin el que, de verdad,  no sé que va a ser de nosotros, los blogueros fachas, I mean. Y en tres tajantes asertos como tres inapelables sentencias  cifró entonces Zetapé el meollo último de su cogollo: “El Poder no me va a cambiar”. “No os voy a fallar”. “Soy rojo”.  Es decir, estoy al servicio de la Humanidad. Bravo. La Tierra, el Viento, los Ricos Botines  y los pobres, ya sabemos.
     Arribó luego Obama al Poder Sumo y dijo… yes, we can. ¿O acaso dijo, yes we Kant, y con Kant su célebre imperativo categórico para conducirse en el vasto territorio moral que ante él se presentaba? ¿Can o Kant? Camps, que le diría Rajoy a su amiguita rubia del Sálvame. Los apologetas de Zetapé mucho se esforzaron aquí en trazar las estrechas similitudes que al parecer adornaban sendas biografías de los dos ilustres hombres. Vidas tan paralelas que, en inaudita estampa, a ambos más tarde veríase rezar juntos y fervorosos el Deuteronomio en un sarao de la extrema derecha yanqui. Vino luego la foto de familia, aquel gótico posado, mejor no comentar. En fin, con ambos dos a los mandos de la nave global del Planeta Tierra no faltaron pajinianos augures, ministros hoy, que entrevieron hasta planetarios prodigios. La liquidación de Bin Laden, con aplauso zetapeico incluido, el último.
    
     No es sólo que Zetapé, sin que nadie se lo pidiera, alardeara de “rojo”. Le dio sin parar cuerda al carrete de la memoria histórica. Pactó con los independentistas esquérricos. Publicitó a los hampones de la que él llamaba la “izquierda abertzale”. Promovió el famoso homenaje paragubernamental a Carrillo. Item más: en la famosa entrevista en EL PAIS con Millás –planetario escritor rojo también donde los haya, que se embauló los cien kilos del Premio Planeta… para luego llamar a la lucha armada contra el Capital, que es que hay que indignarse y hasta tocarse los gabilondos hasta el fondo- quedó para la posteridad impreso este muy socrático diálogo:
     -hablando de su hermano, con el que repartía propaganda, creo que tanto él como su padre estaban más a la izquierda que usted.
     -mi hermano era del PC, y muy activo, y mi padre había colaborado con el PC en la clandestinidad.
     Vamos, que, casi hasta sin quererlo había mamado en casa Zetapé, y desde los referentes humanos para él más próximos y fundamentales, los muy pragmáticos ideales comunistas al servicio de la Humanidad.
      
      En 2010 con las cuentas públicas en bancarrota –por la culpa de Aznar, of course- hubo Zetapé de probar antes que el luso Sócrates la dichosa cicuta merkeliana, a la que telefónicamente añadiría también Obama su exigente dosis: congelación de las pensiones, endurecimiento de sus requisitos, rebaja de los sueldos, parados por millones bajo su mandato. Según confesó después, tal era su aflicción, pasaba entonces las noches en blanco. Intentó continuar,  que fuera todo al servicio de la Humanidad, pero los jefazos federales del Partido, que olían su cadáver, no se lo permitieron.
     Incluso ahora, en el tiempo de la basura zetapeica, a cuenta de la liquidación de Bin Laden, no ha perdido Zetapé la ocasión de reforzar su simbólica identificación con Mr Obama. Viéndoles justificar esa liquidación –antes vino, a lo Reagan, la de un hijo de Gadaffi- le recordaban a uno a un par de bailarines de claqué –mucho más suelto uno que otro, la verdad-, aquellos Sammy Davis jr y Dean Martin de hace mil años resbalando sobre las tablas de su propio desquicie. Veamos: puso Bush el pasquín de wanted al más criminal terrorista de la Historia, que no otro era Laden. Y añadió con tétrico gusto tejano: vivo o muerto. Cuando le tuvo Obama al fin en la mirilla –antes Felipe González le daba vueltas aquí a lo que debería o no haber hecho él con los jefes etarras cuando a tiro los tuvo- decidió: muerto.
     Es curioso, porque al acceder Obama al Poder el inagotable repertorio de la propaganda progre susurraba por las esquinas que muy pronto los Eternos Amos del Sistema iban a ordenar el asesinato de Obama. (Un día me llegó mi hijo todo cariacontecido y pesaroso del Instituto, “papá, papá,… es que me han dicho en el patio… que a Obama le van a matar). Dios y la lucha de clases no lo quieran, por supuesto. Lo que si es irrefutable de momento es que en su día estuvieron en un tris de matar a Reagan, a Juan Pablo II, a la Thatcher… a Aznar, aunque  como tantas veces, en nada mengüe esa verdad la perenne huella de la machacona propaganda progre sobre las conciencias.
     Y para más inri se dejó fotografiar Obama en grupo –como un tramposo repartiendo, él un poco al margen, entre todos el Pecado; ah, ese delicado gesto de horror, la mano en la boca de Hillary Clinton, esa femenina sensibilidad- siguiendo desde el Despacho Oval la acción, la misma que luego ordenó ocultar él al mundo entero. “Se ha hecho justicia”, sentenció además Obama así la Operación Jerónimo, con resonancias del Far West. Pero es que también ordenó Obama… ¡lanzar el cadáver de Bin Laden al mar!… ¡lo mismo que hacían los siniestros militares argentinos en sus vuelos de la muerte! Mamma mía, si tal llega a hacer Bush, la que arman los Cejateros del mundo.
    
     Bueno, pues aquí, su rendido admirador Zetapé, el adalid de la Alianza de las Civilizaciones y de la más escrupulosa “legalidad internacional”, esa conciencia malherida ante las semillas de la violencia en el mundo, el mismo que sostiene que hasta los niños chinos dicen paz en español, tuvo arrestos para espetarle en el Parlamento a Llamazares, repito, a Llamazares, el emblema de los comunistas españoles, que el de Bin Laden “es un destino buscado por él mismo”, que él se lo buscó, vamos, que sonaba en sus labios a la inadmisible chulería del acusica de la clase que se esconde tras el más fuerte mientras, nunca mejor dicho, da lanzadas a moro muerto.
     Y es que mucho parecía dolerle a Llamazares la muerte de Bin Laden, pues por mucho que el comunismo considere la religión como el opio del pueblo, -y resulta el fundamentalismo islámico crudísimo veneno mortal-  mucho más opiáceo les resulta siempre el Capitalismo y los EEUU, y el explotar a la vez cuanta causa anti-occidental pulule por el mundo pro domo sua. También que, en increíble carambola,  el FBI obamita había por error en su momento en sus carteles identificado a Bin Laden bajo el rostro del ínclito Llamazares (¡), por lo que acaso sintiera éste en el propio cuerpo a la misma vez que Mr Bin los disparos que a miles de kilómetros acababan con la perra vida del terrorista. Debió quizás reconvenirle al Presidente en que, como se entere el nuevo Obama de que Zetapé en día no tan lejano no se levantó ante la bandera norteamericana, un muy negro futuro en León puede de parte de su endiosado Obama esperarle.
      Así es que al fin, a la vista del claqué zetapeico, no pudo Llamazares –acaso también hablaban entonces a su través los ecos activos y clandestinos de las voces familiares- sino concluir apesadumbradísimo y del todo derrotado el hombre: “Señor Presidente… no le reconozco”. Y de esta forma el imperativo socrático, y los inciertos flujos de la identidad voluble y móbile, y en política ya ni te cuento, sobrevolaron la siestorra de sus augustas señorías. 
    
         

viernes, 29 de abril de 2011

¿"¡Indignaos!"? No, gracias

      
    
    La Progresía está indignada. ¿Qué tendrá la Progresía? No se encuentra. No se halla. Se forran con el Capitalismo pero tienen mala conciencia. Viven como reyes –y hasta como reinonas-, mas anhelan ellos disfrazarse de hombres justos y humildes.  Nos dan órdenes ahora. ¡Indignaos! Tiran de imperativos militares. Nos lanzan a las hormiguitas a las barricadas mientras continúan ellos llevándoselo crudo. 
     Decía Kant en su imperativo categórico: obra de tal modo que la máxima de tu acción pueda servir de ley universal de comportamiento. Imperativos, los progres lo son un rato, que no dejan un instante ellos de decretarnos todo lo que por nuestro bien debemos hacer, ahora, en eso de acompañar a las palabras con los actos, hermano mío, eso ya es harina de otro costal menos categórico. ¿No posee acaso sus bienes, Almodóvar, un poco el Papa de todo ellos, bajo el cielo protector de una SICAV?
    
     Hacen circular los pósters, eso sí: al del Ché, al de Ho-Chi-Minh, al de Marx, al de Gadaffi, al del subcomandante Marcos, al del gran Saramago, añaden ahora uno nuevo para la cole: el de Stéphane Hessel. ¡Indignaos!, nos sermonea colérico ya desde la montaña del título el anciano –un saramago parisién, oh-la-lá- y nuevo gurú. Diríase que la izquierda prueba ahora con  su Jomeini particular. Le bastan a Hessel apenas treinta páginas de airadísimo “panfleto” –desvergonzadamente reivindicada con esa palabra su propaganda, alejada pues ya desde la misma entrada la compleja deliberación en pro de la directa agitación- para “arrasar”,  –así lo jalean las mismas editoriales que por todas partes lo mercadean- en el Top de los Best-Sellers: más de UN MILLÓN Y MEDIO de ejemplares vendidos en Francia en sólo tres meses, mundial y millonario lanzamiento de la “obra”, en fin, planetario acontecimiento que a unos cuantos hará de oro, claro. Arrasa, pues, Hessel, como un Ken Follet más, qué digo Follet, como si fuese él la Lady Gaga de la Izquierda gagá.
     ¡Hombre, para tratarse de un panfleto de severísima denuncia sobre cómo “ahora TODO está dominado por medios de comunicación que proponen a nuestra juventud el horizonte del CONSUMO MASIVO, el desprecio a los débiles y a la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza” no puede decirse que no esté bien explotada la sahumada promoción que de tanto gozo ha colmado los prístinos corazones de las más bellas almas del mundo, sedientas, claro, de justicia.
    
     Y sin embargo, algo chirría en el merchandaising del panfleto. Necesita con urgencia la imagen de Hessel de algún exótico aditamento para el póster, aunque sea el archisobado foulard de un parisino clochard al cuello. Las juventudes progres del mundo no van a lanzarse a las sublevación tras un señor que gasta tan impecable terno. Mejor encajaría en el póster principal su prologuista español, Jose Luis Sampedro, de más sugerentes aires “ayatólicos”. Dice Sampedro en “Público” (chiringuito, junto a la Sexta, propiedad de ese pobre de solemnidad trotskista llamado Roures) que el del PSOE zetapeico “es un gobierno capitalista, y que el PP se regodeará encima apretando los tornillos de la explotación”. Esa sádica presuposición en el competidor sí que es una “fatwa” jomeinista en toda regla, que por sí misma legitimaría la inmediata ilegalización del PP. Claro que, hablando de amnesia generalizada y de justa memoria histórica, mejor será no recordarle al mullah Sampedro ni la guerra civil (ojalá que no fuera algún amigo suyo de entonces el que diera matarile al abuelo de Zetapé) ni sus principales puestos durante el franquismo criminal.
     No hace tanto, por cierto, eran las señoronas franquistas las que bramaban todo el día “¡indignadas!” con el devenir desbocado que tomaban las cosas del mundo. Les gastaban muchas coñas a cuenta de esos arrechuchos apocalípticos los pequeños wyomings patrios, tan felices ellos con la Movida y con el País de la Alegría que iluminaría luego para su exlusivo boato Zetapé. Se ve que el rasgarse las vestiduras por barrios va, vista la inflamada cólera con que los santones progres nos exhortan ahora a la batalla.
    
     ¿Y cuál es para el exitoso panfletito de Hessel la más crucial de las batallas? “La dictadura de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia… Nunca el poder del dinero fue tan inmenso, tan insolente y tan egoísta”. Y aunque pueda uno estar en algún aspecto de acuerdo con los abusos de las grandes corporaciones y de la necesaria lucha ciudadana contra los mismos, y aunque conozca uno de sobra injusticias ante las que plantarse, no debe ese cebo hesseliano hacernos morder el anzuelo de lo que tras él nos quiere Hessel hacer tragar. La Culpa de lo que al mundo le pasa la tiene, para el Panfleto,… Bush, of course, y el Estado de Israel, por supuesto, es decir, acabáramos, el capitalismo criminal.
    
     Entendámonos: se deben criticar los errores y las carencias de las sociedades liberales, es decir, de las sociedades abiertas, las únicas que admiten en su seno la crítica y la reforma (incluso, como se ve, hasta el punto de hacer de oro a quienes aspiran a enterrarlas). Pero hacer residir en ellas, en las únicas que precisamente son democráticas, la principal amenaza a la Paz y a la Democracia mundiales, mientras se ignoran cómo las tiranías más abyectas, los fundamentalismos más fanáticos y el peculiar modelo cuasi-esclavista chino campan a sus anchas por la mayoría del Planeta, sólo puede ser la inconfesada expresión de la profunda aversión que en la sedicente progresía anida y siempre anidará hacia las propias sociedades occidentales y democráticas.
     El panfletito de Hessel rezuma ese secular aborrecimiento de la Progresía a las sociedades basadas en la iniciativa individual, gustosa encima de convertirse en banderín de enganche y boba compañera de viaje de las más implacables organizaciones de la extrema izquierda, como puede verse en los principales apoyos mediáticos que el libelo hasseliano ha encontrado. El propio Hessel aseguraba algo apesadumbrado en un Informe Semanal no muy lejano que “desde la caida del Muro de Berlín se descartó completamente un pensamiento social ambicioso como era el de los países del Este, pernicioso en muchos aspectos, pero ambicioso”. Y en ese último “pero”, que minimiza lo pernicioso para engradecer lo ambicioso (y no deja de resultar insólito que lo que más valore Hessel del pensamiento comunista sea precisamente la enorme medida de la AMBICIÓN que el mismo albergaba, qué poco kantiano de nuevo) no deja de traslucirse la impronunciable nostalgia que en él y en sus seguidores late por el Muro Comunista, hoy ya en el basurero de la Historia y necesitado por tanto de mutarse y de montarse sobre un nuevo soporte, sea el que sea, que haga posible destruir las sociedades que mayores cotas de prosperidad y de libertades de todas las conocidas históricamente han conseguido establecer.    
     La dictadura castrista (los Castrones), por sólo poner un ejemplo, lleva cincuenta y dos años aplastando bajo la miseria los derechos humanos más fundamentales, pero ni un miserable renglón merece a los indignados ojos hesselianos. Hasta tal punto se halla la Izquierda perdida y ayuna de un claro modelo alternativo, que tiene que utilizar todos y cada uno de los remiendos que al paso le van saliendo: ecologismos, animismos, femininismos, indigenismos, animalismos, pansexualismos… todo les vale para su convento anti-liberal. El propio Hessel apunta en unas muy elocuentes lineas de su panfleto este ciego leit-motiv: “Deseo que halléis un motivo de indignación (¡) Eso no tiene precio. Porque cuando algo nos indigna, nos convertimos en militantes, nos sentimos comprometidos y entonces nuestra fuerza es irresistible”.
     Y como en una burlona añagaza del destino resultó que tras el panfleto los finlandeses se indignaron y mira tú en las últimas elecciones lo que salió. Pero incluso esa indignación finlandesa a Hessel, creo yo, en el fondo no le disgusta del todo. A mí, que soy nada, sí.