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jueves, 22 de diciembre de 2011

La Lotería y los Indignados

    
     Deberían las huestes hibernantes de la Santa Indignación anticapitalista, con Hessel-Sampedro-Santiago Segura-Peces Barba-Punset, -más Antonio Gala calentando en la banda- esa mítica delantera, al frente, si la estricta coherencia y el hondo sentido moral guiara sus actos, ocupar y alborotar de lo lindo esta mañana los salones en que se celebra el Sorteo hasta paralizarlo y detener así uno de los más preclaros símbolos y rituales de la glorificación del Poderoso Caballero. Incluso desde el punto de vista mediático, tan caro a estas idealistas gentes, darían ellos una muy revolucionaria Campanada que por todo el universo aún más extendería el trending topic de la Spanish Revolution. ¡Pocas ocasiones como esta, que mejor unan de una tacada teoría y praxis revolucionarias! ¡Gritarles delante de todas las cámaras a los bombos y a los niños de San Ildefonso su eurovisiva cantata del que-no-que-no-que-no-nos representan-que-no!
    
   
     

     
     DETÉNGANSE AQUÍ QUIENES PRISAS LLEVEN, -aunque desespero, lector, porque a la noche vuelvas conmigo, y a que les digas a tus amigos los tesoros que encontraste en este blog- pues aviso ya que a continuación desgrano pesadísima Teoría mía sobre la Lotería, la CLAVE y la LLAVE de su misterio, que algunos ya conocen y que –oportunista que uno es- no pienso perder la ocasión de en el día de hoy desenrollar, incluso luciendo palmito… y hasta literario estilito, si de ello soy capaz. Valga para el muá como disculpa que el Internet a todos nos está pulverizando la memoria, con lo que es preciso repetir mil veces las cosas para que al menos una quede. Va sin más mi plastísima Teoría:



 
    
    
     Es bien sabido que a la postre resulta la Lotería de Navidad –emblema sumo de todas las loterías- un notable instrumento anti-igualitario, ya que viene a consistir el misterio y la ilusión desmedidos que la misma cada año concita en quitar un poco de dinero a todos para acumular un mucho del vil metal sobre la cabeza de sólo  unos pocos, sin que éstos, por otra parte, hayan hecho mayor cosa para merecerlo. Vendría la lotería a funcionar entonces como curioso mecanismo redistributivo de rentas, salvo que de carácter regresivo, claro, por el que al final del sorteo son los pobres (en su mayoría) un poco más pobres y los ricos (de origen o sobrevenidos de golpe por el soplo de la diosa Fortuna) un mucho más ricos.
     Los modernos Estados del Bienestar, que con tanto afán pregonan buscar la más equitativa y progresiva redistribución de ingresos para los ciudadanos –recordemos el famoso Discurso del Viento zetapeico, montado todo él sobre la aversión a los ricos y la pasión por los pobres… de Somosaguas- deberían, si fueran coherentes no sólo proscribir las loterías, sino perseguirlas, por ser tan contrarias a los fines que dicen buscar.
    
     El fortísimo arraigo emocional que la lotería, al socaire de tanta plática  socialdemócrata, consigo mantiene entre la gente radica a mi juicio en el sencillo paralelismo que guarda con la Vida misma, tan azarosa y contingente, tan expuesta a mil y una circunstancias o avatares, a veces también súbitos y fuera de todo cálculo racional, que complican o facilitan de forma extraordinaria, -y en la lotería el meollo intrínseco es que el mazazo ese puede ser sólo superbenéfico, en principio- la existencia de los hombres. Parecería así que los hombres hubiesen acordado establecer un artificio para imitar con el azar de un sorteo lo que los escritores de los folletones decimonónicos llamarían los vuelcos maravillosos de la existencia para unos pocos.
   
      Se me dirá: al fin y al cabo quien era pobre antes, no mucho más pobre seguirá después, si no atrajo hacia sí el Maná. Sólo que no sabemos exactamente a qué gastos más esenciales desplaza la cuantía destinada a tentar la suerte. Traigamos el asunto a terrenos propios de letraheridos: cuántas veces no decimos cómo tal libro nos cambió la vida (o tal cursillo, o tal pequeña inversión), justo el que ahora no compramos por adquirir el billete de marras… que sólo más billetes nos puede traer, a despecho además de cuanto decimos en principio aborrecer al poderoso caballero.  
     Bien se ve, no obstante, que la promesa que en sí encierra la lotería no es tanto la puramente material como la ilusión condensada al máximo de transformar radicalmente (con una suerte de varita mágica) y de un plumazo el orden pautado de nuestros días (una Revolución estrictamente individualista y hacia arriba) y lanzarnos a una vida que imaginamos más plena… que es justo la que nos proporcionan bien baratitos los mejores…. (iba a poner blogs, fíjate, lector)… los mejores libros, quiero decir. 
     Como toda pulsión extraordinariamente egoísta, (la de ser Uno y nada más que Uno inmensamente Ricos, para darse más tarde el festín inconcebible de ser también inmensamente generoso…con los nuestros, claro, que es impensable el reparto total) una vez formulada y puesta en sociedad necesita, para hacerse tolerable, el ser en alguna medida maquillada. Así, con voz piadosa y acento algo fariseo lanzamos al vuelo esas dulces psicofonías de que “ojalá caiga entre los más necesitados, entre quienes menos tienen, y yo me alegro por ellos y tal y tal”.
          Pero el magnetismo atávico que la Lotería año tras año atesora estriba sobre todo en recrear en nuestro interior la simple suposición, el paladear la dulcísima textura de una sencilla promesa, la de que por qué no habríamos de ser nosotros esta vez –a pesar de las infinitesimales probabilidades de que ello acontezca- los elegidos de los dioses. Es en el fondo un sueño, que está de una forma o de otra, inscrito en la propia naturaleza imaginativa de los hombres que les faculta para ir más allá de su ordinaria vivencia. Es como cuando en la oscuridad de la sala del cine –fábrica de los sueños, se la ha llamado- juraríamos que sólo y nada más que a nosotros la Actriz o el Actor de divina hermosura es a quien está mirando, y que si por casualidad a fondo nos conociera, irremisiblemente de nosotros  acabaría enamorado.

miércoles, 20 de julio de 2011

Torrente era senador y, para más inri, socialista


     
      Sí, si, mucho forrarse a base de bien Segura, cardenal también de los Indignados, sirviéndose de una mofa de la más baja estofa de un imaginario policía facha, pero la cruda realidad demuestra que el verdadero Torrente era senador, y que era además –oh, San Pablo Iglesias mío- socialista. ¿Menguará en algo esa terca realidad la leyenda propagandística que acompaña a los aviesos fachas y a los filántropos socialistas? En nada, pues de mantener bien férrea esa ingeniería simbólica en las conciencias ya se ocupa el hegemónico mester de la Progresía –controlan la mayoría de los libros, de las pelis, de las canciones que se hacen- y su delicado encanto bienpensante. Mejor, mucho mejor entonces remirarle los ojos a Ana Oramas, que a este Torrente socialista. Sólo la lírica puede un poco salvarnos, lector, I promise you.   
     
      ¿Sería el ejemplar episodio del senador socialista liándola parda en el burdel parte de la catarata de orgasmos democráticos que Zerolo nos aventara al inicio de la legislatura? Quizás, quizás… quizás. El factótum del socialismo canario, Jerónimo Saavedra, en frase más propia de uno de esos estereotipados fachas que nos ponen en todas las películas y series, agarra, va y afirma que “no se puede reprochar a un político que celebre el fin de carrera de su hijo en un prostíbulo”. Como lo oyes, que es que los progresistas se atreven con todo. Le han hecho dimitir, pues hay comicios a la vista, pero en nada se le ha visto al progresista senador contrito y avergonzado. No finjamos, por otra parte, indignación: el senador Curbelo, -qué ojo el de quien lo eligió para tan alta magistratura- sus exabruptos portuarios, sus modales de matachín tabernario, su tan soez habla, su paranoia conspiranoica, el descontrol antisocial de su conducta, su bárbaro desparrame, esa calaña, en nada nos inmutan. Los pestilentes efluvios del buen Curbelo son la peculiar fragancia de aquestos Tiempos de la Mugre. Es seguro que en La Noria y el Sálvame se rifan ya al sucesor de  NachoPolo-NachoPolo.
     
      Qué fácil sería ahora relacionar el caso Curbelo-los orgasmos de Zerolo-las niñas que quieren ponerse tetas de la Aído-los talleres promasturbatorios de la junta extremeña y los videos porno para niños del tripartito catalán con Saló y los últimos ciento veinte días de Sodoma, todo en un ramillete de hojas putrefactas ahora que el zetapeísmo se desvanece en el fétido viento que le es propio.
     No merece la pena, lector. Recordar, sí, que Bibiana Aído, esa celosísima defensora de la dignidad de las mujeres, debió, nada más pisparse del “asunto Curbelo”, plantarse de oficio con cien miembras de las suyas a la entrada de la sauna de marras y blandir allí ante el energuménico senador unas bien afiladas tijeras a lo Lorena Bobbit. No para cortar ningún miembro, no, no para sancionar, como gritaban hace poco las feministas, lo que sin duda merecía una violación –y la prostitución, la esclavista trata que hay tras ella, en muchos casos lo es-, no, tijeras bibianas allí sólo para amedrentar un poco a la Bestia, a la senatorial Bestia, digamos. Dejarle al menos el número de aquel estelar invento bibiano, el “teléfono para hombres”, el que, como Aído dixit, “les ayude a canalizar su agresividad”. 420.000 euritos costó el telefonito de la esperanza bibiana. Hubiérase así redimido Aído del mal trago social que su “millonario” enchufe en la ONU a todos nos ha dejado. Y es que quizás en Aído retumbe el latido de un misterio más formidable aún que el del gomero senador desquiciado en el burdel.     
      
      Pero a uno -te lo confieso a ti, lector, que pese a todo me sigues, a quién si no- el torrente Curbelo y su caso le trajeron de nuevo a la memoria… a la impar Ana Oramas, la guapa e inteligente diputada, canaria como el buen Curbelo, de cuya adoración zetapeica el otro día hacíamos glosa aquí. Díjole entonces Ana, con indecible melancolía adherida al afortunado acento, al indiscutible Presidente: “usted y yo nos perdimos muchas cosas de las vidas de nuestros hijos…  -y aquí de golpe el tono se le tornó cantarín y ensoñador a Ana- …pero la vida que le viene ahora tiene un montón de momentos, y agárrelos fuertemente, y lo va a disfrutar y se lo merece, se lo merece a nivel humano y a nivel personal…”, y me dije, ostras, qué te apuestas que el tosco Curbelo estaba eso mismo escuchándole a Ana, y que, como delendum zapaterismus est, así y para sí mismo se tradujo él, como rijoso trasunto de burdel, la urgencia de vivir y de exprimir, y al lado del propio vástago, sangre de la propia sangre, claro, antes de que se vaya al garete todo, el esencial néctar de la vida. Y pensé luego, a lo Alberti, se equivocaba el buen Curbelo, se equivocaba. ¿A que sí, Ana?     

viernes, 20 de mayo de 2011

Torrente, a muerte con Los Indignados, te lo juro por el Ché

       
     Anoche, que no se diga que no es uno idealista y utópico, tuve yo también un sueño: los del 15-M acampaban delante de la sede de Bildu y de todas las Herriko Tabernas y de los balcones de los Etarras Cantarines del Jo-Ta-Ké clamando por la democracia y la libertad en el País Vasco, por los asesinados, por los malheridos, por los extorsionados, por todos los que han tenido que largarse, por los que necesitan escolta para sobrevivir allí de rodillas. Cuando desperté, Willy Toledo y Torrente, esos dinosaurios, seguían  en  la Puerta del Sol.
       Ya el que Willy Toledo, el heroico defensor de la tiranía de los Castrones, esa democracia más que real, el que personalmente se pidió escupir sobre el cadáver aún caliente de Orlando Zapata en las mazmorras castristas,  dejárase ver tan campante en la movida de la Puerta del Sol habría por sí mismo debido bastar para pisparse todos de qué va la vaina del Indignaos. Pero que nada menos que el bárbaro creador de Torrente 1-2-3, más el impresionante y aún contante y sonante Torrente 4, aterrizara in person y en loor de multitudes sobre la Plaza de Cataluña para con su galana  presencia refrendar la protesta es ya  para torrentear y no echar gota. Pretendiéndolo o no, al ser con tal entusiasmo acogido, ha contaminado Segura de la propia bazofia constitutiva de su genio la protesta del Pueblo llamada a redimir al mundo. La Spanish Revolution, que dicen por ahí, tócate los gabilondos hondos pero que a fondo. Sólo faltan Paquirrín y Juan José Millás, con su Planeta a cuestas. Que pruebe Alfonso Ussía a asomar el bigote. Periodistas de Telemadrid, de Efe, de Libertad Digital, de Intereconomía, mileuristas traidores ellos, claro, hubieron en cambio de escapar de allí por patas. Se los querían comer, creo.
     
     Nunca dejará uno de maravillarse lo suficiente de la impudicia y del mínimo atisbo de decoro que se gastan los más sonados prohombres de la Progresía. La verdad, manejan a la peña como les sale de los mismísimos: ¿qué se hizo del masivo y ensordecedor idealismo utópico del NO A LA GUERRA, con Libia, Afganistán y hasta el fiambre de Bin Laden en el fondo del mar matarile-rile-rile tan a la vista? ¿Era sincero o fabricado, era abnegado o ultrasectario ese aparentemente incontenible idealismo? ¿Siente uno solo de aquellos chavalotes masivamente acarreados entonces, un atisbo siquiera de mala conciencia? Callan como progres.  Ahora toca transbordo en Sol, y qué Sol más oportunísimo, y qué fue de Marisol, bueno, está para eso ahora la Espe.
        Ahí está, mírale, ese cráneo en verdad privilegiado, todo un forretis disfrazado casi de clochard, santificando -“aquí, con estos chavalotes, je, je, jé,”-  de torrentiana aura la más noble Causa ciudadana. Dice la airada proclama de los 15-M que “no somos mercancía”. Ya. ¿Y qué otro modelo de espectador-consumidor propone Torrente con cada uno de sus groseros divertimentos fílmicos? ¿Qué elevadas regiones del alma espectadora con denuedo creador se esfuerza hasta el desgarro íntimo Segura una y otra vez en cultivar?
    
     Es que es de traca torrentera, vamos. Dicen los del 15-M que están en contra de los banqueros, de los políticos, de este podrido y deshumanizado Sistema, en suma. ¡Pero si es Torrente en su fealdad cósmica la más acabada y privilegiada criatura del mismo! ¡No por otro motivo decoraba su gran película con la efigie de los más significados Triunfadores del Sistema! ¿Repasamos la particular lista de Schlinder del Torrente-4? Es que ni dos meses hace que se estrenaba Torrente 4: un millón de espectadores sólo en el primer fin de semana, 8,2 milloncetes-je-je-jé de euros recaudados sólo en esos días, 668 cines, 910 pantallas, la película más taquillera del cine español, le voilá sólo las últimas cifras –por no hablar de los Goya- en que se mueve Segura. ¿Creen de verdad esos “chavalotes-je-je-jé” que no hay una trouppe de plutócratas banqueros sosteniendo el fenómeno de Torrente, y éste a su vez a ellos, claro, o sólo lo fingen?
     Ahí le tienen, posando de guay; la Mugre entronizada incluso entre las más idealistas manifestaciones ciudadanas. Decía entonces Segura que triunfaba él “porque en España tenemos mucho sentido del humor”, y es que debe ser cosa de mucha risa, claro, el pretendido Apocalipsis de hambre y desesperación que nos quieren vender este tropel de muy estratégicos Indignados. ¿Qué clase de humanista autoconciencia demuestran estos promotores al bendecir así a Segura? ¿Cómo sostener ya la mínima seriedad de sus reivindicaciones que tan alto claman por OTRO MUNDO DIFERENTE? ¿Va a ser acaso Torrente su particular Moisés? No fotis, nen.
    
     Debe ser que con aquella desolada confesión twitera, coincidente con el incesante tintineo metalífero que el estreno aún en sus bolsillos repiqueteaba, -“mi vida personal es una puta mierda”- no ha tenido bastante Segura para enmascarar delante del Pueblo la magnitud de su élite. Hacía falta un gesto personal y presencial, que la fe sin obras no salva en el santoral laico de la Humanité fetén, of course. “Santiago Segura, como uno más, acampado por el movimiento 15-M”, rezan rendiditos y sagaces los titulares del Intenné. Además, listo y hábil como siempre, incluso se ha adelantado por la mano a Sabina, que nos había jurado el de Úbeda por todos los santos progresistas en “Público” pisar pero que mucho y de una jodida vez la calle. Tranqui, Torrente/Segura, ya estás tú salvado. También tú eres “moooy bueno”. Ya puedes ir preparando el Torrente que sigue al Cuatro, y que tus fans vayan ahorrando, y a los demás, jodidos fachas, que por ahí nos vayan dando. Porque OTRO MUNDO no lo sé, pero OTRO TORRENTE es más que posible.  
    

martes, 22 de marzo de 2011

Sucedió en el blog

    
    
     La excrementicia Chanson de Santiago Segura en el twitter nuestro de cada día –la “puta mierda” esa que dice él que es su personal life-, como a Angélica Houston en la delicadísima peli que su padre hizo a propósito de los Dublineses de Joyce, me trajo al primer plano de la memoria otra para mí muy inaudita deposición, a cargo de la gran Escritora, que en su día no tan lejano, dejóme aún más  patidifuso. Siempre del exitoso creador de Torrente –Madame Bovary c´est moi, que dijo Flaubert- puede esperarse algo así. ¡Pero, la pura merde en boca de la gran Escritora! ¿Qué misterio escondería su impensable exabrupto? Ayúdame, lector mío, a desentrañarlo. Es como si bajo el Reinado de la Mugre, lejos de inspirarnos los aspirantes a escritores en el célebre aroma evocativo de las magdalenas proustianas, si lo que queremos es estar al cabo de lo que triunfa, hayamos la infame tropa de los fracasati de respirar la moderna fragancia de las heces que por todas partes los más reputados creadores nos esparcen, que hablan y escriben ellos peor que los carreteros más garrulos.
    
     Entonces, segundo día del año 2010, era uno habitual comentarista del blog de la muy apreciada escritora. Novelista ella de renombre, premio Alfaguara en su haber, habitual colaboradora nada menos que en El País y en el televisivo Qué grande es el cine de Garci, me gustaba a mí mucho su estilo intimista, humilde y perspicaz. Su blog, con todos los respetos, me resultó al poco tiempo muy decepcionante, por escaso, por desmañado, y por consistir sobre todo, para mí, en la repetición de los habituales esquemitas progres, a favor de la corriente prisaica que ese día soplara. Es verdad que el blog global era de la casa, y entonces un poco se entiende todo eso, en fin, que uno no se chupa el dedo, aunque leía yo entre líneas a ver si. Nada. Quizás es que no le pagaban, no sé. Le hizo un post a la Thyssen nombrándola por su cuenta Baronesa del Pueblo, acaso por ver si donaba ella así su colección baratita a mayor gloria del gobierno zetapeico, que aún me retumba en el cerebro.
    
      La ventaja y la maldición del Internet es que su residuo fukushimo queda ahí hasta la eternidad, creo. En aquel blog nos hicimos, como simples comentaristas, amigos cibernéticos un ángel y yo, de quien me precio hoy de seguir contando con su valiosa aportación en esta covacha mía que él encontraría luego para mi más grata sorpresa, bajo un regio nombre que sólo sabrá él si le apetece desvelar. Le poníamos allí los dos casi a diario, como puede aún leerse, mínimos y poéticos reparos a las volubles ventoleras de nuestra admirada escritora, simples hormiguitas nosotros cosquilleándole un poco los tobillos a la blanca estatua de la Diosa, aunque nos hacía ella caso ninguno. Nunca descendió de su Olimpo para siquiera entonar aquello tan manido de ¡hooola fondo Norte!, que al punto le hubiéramos hecho nosotros la ola tan contentos. Se ve que en esto de los blogs hay también clases, y hasta lucha de, y dominan consagrados Autores que, como los Dioses más insensibles, jamás tienen a bien aparecerse ni por  milagro a sus incondicionales, por más que por ellos incluso matarían.
    
     Bueno, sufrido lector mío, llegamos ya a ese 2 de enero, vísperas del celebérrimo Premio Nadal, acaso el de mayor prestigio del orbe literario hispano, también ya en las fauces fukushimas de Planeta. Durante el diciembre anterior nuestra Señora la Autora sólo había colocado dos post, de tema literario y costumbrista. Llevaba más de quince días sin poner nada en su blog, cuando ese dos de enero, vísperas del Nadal, bajo el rotundo título de “La vida continua siendo una mierda” escribió ella: “queridos amigos, odiados enemigos, aunque nunca se sabe bien quienes son unos y otros. La vida. La vida te da sorpresas porque nuestros cerebros son muy complicados. En nuestros cerebros hay mucha mierda camuflada de bien y honradez, de justicia y lealtad, de dignidad y bla, bla, bla. Pero por debajo asoman las manías, los celos, el desprecio arbitrario y un mal rollo que te cagas. Por eso uno de los textos más visto y comentado de este blog es La vida es una mierda, frase que no es mía pero que resume bastante bien, sin palabrería, lo que hay. Amigos, esto es lo que hay. A todos os deseo que tengáis un maravilloso 2010”.
    
     Ostras, al leerlo desapareció la sangre de mi rostro. Jamás respiraba ella filosofías así de fangosas y zurullescas diríamos, más bien lo suyo eran la condena del dinero y del triunfo de los acaparadores y la humilde promoción de la fraternité, de la igualité y de lo otro.  Así es que, en verdad estupefacto, ese mismo día en su blog la nada fracasada que yo era le comentó –se puede aún leer-:  “¡…no, no y no!, en ningún caso la vida es una M, en todo caso la vida es una tómbola, ton, ton tómbola, de luz y de color, oo-ooh, … no doy crédito a lo que leo, ni la Esteban lo mejoraría, en vez de roscón de reyes mejor un roscón de M, como nuestros cerebelos,… cómo empezamos el año, el annus, mejor, claro, que la gente de la escena, fingiendo todo el rato, se desean siempre mucha mierda, ahora que dice la Bardem que a quien diga que es de la Ceja ella lo mata, como la Esteban, ambas por su familia MA-TAN, vaya inicio de globazo… bueno, vale, touché, puta mierda será todo, pero como dijo el Otro, con algo de palabrería, eso sí, mierda enamorada…algo le pasa a distinta Clara, es claro”.
    
     Y sólo cuatro días después de que la vida continuara siendo una torrentiana deyección, en el intermezzo desasosegante de las puñalás traperas que da la vida a costa de la concesión de sus codiciados galardones, que hay que ver cómo entre sí se la clavan los más humanistas creadores en el quítate tú que me pongo yo,  los media trompetearon alto y claro el flamante nombre de… ¡nuestra Autora!, galardonada por los Reyes Magos planetarios con el Premio Nadal, y ya de esta manera a los más altos altares literarios consagrada.
     El día doce de ese enero pringoso puso ella las diez lineas de su siguiente post: que daba las gracias a todos en este momento bonito de su vida, que no ocultaba ella sus estados de ánimo, que leía los comentarios del blog y que… ¡adivinaba! , intuía quién se esconde detrás de un nombre (compi, qué peli se haría ella sobre quién éramos nosotros, si casi éramos tú y yo los únicos fijos comentadores del blog), ah sí, y que el libro premiado, LO QUE ESCONDE TU NOMBRE (nótese el encaje de bolillos de todo este lío), estaría ya en las librerías el día 4 de febrero (¿para qué esa precisión de la salida a Bolsa de lo suyo, qué escondía eso, digo yo ahora?). Bueno, pues con todo y con ese queso,  mi amigo y yo la felicitamos mucho, como aún puede leerse, Aunque, la verdad,  creo que a Ella eso le importó una eme, tan minúscula como nosotros.
    
        

domingo, 20 de marzo de 2011

A la atención de Santiago Segura

    
           Querido Santiago:
     Te escribo estas cuatro líneas con la recta intención, aun no siendo en nada entusiasta de tu torrencial cinematografía, -si he serte sincero debería confesarte ya mismo que me hallarías a mí más bien entre los más aguerridos debeladores de la misma, aunque bien pensado, no sé que le pueda menoscabar la insignificancia total que a mi me adorna a la jocosa abundancia de las multitudes que con tus obras disfrutan- de transmitirte mi ánimo y mi aliento fukushimo en las amargas horas que atraviesas. Todavía anda uno un poco conmocionado con la nueva de la flor negra de tu secreto, no creas. No es plato de buen gusto contemplar a un hombre tan exitoso como tú al mismo tiempo conocedor y revelador de su íntima y acaso decisiva derrota. Pocas cosas hay tan conmovedoras como la confesión desolada de un hombre triste justo al arribar a la cima misma del mundo. No es nada usual ver a todo un hombrón producirse en tan angustiosos términos. El mismo Torrente, por decirte algo, nunca lo haría.
    
     Como cantaba Miguel Bosé, como decía el serial inmemorial, los chicos ricos también lloran. Como señala el tópico más sobeteado que en ti ahora se cumpliera también, incluso entre los más privilegiados por la Fortuna se abre paso la sombra inmisericorde de la amargura. Como si en la vida, esa perra torrentiana y tarantiniana, no pudiera jamás tenerse todo. Que en el mismo momento en que bates todos las plusmarcas históricas de asistencia y de metalífera recaudación con la recientísima obra tuya, una tetratología ya, verdadero torrente inacabable ya en la Historia de nuestro cine, cuyo éxito achacabas precisamente al sentido del humor hispano, que hayas hecho saber justo ahora al mundo a través del suero de la verdad del twitter “la puta mierda” en que consiste tu vida personal, es muy lastimosa estampa, sí  señor, ya lo creo.
      
     De qué sirven éxitos, cifras, renombre, inteligentísimos merchandaisings, pilas y pilones de euros, si nada menos que la vida personal, la esencia última de lo que uno tiene, la verdadera obra que uno con su talento se construye, lo más granado suyo, su dimensión más veraz, la contempla uno nada menos que como una puta mierda. ¿Es una hábil finta tuya para hacerte perdonar tanto triunfo y tanto vil metal, para igualarte así en apariencia a las multitudinarias masas que se dejan los pocos cuartos en ver tu producción torrencial? ¿La exteriorización gratuita de un oscuro sentimiento de culpa? Sí, esos jueguecitos con las palabras a los progres del establishment se les dan de vicio; con cuatro palabritas enfáticas disfrazan como nadie, chupiguais ellos, la élite egoísta de su privilegio. “Hay gente –dices- que se levanta por la mañana y una ola gigante se ha llevado su casa, su curro y a un par de familiares… Mierda. Claro, eso lo pensamos todos, aunque últimamente qué fijación con la pública mención de la cosa excrementicia, remember Trueba, Vigalondo, Gabilondo, Sardá, Milá, Jorge Javier, Jordi G… que habláis los triunfadores peor que los patanes del arroyo, los pobres, que luego claro, qué hombres de provecho va a poder hacer de ellos Telecinco.
     Los peor pensados ven en tu íntima revelación en las redes sociales una fenicia artimaña más por causar revuelo y que no decaiga ni en un dígito siquiera la ola del tsunami triunfante, y un poco radiactivo también la verdad –que son causa de mucha risa entre el Pueblo las torrenciales ventosidades que pueblan tus filmes-  de tu última producción. Son sólo los peor pensados, ya te digo, porque a la inmensa mayoría les caes muy bien.
     
     Yo, que soy nada, creo que ha de ser, si tú me lo permites, una mezcla de todo ello, pero no te veo capaz de echar al fuego del ruedo también la moneda falsa de tu más íntimo malestar. No es del gusto de nadie mostrarse así y cree uno que con esas cosas no ha de jugarse. Como dicen los libros de autoayuda está en nuestra mano mejorar  nuestra condición. Ayuda, tú que puedes, con todo el éxito oficial que arrastras, con una mínima propina del monto que tú mueves a un fracasati  y pronto te sentirás personalmente mucho mejor. Verás, Santiago, tengo yo un tomo de muy románticos y logrados relatos, ignorados del mundo por las editoriales por no tener quien me los apadrine, y sería para mí un honor que tú… y si quieres, por la cosa comercial, les añado unas cuantas mierdas por aquí y por allá… y nada, que ojalá  llegue esta misiva por torrencial providencia a tus ojos y pueda ser esto el principio de una gran amistad, y que sea así lo mío un poco más conocido, y sobre todo, Santiago, que tu vida personal se vea cumplida de muy hondos galardones, que, estoy contigo en eso, “los ciclotímicos, exitosos o fracasatis, somos ansí”.
     Atentamente     José Antonio del Pozo  


martes, 15 de marzo de 2011

Santiago Segura, ese torrente

    
     El landismo es, desde luego, arte y ensayo sueco al lado de la bajísima estofa de Torrente. Estos son mis poderes ha venido a decir por la vía inobjetable de los hechos su inspirado creador, Santiago Segura, una máquina de hacer millones el tío, un lince disfrazado siempre de menesteroso, muy progre eso sí, es decir, muy partidario de un igualitario reparto de los bienes en esta “podrida” sociedad: 1 millón de espectadores en el primer fin de semana, 8,2 millones de recaudación en esos días, 666 cines, 910 pantallas. Lo repican bien alto todos los media: la película más taquillera del cine español. Ahí es nada. Loor y gloria de Santiago Segura, ese torrente que no cesa. Loor y gloria de la sociedad española también, por supuesto, de sus élites pensantes, de sus instituciones, formadoras de las “generaciones mejor preparadas de la Historia de España” como machaquea el recurrente eslógan.
    
     Enésima constatación del Reinado de la Mugre, sobre la seda lujosa del 3-D of course. Las cifras de Torrente: el polígrafo de la Verdad, DNI  y ADN, la exacta  radiografía inesquivable de la sociedad española, espejo en el que se miran y que les refleja, ese millón de amigos que tiene Torrente, que se aprestan el primer finde a solazarse con sus regueldos. Por supuesto, no muy distinta a la Mugre Transnacional propia de las sociedades hiperconsumistas y maleducadas: Sangre y Semen, l´air du temps, decíamos ayer de Lady Gaga, y Sangre y Semen, no otra es la bien segura apuesta de Santiago Segura, en su cuarta deposición millonaria. Mugre entronizada, claro, como revela la alegre participación de los más populares líderes sociales en la Cosa, que le transfieren así su misma naturaleza triunfadora y canónica, fundiéndose ahí el hambre y las ganas de comer, toda la élite triunfante bajo ese fetiche y el perfume ganador de las heces bendecidas.
    
     Dice Segura que es que triunfa él “porque en España tenemos mucho sentido del humor”, idéntica clave pret-a-porter que siempre nos restriegan por los morros el de La Noria y el del Sálvame, como un mantra aprendido para la ocasión. Qué graciosos son ellos. ¿Sólo humor? Segura, puesto ya, da un paso más: “es la oportunidad de reirse de gente machista, mezquina y racista…” claro, claro, que lo de Torrente es sobre todo denuncia social comprometida, niquelada en ese sentido al servicio del Dogma Progre, que pasa por animalizar lo “facha” a la vez que se atiborra uno de vil metal limpiándole los bolsos a una audiencia barbárica, complacida encima en su propia molicie y burricie, hay que ver qué gracia tiene Segura.
    
     Y al cabo su pretencioso corolario de Autor, qué valor, “… te ríes de todo eso y es algo catártico”. Nada, hombre, que sales de Torrente  purificado de todas las bajas pasiones, engrandecido en el fondo del alma y en estado de gracia humanista hacia el mundo y sus semejantes. Debe ser que la Poética de Aristóteles encarnó en la mente de Santiago Segura, lírica y elevada como pocas, generadora inmisericorde de una belleza… torrencial, claro, por más que uno le vea como el exitoso seguidor del más ramplón cinismo tan propio de estos tiempos. Nada, señor Segura, siga usted haciéndose más rico aún, siga usted tan progresista, ánimo, a por el quinto, que no hay quinto malo, que es lo suyo un inagotable torrente de poesía.